viernes, 3 de julio de 2009

Traslado a la plataforma Voces Cubanas

Este blog, el contenido de su archivo y los comentarios hechos por los lectores, han pasado a estar ubicados en la plataforma blogger Voces Cubanas. Aún así, se mantendrá en esta url los textos hasta el día de hoy, aunque las actualizaciones sólo estarán disponibles en la siguiente dirección web: http://www.vocescubanas.com/anclainsular

miércoles, 17 de junio de 2009

Mozart paseó por La Habana. Por Pablo Méndez.

Cayó el telón del gran teatro de la Habana, tras reponerse la Flauta Mágica de Wolfang Amadeus Mozart en un recuadro de celebraciones por la Jornada de la cultura alemana en nuestro país. La puesta en escena fue moldeada en versión tropical por el teutón Andreas Baesler, mientras la batuta orquestal la esgrimió el suizo Samuel Bächli.
Esta opera en dos actos y diez cuadros del siglo XVIII, que aún se encontraba en cartelera cuando el ataúd de Mozart traspasó el pórtico del cementerio de Viena, es la más sublimada de las escritas por el genio austriaco, cuyo tema resulta incierto para muchos, ya que algunos la relacionan con ritos masónicos por la afiliación del autor, y en cuya trama se esculpe simbólicamente el antagonismo del bien contra el mal, representados por la luz y la noche, mientras la manufactura musical resalta las arias de la Reina de la Noche que imprimen con sus coloraturas el sello distintivo de la obra.
Miremos a grosso modo la exposición del respetable director. El príncipe Tamino es acosado por drogadictos; jineteras y carteristas trasmutados en una descomunal serpiente, al tiempo que es salvado por tres damas enviadas por la reina de la noche, marcadas con la estampilla de agentes de la CIA.
Casualmente conoce a Papageno -en la versión original, un pajarero desconocedor de lo que existe más allá de las fronteras de su país, y que subsiste mediante la cacería de pájaros para luego trocarlos con la reina astriflamante-, pero en la adaptación de marras el personaje representa a un buscavidas que se desenvuelve caminando por el malecón, y le ensartan la boca con un candado para silenciarle intempestivamente.
Aparece la reina de la noche -anti heroína de la puesta- caracterizada como la estatua de la libertad y elevada sobre el pedestal de liberty Island, del que desciende para desplazarse sobre las aguas de la bahía de Nueva York, y ordena a los antedichos personajes rescatar a su hija apresada por Sarastro -encarnación del héroe- que irrumpe vistiendo uniforme militar color rojo y preside el conclave abalado por su sabiduría y bondad.
Se desarrolla el conflicto, brotan antagonistas como Monostatos, que es un esbirro al servicio del líder pero termina traicionándole; reaparece la reina luciendo vaqueros y sombrero tejano; Papageno se liga con Papagena y son transportados en un estante a modo de taxi almendrón, los geniecillos hacen mutis con uniformes escolares de pioneros, y reaparecen como diablillos, o mataperros, etc.
Desde mi luneta de espectador, la idea del señor Andreas no germinó, amén, que la puesta fue textualizada en español y sus intenciones a todas luces fueron demostrativas, brotó el cubaneo, la chabacanería contemporánea y las pinceladas de sexo que ya no puede desprenderse de nuestras puestas; pero al parecer, no tuvo en cuenta que la música de Mozart era el plato fuerte de la obra y desafortunadamente dislocó los detalles de su trama a la simplicidad, por tanto, después de evaluar esta experiencia -en mi caso personal- prefiero el contexto original del siglo XVIII.
En cuanto a la música, la orquesta descorrió con su trabajo la buena conducción de un director foráneo, su coral estuvo formidable -pero lo más importante- es la inclusión de nuevos valores de la Escuela de canto lírico, que nos deleitaron con timbres interesantes al estilo mozartiano, además del buen desempeño histriónico que tacharon durante la jornada el cliché lastrado por esa manifestación teatral a lo largo de su historia, donde algunos protagonistas pesan más de cien kilos o tienen edades no recomendables para encarnar algunos personajes.
Volviendo sobre los pasos sugiero mucho ojo con estos chicos, sí le atribuimos la debida atención nos podrán sorprender con la resurrección de una plaza que impuso sus respetos desde la época republicana.
Ojalá Mozart vuelva a caminar por nuestro Prado y la energética pueril de su música resuene en el escenario del Gran teatro de La Habana.

Como Cuba, tal vez Korea. Por Miguel Iturria Savón.

El miércoles pasado leí en El Nuevo Herald una nota sobre la cadena humana que atravesó casi toda la ciudad de Teherán en apoyo al líder opositor Mir Hossein Mousavi, principal contrincante de Mahmud Ahmadinejad, Presidente de Irán y patrocinador del terrorismo en el Medio Oriente, donde apoya a Hezbolá, Hamas y otras agrupaciones fundamentalistas que promueven la cultura de la muerte y el choque de civilizaciones.
Dos días después la televisión cubana puso imágenes de las elecciones en Irán, exaltó a Ahmadinejad y despotricó contra Mousavi, quien exige un enfoque más flexible del gobierno iraní en las relaciones con Occidente, Israel y los Estados Unidos.
Es agradable saber que en Irán, a pesar de los extremistas musulmanes, existen manifestaciones previas a las elecciones y que los principales candidatos intercambian insultos. El régimen de los ayatolas está emparentado desde hace tres décadas con el gobierno de los hermanos Castro, quienes lo pusieron en contacto con Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Uruguay a fin de forjar una alianza contra los Estados Unidos.
Al pensar en la dinámica interna de Irán, aliado también de Corea del Norte, socio natural del castrismo, vale pensar que el viejo imperio de los persas supera a la dictadura insular no solo en el petróleo, la industria automotriz y la tecnología nuclear, sino también en cierta cuota de libertad, dada la existencia de propiedades no estatales y el forcejeo entre partidos y tendencias contrapuestas.
En Irán predominan los clérigos que temen a la democracia occidental y sueñan con un sultanato universal, pero hay bastiones liberales que luchan por modernizar el país. El Presidente Ahmadinejad exporta el fanatismo y la violencia, más no masacra a sus oponentes internos. Los iraníes no dependen del gobierno ni este sobrevive de la ayuda exterior, como el régimen cubano, que vivió a costa de la antigua Unión Soviética durante treinta años y ahora flota con las subvenciones de Venezuela, al cual le presta servicios de asesoría.
El totalitarismo cubano tiene más coincidencias con el régimen Norcoreano que con Irán. Ambos comparten la ideología comunista, el nacionalismo a ultranza y la retórica agresiva contra enemigos reales o imaginarios. Pyongyang y La Habana cortaron las libertades de sus ciudadanos y castraron las fuerzas productivas de la nación.
Pero como Cuba tal vez Korea del Norte. Cuba era una de las principales economías de la región hace medio siglo y ahora está en la cola inversa. Korea del Norte, entonces como ahora, vivía en la penuria, más produce cohetes nucleares.
Los ayatolas de Cuba no toleran elecciones, pancartas ni caminatas públicas; cualquier opinión es un desafío. ¿Será nuestro líder tan revolucionario como Ahmadinejad y Kim Jung IL?

lunes, 15 de junio de 2009

El general. Pablo Méndez.

Los BMW ahuyentaban los vehículos como depredadores, y el general observó como la ringlera de mansiones que bordean la quinta avenida trotaban en sentido contrario.
Los escoltas agitaban brazos para hacer indetenible el tráfico, entretanto, las maquinas germanas devoraban en un santiamén los trechos de ruta adecuando la armadura de su blindaje sobre un acolchonado de aire—Lastima que no son rusos—comentó el general a su chofer, haciendo estallar un mar de carcajadas que fueron estranguladas cuando un subterráneo traspuesto al río les tragó de bocado, pero de golpe, la caravana se transformó en erizos con púas de fusiles AK.
Un estallido de resplandores desnudó la salida del corredor, y el general determinó ser el momento idóneo para echar un vistazo a los documentos del día, mientras los coches invadieron la calle Calzada, al tiempo que sus neumáticos comprimieron un derrame albañal que asaltó con una chorreada de excrementos a un transeúnte.
…— ¡No quiero otro Yeltsin pediatra, ni reproducciones de Forrest Gump!—…pensó el general tras el vistazo al compactado de páginas donde recomendaban más cambios en la decoración del gabinete, y alzó la vista para retrotraerse nuevamente con aquellas batallas guerrilleras que adornaron sus charreteras con más estrellas que los generales mambises, descorrió arrugas para mostrar una sonrisa, y no advirtió la proximidad de una multitud estirando filas para comprar huevos.
Los automóviles treparon por la calle Paseo, tras una zigzagueada cerca del frontis de un hotel en ruinas, y continuaron espantando carros por todo su itinerario, hasta que asomó la plaza de la revolución, y el general abandonó su fortaleza motorizada para penetrar en un bunker rodeado de pretorianos verdes.
Antes de pasar al despacho, el general con un ademán de su mano comunicó al ayudante——se sentó al buró, desplegó el amontonamiento de papeles, y oprimió el botón del intercomunicador para hacer un encargo materializado al instante. Tomó la botella que apresaba un líquido transparente, la giró hasta aflorar su etiquetado, y suspiró tras contemplar el blasón heráldico con el águila bicéfala, hizo saltar la virginidad del frasco y rebosó con el brebaje un vaso.
Luego de saborear un trago, se incorporó para repantigarse en el sofá, miró los rostros de sendos pigmeos de ébano que custodian un estante, y le invadió la necesidad de rememorar nuevamente sus hazañas guerrilleras, accionó el interruptor y se zambulló en la oscuridad, puesto que como militar y jefe de estado también cumpliría estrictamente la ordenanza de ahorrar energía, cerró los ojos después de dispararse otro cañangazo porque de nuevo retornó a su memoria el olor de pólvora y las palmas de la Sierra Maestra.

miércoles, 10 de junio de 2009

La otra semana. Por Miguel Iturria Savón.

El sábado pasado una amiga de Noti-Cuba me envió un mensaje por el móvil sobre la acusación a Myers, ex funcionario del Departamento de Estado que pasaba información secreta a los Castro. La nota fue el último capítulo del culebrón informativo de la semana, cuyo plato fuerte estuvo en las sesiones de la OEA para levantar la exclusión del régimen cubano de esa institución regional.
Cuba se abre al mundo a su manera –exporta médicos, vocifera contra Estados Unidos y asesora a sus aliados del continente-, pero cierra las puertas de las oportunidades a sus propios ciudadanos. Tal vez por eso el jueves, mientras los presidentes latinoamericanos esperaban la felicitación del gobierno de Castro por la Resolución de la OEA, un grupo de balseros fueron apresados en el Malecón, al lado de la sede diplomática de los Estados Unidos, al regresar por fallos técnicos cuando intentaban escapar de la isla.
Sobre la decisión de la OEA hubo análisis de todo tipo dentro y fuera de Cuba, desagraviada y silenciosa por conveniencia totalitaria. Por el régimen habló Ricardo Alarcón, Presidente de la Asamblea Nacional, quien expresó: “Cuba agradece el gesto, pero no está preparada para pedir ser admitida”.
El vocero del castrismo tiene razón, Cuba no está dispuesta a respetar la Carta Democrática de la organización regional. El esfuerzo de sus aliados por devolverle el sillón no es más que un gesto contra los Estados Unidos, cuyo gobierno apoya a la oposición pacífica e insiste en la necesidad de cambios en la isla, lo cual cuestiona el jueguito del poder vitalicio de los Castro, sostenidos por el petróleo y los dólares de Venezuela con la complicidad de los mandatarios que ponen de moda a la vieja dictadura.
Cuba está situada a la entrada del Golfo de México, pero no es el centro de América ni el ombligo del mundo. Suceden cosas en otras partes. El gobierno de Perú declaró la emergencia en los Andes por la muerte de 153 niños. En Guatemala reclamaron investigar al presidente Álvaro Colom por su posible complicidad en asesinatos. Hugo Chávez tomó el control de 14 nuevas plantas de gas natural en Venezuela. Predominan los terroristas en el Medio Oriente, a donde viajó Barack Obama para “buscar un nuevo comienzo entre los Estados Unidos y los musulmanes”; mientras Irán y Corea del norte aceleran su programa nuclear y China frena a los jóvenes que evocan la masacre de Tiananmen.
Si comparamos las noticias de la semana pasada con las aguas mansas que reinan en Cuba, vemos que el mundo es muy complejo para juzgarlo desde la atalaya insular. La Habana es todavía una plaza sitiada por su propio gobierno, devenido en “símbolo de resistencia” para algunos mandatarios de la región que copian al castrismo.
Quizás el señor Myers y su esposa, al convertirse en espías de los Castro, no sabían cómo funciona este país. Tendrán tiempo de informarse y de esperar por nuestro ingreso en la ONU. Veremos qué pasa.

El ruso. Por MIguel Iturria Savón.

A Denis Torres Sokurenko le decían el ruso, pero era ucraniano; nació en Kiev, donde su padre fue a estudiar a fines de los años setenta, cuando Cuba giraba en la órbita de la Unión Soviética y Moscú era el centro de atracción de los países socialistas. El becario habanero regresó con su título universitario, una esposa bellísima y un niño de brazos que creció en un barrio de San Miguel del Padrón, entre las malas palabras de los vecinos y los susurros nostálgicos de la madre eslava, a quien conocí en agosto de 1998 en una Unidad antiaérea de Santa María del Rosario, mientras cada uno esperaba al hijo, convertidos en amigos por obra y gracia del Servicio militar obligatorio.
La amistad entre los jóvenes uniformados convirtió a Denis en visitante ocasional de mi casa, centro de fugas y coordinación de fechorías hasta que ambos ascendieron a sargentos, lo cual implicó ciertas ventajas para tolerar las órdenes absurdas, el encierro y el hambre de los cuarteles, especie de barracones sin cañaverales.
El ruso es un rubio alto, fuerte, velludo, de pelo amarillo y ojos claros, un típico ejemplar eslavo bajo el sol tropical. A sus rasgos físicos sumaba el espíritu romántico de la madre ucraniana y la vocación militar del padre cubano. Como se convirtió en el mejor flechero del Ejército occidental, creíamos que aceptaría un curso para oficiales, pero su inteligencia, carisma y jovialidad, lo ayudaron a buscar otro horizonte al concluir el Servicio militar.
Como sargento y jefe de pelotón de una batería de cohetes se sintió decepcionado por la incompetencia, el desvío de recursos, la soberbia y el maltrato de los soldados por parte de los oficiales. La falta de equidad en el plano de las relaciones y su sentido de la amistad lo inclinaron al bando de sus compañeros, lo cual le creó problemas con el mando.
Al finalizar sus días en el regimiento el ruso se fugaba como los demás. En la postrimería fingió una lesión en la rodilla, se inyectó miel, empezó a cojear y obtuvo un certificado médico. Entonces alternó las guardias con un empleo en la cafetería de un vecino; luego incursionó en pequeños negocios, compraba autos viejos, los reparaba y revendía; invirtió su ganancia en la cría de cerdos y hasta especuló con corales.
Cuando obtuvo la baja ya había cambiado su estatus de vida y estaba preparado para sobrevivir de su esfuerzo personal en cualquier sociedad. Como en ese momento nuestros jóvenes buscaban el horizonte fuera de las costas cubanas, Denis se acordó de su condición natural y obtuvo el pasaporte de Ucrania o Rusia con la ayuda de la madre, que vivía en Cojímar con un mulato.
La corriente migratoria que predominó en la isla entre los años 2001 y 2002 pasaba por la obtención de una Carta de invitación a Rusia, cuya embajada en La Habana concedía la visa con facilidad. El avión iba a Moscú pero se quedaba medio vacío en Madrid. El éxodo se interrumpe por la protesta de la Cancillería española cuando todos los pasajeros de una aeronave cubana pidieron asilo al llegar a Barajas; solo el piloto y sus asistentes continuaron el viaje.
Desde ese escándalo internacional nadie ha visto Denis Torres Sokurenko, “el ruso” de Kiev que creció en La Habana, de donde partió en busca de otro paraíso. Sus amigos del Servicio militar no saben si pasa frío en Kiev, vende jamón pata negra en Madrid o se baña en Miami Beach. Tampoco conocen si la madre se fue tras él, o se acostumbró al calor y al mulato de Cojímar.

viernes, 5 de junio de 2009

Cifras curiosas. Por Miguel Iturria Savón.

En “Hablemos de azúcar” (Diario las Américas del 5 de mayo) el periodista Pablo Alfonso ofrecía algunos datos que revelan la ineficacia de la industria azucarera de Cuba con relación a la producida en la Florida, donde 90 mil hectáreas cultivadas y seis centrales aportaron dos millones de toneladas en la cosecha pasada; mientras que la isla obtuvo 1,4 millones en 330.000 hectáreas en el mismo período.
Al revisar las estadísticas del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, el comunicador mostró las compras insulares a esa nación en el sector azucarero entre el 2004 y los primeros meses del 2009, lo cual no fue informado por nuestra prensa, aferrada al antagonismo perpetuo contra el gran vecino, que vuelve a ser uno de los principales socios comerciales del gobierno cubano.
No voy a repetir las cifras ofrecidas por el colega exiliado. Quien desee saber el flujo de mercancías entre ambos gobiernos tendrá que buscarlos en los sitios de Internet de la Administración norteamericana o en los organismos regionales de comercio. Los archivos de la isla son secreto de estado. La prensa insular compensa la ausencia de estadísticas con consignas bien dosificadas y alienantes.
Otras cifras recientes demuestran la presencia del mercado norteamericano en la isla a pesar del embargo. “Hasta el daiquirí se cuela en el comercio humanitario con Cuba” según Laura Wides-Muñoz, reportera de The Associated Press, quien relaciona nueces, granos, aceites, maderas, pollos, medicinas, mezclas para bebidas y objetos suntuarios para hoteles. “Las ventas más grandes del año pasado fueron de productos básicos: maíz, por valor de $ 196 millones, pollo (139 millones) y trigo (135 millones), según la Oficina del Censo.”
“Las exenciones son tan amplias que incluyen cervezas, gaseosas y una serie de productos no comestibles como objetos de arte, postes de electricidad, armarios para la cocina y papel para diarios, adquirido en Alabama”.
De manera que hasta el periódico Granma, órgano oficial del Partido comunista, se imprime con el papel del enemigo. La ironía se extiende al daiquirí, inventado en la isla e importado desde el norte. ¿No es esto dependencia del extranjero? ¿Qué pasa con la soberanía pregonada por el castrismo? ¿Será el embargo lo que realmente frena el desarrollo de los cubanos?
Si bien algunos ejecutivos de firmas alimenticias viajan a La Habana y obtienen contratos que benefician a los agricultores de Texas y otros estados de la Unión americana, es evidente que en algo más de una década de intercambios los estadounidenses van recuperando el lugar que tenían en el mercado insular antes del embargo decretado en 1962.
La normalización de las relaciones ya está en proceso a pesar de la desconfianza, las tensiones entre los gobiernos y el discurso agresivo de los hermanos Castro, quienes usan la soberanía como cortina de humo para justificar la ausencia de libertades de los cubanos. El círculo vicioso de la retórica es una máscara. Si cotejamos las cifras se viene abajo.
El desbloqueo hacia adentro es otra cosa.

El fetiche del cura. Por Miguel Iturria Savón.

Todo vale en la época postmoderna, desde la fusión del rock y el rap, el tango y la trova hasta los escándalos de futbolistas y peloteros convertidos en celebridades, o las declaraciones de actores que incursionan en la política. Valen, por supuesto, el vedetismo de algunos sacerdotes y de gobernantes y políticos que confunden la percepción de la realidad con la vida de las personas y expresan sus opiniones como si fueran Mesías.
Como la prensa reseña a tales autoridades, los lectores soportan o pasan la página de titulares risibles. Lo que dijo fulano sobre mengano es frecuente, siempre que sea políticamente correcto y tengan nombres o cargos ilustres. El diario Granma es abanderado en culebrones pedantes, principalmente sobre la vida y milagros del señor Fidel Castro Ruz, quien “abandonó” el poder en julio del 2006 pero no tolera el olvido.
La presencia cotidiana de este señor en la prensa de Cuba trasciende a otros medios. Los discípulos del Padre de la Patria socialista lo mantienen en la tribuna a pesar de estar enfermo. Los presidentes de Venezuela (Hugo Chávez), Bolivia (Evo Morales) y Nicaragua (Daniel Ortega) son sus voceros más tenaces, aunque otros mandatarios del continente también le rinden cortesía.
Como las figuras políticas siempre son noticias, la prensa extranjera recrea las Reflexiones del compañero Fidel y los comentarios apologéticos que sobre “el líder jubilado” hacen los paladines del continente. Las reliquias históricas son así, cualquier arista de su vida vale más que un amuleto de oro.
La semana pasada los lectores del Granma reímos con lo expresado sobre el fetiche cubano por un cura nicaragüense que cambió la sotana por la tribuna política. Los que creíamos que Miguel D’Escoto volvió al convento cuando los sandinistas le entregaron la Presidencia a Violeta Chamorro a fines de los ochenta, nos quedamos con ganas de confesarnos al saber que el cura rojo no colgó los guantes políticos. Dejó de ser ministro pero siguió en las intrigas desde la Meca insular. Ahora preside la Asamblea General de la ONU.
Desde esa garrocha diplomática don Miguel acaba de expresar sus emociones sobre el talismán de América Latina, a quien visitó recientemente. “Fidel Castro tiene un aspecto estupendo, trabaja mucho y está al tanto de todo”, dijo el nuevo médico al diario Granma. El curita agrega que Dios le concedió el privilegio de ver a su ídolo “a lo largo de los últimos treinta años” y lo considera “un ser extraordinario…que regó esta semilla que está germinando…”
No somos expertos en genética de las plantas, pero suponemos que la semilla regada por Castro no produce “refrescante espiritualidad”. Cuba es un semillero de otras cosas, aunque Miguel D’Escoto y los corderos de nuestro tirano no lo perciban.

viernes, 29 de mayo de 2009

Equilibrio de intereses. Por Miguel Iturria Savón.

Un amigo que regresó de Venezuela, donde brindó asesoría en la enseñanza universitaria, me pregunta si hay “señales de cambios en Cuba”. Dice que en Caracas hubo confusión entre nuestros colaboradores por las destituciones de Carlos Lage y otros funcionarios del gobierno, pero que casi nadie preguntó pues “allá estamos bajo el control del jefe de grupo y la suspicacia de los chavistas más fascistoides”. Agrega que “aquello es otra cosa, pero cada día se parece más a esto; Chávez es un títere con dólares, Fidel es el titiritero; los asesores somos tramoyistas, decoradores y asistentes de escenas, según el rango”.
Mi amigo tiene 53 años, treinta de ellos dedicados a la docencia media y superior. Entre sus íntimos critica la realidad insular, pero de la puerta hacia afuera guarda silencio. Antes de hablarles de Cuba le pido información sobre la labor del personal cubano en Venezuela, Ecuador y Bolivia.
“En Venezuela predominan los médicos, pero hay especialistas cubanos en todos los niveles de enseñanza, en los medios de comunicación, en el Ejército, la Policía, la Seguridad del Estado, la Marina, la pesca y algunas industrias. Para nosotros Caracas es Moscú a la inversa. Ellos nos envían el petróleo y decenas de productos, además del pago por la asesoría en cada sector; Cuba les manda el personal y los métodos de dominación.”
El amigo asegura que es posible que Chávez se imponga completamente sobre la oposición y acabe con los medios fundamentales de propiedad, como hicieron los Castro en Cuba con la ayuda de la Unión Soviética. “Él tiene al Parlamento y al Ejército en sus manos, además del petróleo y millones de seguidores. Los venezolanos son más rebeldes que nosotros, pero Chávez es tan audaz, agresivo y manipulador como Fidel Castro.”
Al preguntarle sobre el aspecto ético de nuestra cooperación en Venezuela, el pedagogo no vacila en responder: “Somos mercenarios espirituales, sabemos que ayudamos a un déspota, pero estamos entrenados para simular. Unos van para quedarse, conozco a médicos y enfermeras que se casaron con antichavistas para no volver a la isla. Hay quienes escapan antes de regresar. La mayoría retorna cargado de pacotillas…”
La presencia cubana en Venezuela, más que en Bolivia o Ecuador, es un negocio para ambos gobiernos. Tal vez “un equilibrio de intereses”, como dice el profesor que me visita al llegar de Caracas. Él, como tantos profesionales que “cumplen misiones” fuera de la isla, cree que “hay que vivir a pesar de los Castro y sus estupideces de dominación perpetua”.
No pienso lo mismo pero conozco a varios médicos, profesores e ingenieros que actúan como este amigo. Vienen de Caracas como si llegaran de Miami o New York, con dólares en los bolsillos y equipajes llenos de ropas y equipos electrodomésticos. Dicen horrores de Hugo Chávez y Fidel Castro y preguntan sobre posibles cambios en Cuba, como si fueran inversionistas o exiliados que visitan a la familia.

miércoles, 27 de mayo de 2009

La sal del Padrino. Por Miguel Iturria Savón.

La sal del padrino. / Miguel Iturria Savón.
El engaño del padrino sigue en el hit parede de la radio cubana. Hasta los amantes de la música culta mueven los pies y repiten los estribillos del reggaetón de Cola Loca, agrupación que supera a Baby Lores, El Chacal y El Insurrecto, cuyos textos irreverentes son coreados por jóvenes y adolescentes que siguen también a los raperos de Doble Filo, Aldeanos, Papo Record y Obsesión.
El contrapunteo rítmico entre el ahijado y el padrino es una crónica satírico-musical, casi un retrato de la desesperanza de quienes acuden a ganguleros, paleros, santeros y babalawo para resolver un maleficio, neutralizar la brujería que le echaron en la puerta, pedir salud para el hijo enfermo o alejar al muerto que le sigue los pasos.
Las gentes de a pie se identifica con las alegorías y circunstancias del ahijado y ríe con los pretextos del padrino que pide demasiado para “quitarle la sal de encima”, una sal que no depura ni alivia malestares pues es “cosa mala, salación y desgracia”, por lo que hay que pagar la consulta y asumir los problemas profetizados por el Obba o el Babalawo, cuya cadena revela la perspectiva de sucesos del que toca a su puerta en vez de consultar al psicólogo o el psicoanalista.
Ante los obstáculos y conflictos la gente busca asideros en las religiones, especialmente en las de origen africana, cuyas deidades compiten con la tradición católica y el ateísmo escolar. Se ha puesto de moda dar un “toque de tambor” para pagar una promesa o hacerse santo (iyabó) por razón de salud o para “desarrollar el muerto” que se comunica con “la prenda”. Si no tienes “camino de Ifá” no serás babalawo, pero podrás “rayarte” y ser “Palero”, que es un tratado directo con el muerto y exige un cuarto religioso en tierra, donde se montan las prendas para curaciones y brujerías.
Como los caracoles “dicen” el signo que traes, en un monosocongo o cuarto religioso la ganga se corresponde con el santo escogido, cada cual con su muerto. Ogún, Yemayá, Ochún, Obatalá y San Lázaro son más populares. El santero no trabaja con la prenda, sino el gangulero, con crucifijo si es para bien o sin este si es para mal. Si no hay muerto no hay fuerza.
Los ahijados, los padrinos, la preparación de las ceremonias, los collares, las consultas y la búsqueda de los ingredientes demandados por paleros y ganguleros obedecen a rituales ancestrales, pero la banalización de las prácticas corroe la esencia cultural de tales creencias. Los babalawo cobran en divisa o en moneda nacional, según el lugar y el origen. Si el aspirante viene de México o de España el filón es lucrativo. El Festival de raíces africanas –Wemilere- y los servicios de la Asociación Yoruba de Cuba, cuyo Presidente es Diputado a la Asamblea Nacional, son una muestra.
No todos los Babalawo son tan embusteros como el satirizado por Cola Loca, pero muchos cubanos quieren quitarse la sal de encima.

El permiso de los gays. Por Miguel Iturria Savón.

Desde hace unos años los gays y las lesbianas de Cuba pueden seguir el destino de sus hormonas sin buscarse problemas con las autoridades a excepción de la policía, que aún los hostiga a pesar de contar con el apoyo de Mariela Castro Espín, hija del Presidente y sobrina del Comandante en Jefe, quienes promovieron la homofobia y la exclusión en el pasado, pero ahora admiten la diversidad sexual como mampara de otros cambios.
El tema es promovido por el Centro de Educación Sexual (CENESEX) bajo la batuta de la citada Mariela, que organizó el evento teórico del 2008 y acaba de finalizar el del 2009, ambos en el Pabellón Cuba, ubicado en La Rampa, donde hubo paneles y se presentó un libro, una revista y un Cd con un relato de Miguel Barnés, Presidente de la Unión de escritores y artistas de Cuba, quien asistió a la Marcha contra la Homofobia, celebrada en las calles aledañas a ritmo de conga y banderas multicolores, todo un suceso para el morbo colectivo y la prensa extranjera, que lo apreció como un acto de diversidad y apertura.
Damos la bienvenida al culebrón anual sobre los gays y las lesbianas. Ellos merecen respeto por su opción personal y la incorporación sin recelos a todos los peldaños de la sociedad. Reconocer sus derechos es un acto de justicia. Llama la atención, sin embargo, el intento de apropiación política sobre un tema que trasciende la conjura y la promoción ideológica.
El pretendido control de la homosexualidad y el lesbianismo por la hija de un mandatario que envejeció en el poder, resulta sospechoso. La impostura es evidente por muy sexóloga que sea la Mariela. ¿Sabrá esta señora que existen otros derechos excluidos bajo el reino edificado por sus mayores? ¿Será una rebelde consagrada a una nueva causa bajo la sombra de su padre? ¿Cómo creer en la sexualidad revolucionaria si esta margina a los homos que no bailan la comparsa socialista?
El derecho de los gays trasciende las campañas mediáticas o educativas; no es algo trivial para evitar otras marchas y cambios necesarios. La libertad de expresión, de prensa, asociación, de entrar y salir del país sin permiso y vivir sin la tutela estatal, es imprescindible para saltar la miseria y transitar hacia la diversidad promovida por la oposición pacífica sin tanta algarabía y fuegos fatuos.
Cincuenta años es mucho tiempo para dominar a una sociedad que penaliza hasta la filiación sexual. ¿Cómo hablar de diversidad y de espacios para la reflexión, si pensar es un delito y defender los derechos humanos es un reto que termina en la cárcel?
El amor es expresión más que intercambio. Ha cambiado algo la mentalidad, cambiemos las leyes para incorporar a todos al concierto ciudadano. Más que un desfile a ritmo de conga es preciso enterrar los muros de exclusiones levantados por el castrismo contra los cubanos.

viernes, 22 de mayo de 2009

Cyber cafés de Ciudad Habana. Por Miguel Iturria Savón.

Parece que las autoridades de los ministerios de Turismo y de Comunicaciones se han puesto de acuerdo para posponer la aplicación de una circulan que vetaba el acceso de los cubanos a los Cyber café de La Habana y otras ciudades del país. Los bloggers Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar denunciaron días atrás el intento de exclusión a través de un video filmado en un hotel del Vedado.
Ante la ofensiva estatal y la complicidad de corporaciones extranjeras como Meliá, un grupo de cybernautas hicimos un recorrido por 35 hoteles de la capital y comprobamos que levantaron la prohición, al menos por el momento, a excepción de un hotel de Miramar.
No sabemos que pasa en los cybercafés de Matanzas, Varadero, Cienfuegos, Santa Clara y otras ciudades del país, donde otros bloggers y periodistas independientes buscan conectarse a la red.
Estaremos al tanto.

viernes, 15 de mayo de 2009

El indomable. Por Miguel Iturria Savón.

Cada vez que veo a Didier me acuerdo del Paul Newman en La leyenda del indomable. El joven cubano es trigueño, delgado y narizón, pero evoca al personaje de Hollywood por la astucia y la voluntad al escapar de las prisiones mientras cumplía el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento antiaéreo que colinda con el Combinado del Este, donde lo conocí en 1999 al visitar a mi hijo, retenido por “faltarle el respeto al Jefe de Estado Mayor”.
Didier era una leyenda entre los soldados y oficiales, algunos de los cuales fueron sancionados por su culpa. El político no sabía qué hacer con él y el coronel extremaba las medidas para conducirlo a juicio por evasión continua y trasladarlo al penal. No imaginaban que al final nuestro Papillón sería más sutil que ellos.
Inicialmente fue soldado del Cuerpo de Seguridad de la Unidad militar 2369, fusionada con la 1700, ubicada en Santa María del Rosario, al sudeste de Ciudad Habana, donde dicen que robaba gasolina antes de ir al calabozo por primera vez. Escapó cuando un posta abrió la reja para darle la comida. Corrió como un venado y se internó en un bosque cercano.
Fue capturado por el Cuerpo de prevención de las Fuerzas Armadas y conducido al cuartel de estos en Reloj Club, municipio Boyeros. Allí se rebeló contra los abusos aplicados a los soldados. Volvió a fugarse durante el traslado a su Unidad aunque iba en calzoncillos y con las manos atadas a la espalda. Se tiró de la camioneta en una intercepción y corrió hasta la casa de un campesino, a quien le contó que fue asaltado y despojado de sus bienes.
Al mes siguiente lo apresaron otra vez y lo condujeron al Centro de Entrenamiento Intensivo de Managua, prisión militar provisional en la que obligan a los reclusos a hacer ejercicios con fusil, casco y botas antes de ser juzgados. De esta también escapó de forma espectacular pero lo sorprendieron en la casa de la novia, que lo visitaba cada día en el calabozo de su Unidad, de donde logró fugarse a través de un hueco hecho con cabillas en la pared, por lo cual castigaron al resto de los detenidos y el mando ordenó un ejercicio demostrativo con el soldado más flaco del regimiento.
Al terminar los dos años de Servicio Militar Didier no había cumplido ni tres meses con sus deberes de soldado. Mientras esperaba el trasladado a la Prisión de Ganuza coincidió en la celda con un chico operado de apendicitis, quien le explicó los síntomas de la enfermedad. Inmediatamente empezó a fingir los achaques de esta y convenció a los médicos que lo examinaron. Fue operado en el Hospital Naval. Durante la convalecencia le dieron la baja.
A diferencia del mago Houdine, rey de las fugas, Didier no murió de apendicitis. Cambió esa porción de su cuerpo por la libertad. Nuestro indomable contrasta con el personaje de Paul Newman, que muere al final del filme.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Final inesperado.

La noche del 15 de marzo, mientras Cuba enfrentaba a Japón en el Segundo Clásico mundial de béisbol, doce jóvenes desafiaban el mar rumbo a la Florida desde la costa de Guanabo, al nordeste de La Habana, por donde regresaron después de navegar 20 millas pues cinco de ellos entró en pánico, aunque el motor de la lancha funcionaba bien, la corriente era favorable y el equipo GPS marcaba el rumbo programado mejor que una brújula.
Uno de los tripulantes cuenta que volvieron en silencio por la Base de campismo, cerca de la torre de perforación de petróleo, lo que impregnó sus ropas al nadar a la orilla. “Abandonamos la embarcación y caminamos hasta la carretera, pero en vez del ómnibus llegaron dos patrullas de la policía alertadas por un agente SEPSA que nos vio llegar. Eran las cuatro de la mañana del jueves 16.”
Otro de los jóvenes capturados expresa: “no llevábamos armas ni hicimos resistencia, pero nos pusieron la pistola en la cabeza y nos esposaron como si fuéramos invasores o delincuentes. Entre gritos, insultos y amenazas los policías y los oficiales de la Seguridad del Estado que nos interrogaron durante 12 horas en Guanabo acentuaron nuestra frustración y el deseo de volver a escapar de Cuba.”
“Los tres oficiales de la Seguridad son menores de 30 años. Dos blancos y uno negro. Todos expertos en tortura psicológica. Mientras investigaban nuestros antecedentes trataron de enfrentarnos para obtener información. Cada dos horas volvían a preguntar: ¿Por qué te quieres ir del país?; ¿no sabes que tenemos el poder y representamos la ley?; ¿crees que vas a ser libre en los Estados Unidos?; ¿qué contactos tienes con los defensores de los derechos humanos?”.
Como los jóvenes detenidos en Guanabo no tenían antecedentes penales ni contactos con la oposición pacífica, los agentes de la Seguridad del Estado ordenaron su liberación. La Policía les impuso una multa de tres mil pesos duplicable a seis mil en el segundo mes. Días después recibieron en sus domicilios la copia de la Resolución 16/09, expediente 30.09 de la Capitanía del puerto de La Habana, la cual no consideró el delito como salida ilegal del país, sino como “tenencia y operación de embarcación sin permiso en el territorio nacional”.
La salida ilegal es uno de los delitos más frecuente en Cuba desde hace medio siglo. Millares de personas han sido encarceladas por esa causa. Más de 70 mil perdieron la vida en el intento. Según las estadísticas de los Estados Unidos 14,061 cubanos pidieron refugio en su territorio durante el 2008. Entre octubre de ese año y marzo del 2009 llegaron a las costas de la Florida 437, mientras 415 fueron interceptados por los Guardacostas y repatriados a la isla.
Los jóvenes que me ofrecieron su testimonio se sienten frustrados, más no pierden la esperanza de emigrar al norte. No saben cómo cambiar a su país para vivir en libertad y acceder a las posibilidades que les niega el régimen socialista.

viernes, 8 de mayo de 2009

La Plaza de Guantánamo. Por Miguel Iturria Savón.


La Plaza pública de Guantánamo, ubicada en El Caribe, al noroeste de la ciudad, es una explanada enorme regida por columnas de hormigón con textos y figuras históricas esculpidas sobre el cemento a modo de obelisco. En los bajos, con entrada exterior por otra calle y conectado al monumento por una escalera protegida por guardianes, se esconde un protocolo soterrado, especie de museo con salón de reuniones, pasillos con paisajes de la ciudad, oficina y área de servicios para huéspedes ilustres.
Concebida como sitio de concentración para que las masas expresen su adhesión al Gobierno y al Partido Comunista, la plaza colinda con las edificaciones de los centros del poder. Al fondo el moderno Hotel Guantánamo, detrás de este los edificios destinados a la población desde la década del sesenta del siglo pasado. A la izquierda una carretera que se adentra en las montañas que rodean a la ciudad. El Hospital provincial “Agustino Neto”, la sede de Sol visión, la empresa Etecsa y la bella sucursal del Banco financiero internacional completan la mediocridad del entorno arquitectónico.
Como cada vez son menos los actos masivos los pobladores atraviesan la plaza sin contemplar las efigies que atraen al viajero interesado en el patrimonio histórico y cultural. El conjunto escultórico enlaza el presente de la localidad con hechos y figuras de la historia nacional. Resaltan el realismo artístico del rostro de Mariana Grajales, la alegoría ecuestre del Mayor general Pedro A. Pérez y el busto del soldado del Ejército Rebelde que mira al horizonte.
Esta plaza, como la “Antonio Maceo” en Santiago de Cuba, la “Calixto García” en Las Tunas, la de Bayamo y otras capitales de provincias, no es más que una reproducción maltrecha del bello entorno urbanístico de la Plaza “José Martí” de La Habana, donde el tirano Batista promovió espacios urbanos monumentales al estilo de Mussolini en Roma.
La ciudad de Guantánamo, capital de la provincia homónima, posee otros espacios citadinos que marcan la vida de ese pueblo rodeada por ríos y montañas. El 75% de su territorio son parajes rurales, donde aún se cultiva el café, de gran incidencia en la economía y la cultura regional desde las emigraciones francesas de principios del siglo XIX, cuando despuntó la hacienda de Santa Catalina de Ricci, en torno a la cual se nucleó la villa, ampliada después hacia los cuatro puntos cardinales.
El bellísimo Parque Martí con la Iglesia de Santa Catalina a un costado, la antigua cárcel convertida en Museo provincial en 1986, El Palacio Salcines –actual sede de Patrimonio cultural-, la Tumba francesa en la Loma del Chivo, el Casino Español reciclado en Casa de cultura y otras instalaciones, hoteles y comercios de la ciudad gozan de mayor reconocimiento público que la Plaza “Mariana Grajales”, la cual simboliza el desplazamiento urbano del centro hacia la periferia.
A pesar del tiempo y los cambios promovidos por la colectivización social, en la provincia más oriental de Cuba sobreviven restos tangibles de su patrimonio agroindustrial, caracterizado por su valor histórico, arqueológico, natural y arquitectónico. Las plantaciones cafetaleras de los municipios Guantánamo, El Salvador, “Niceto Pérez” y Yateras avalan ese legado reconocido por el Comité de Patrimonio de la UNESCO.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Contaminación ambiental. Por Miguel Iturria Savón.


Cuando Rosa Elena Simeón fue ministra de Ciencias, tecnología y medio ambiente ya se hablaba de los efectos contaminantes de la Antillana de acero, ese monstruo metalúrgico que intoxica La Habana desde el sudeste de la capital, donde varias industrias lanzan sus desechos hacia el espacio o el manto freático amparadas en el atraso técnico, las negligencias y la aplicación de medidas ecológicas que disminuyen las inversiones de capital, pero no solucionan los problemas generados por empresas productivas de interés nacional.
Se dice que la Antillana es un cáncer espacial. La principal metalurgia del país convierte chatarras en palanquilla y produce alambrón y cabillas. Como el acero combustiona a 1600 grados y el laminador de vaciado continuo montado por los rusos no llegó a funcionar, los desechos de silicio, azufre y otras sustancias necesitan de una torre de 120 metros de altura para evacuar los gases hacia el mar. La chimenea más alta quedó en 70 metros, por lo que los gases se condensan en el aire y caen como lluvia ácida sobre el entorno.
Un experto en lubricantes afirma que esto se agrava por la ausencia de una empresa ecológica que controle las muestras y multe a las compañías que contaminan la tierra o la atmósfera. “Hay que recuperar los aceites y evitar que por roturas tecnológicas caigan al subsuelo, lo cual sucede a veces en la Antillana y otras fábricas del Cotorro, Guanabacoa o San José de las Lajas, donde las plantas depuradoras son anticuadas”.
Un ingeniero de la Antillana asegura que los problemas empeoran en esa empresa por la ausencia de Campana de radiación y campanas anti ruidos, lo que daña la salud de los fundidores, soldadores y otros obreros retirados antes de tiempo, además de afectar a la población y al ecosistema. En el Jardín botánico de La Habana han desaparecido algunas especies por los ácidos vertidos al espacio.
“Esto no sucede en el Laminador de Las Tunas, de tecnología italiana, realmente ecológico y con planta de agua. Allí los fundidores usan un collar en el cuello y un anillo que recoge la radiactividad diaria, analizada en un laboratorio de La Habana cada mes. Los talleres de pizarra eléctrica instalados por ACINOX con tecnología española en El Cotorro y Las Tunas también cumplen las normas internacionales.”
Las fábricas del Cotorro contaminan los afluentes del río Almendares que atraviesan su territorio, donde están ubicados el Basurero provincial denominado Cayo Cruz y el Vertedero Roca Azul de Residencial América, que filtran la tierra y el último contagia la presa El Cacao a través de un riachuelo cercano. Al manto freático van los aceites, combustibles y desechos energéticos de la Cervecería Hatuey, el Complejo lácteo de La Habana, la Jamonera de Santa María del Rosario y de otros centros productivos con problemas en la planta de tratamiento de agua, cuya piscina de decantación y trampas de productos ligeros no funcionan pues nadie multa a los responsables.
La Gomera de Loma de Tierra y la de Cuatro Caminos lanzan a la atmósfera el humo negro, menos agresivo que la lluvia ácida de Antillana de acero y los desechos de plomo que la Fundición Vulcano vierte sobre los pobladores de los repartos Paraíso y Cruz Verde.
Algunos ingenieros hablan del daño irreversible al flujo de aguas en el sur de la capital. Las zanjas de los municipios Cotorro, San Miguel del Padrón y Arroyo Naranjo se interconectan con los riachuelos que desembocan en la presa “Ejército Rebelde”, cuyas aguas son cada vez más grises. Algo similar sucede con la presa del Parque Lenin que fluye al río Las Cañas, acoplado al Cristal, afluente del Almendares.
Aunque la prensa cubana apenas aborda estos problemas, es evidente que la industria ubicada en la periferia de la capital sigue contaminando la atmósfera. Las consecuencias son impredecibles. Tal vez tan graves como la disecación de la Ciénaga de Zapata para sembrar arroz o la construcción de terraplenes sobre el mar para enlazar a los cayos del norte con los pueblos de Morón y Ciego de Ávila.
El tema de la contaminación ambiental rebasa los datos recogidos en torno a uno u otro municipio de la capital. Lo expresado hasta aquí es solo un botón de muestra de lo que acontece en otras partes de la isla.

lunes, 4 de mayo de 2009

El mismo cuento. Por Miguel Iturria Savón.

Mayo es un mes cálido y lluvioso pero comienza con un desfile que evoca un suceso del siglo XIX. El hecho no ocurrió en La Habana sino en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, donde la celebración es menos espectacular que en nuestra capital y en otros pueblos de Cuba, en los que los actos y las consignas marcan la memoria colectiva de varias generaciones.
Si no fuera por el discurso del Secretario general de los sindicatos y por las historias que ofrecen la radio, la televisión y los periódicos cada primero de mayo, millones de personas no estaríamos al tanto del sacrificio de aquellos trabajadores que reclamaban sus derechos en 1881.
Es bueno recordar las fechas históricas, pero cuando la evocación es convertida en espectáculo político con tantas banderas, discursos y metas resulta sospechoso pues detrás del pasado se encubren problemas e injusticias actuales.
Yo fui uno de esos adolescentes movilizados a la plaza por la escuela. Para nosotros el primero de mayo era un día festivo, no luctuoso. No escuchábamos los discursos ni veíamos el desfile. Tan pronto el ómnibus parqueaba cada cual cogía por su rumbo, en busca de la novia o del amigo que viviera más cerca del lugar del retorno. Éramos simples átomos que escapaban del tumulto, una cifra en las estadísticas de un régimen que mira al pasado para secuestrar el presente.
Aunque la dictadura del proletariado no es más que un mito, la exaltación de sucesos como el primero de mayo resulta imprescindible por su valor simbólico. Los obreros no son libres ni gobiernan el país, pero se les hace creer que detentan el poder y que viven bajo su propio paraíso.
Como la prensa acreditada en la isla reporta el desfile en base al guión entregado por las autoridades, éstas organizan cada detalle para demostrar el “apoyo incondicional del pueblo al socialismo”. En este juego de apariencias los sindicatos actúan “como polea de transmisión del Partido comunista”. Solo una voz se proyecta al mundo bajo tinglado de la dictadura.
No vale la pena describir los métodos de movilización, los estímulos previos, la coacción psicológica ni el papel de los medios de comunicación en la movilización de las masas el primero de mayo. Para los cubanos de la isla o del exilio eso sería tan aburrido como los discursos y los carteles que casi nadie escucha ni lee.
La celebración es, en cierta medida, un problema de atmósfera; un acto de legitimidad y propaganda; un ritual hacia afuera. El discurso del poder necesita los altoparlantes y la liturgia pública para perpetuar el dominio de una minoría burocrática sobre el resto de la sociedad. Mientras obtenga la complicidad de millares de ciudadanos gobernarán al país como a un rebaño.

Ciudad en rojo. Por Julio Aleaga Pesant.

La disciplina me llevó al Cine Yara, en el céntrico 23 y L del Vedado, a visualizar la primera película de ficción de Rebeca Chávez. Las historias contadas por mi madre, miembro del M-26-7, detenida varias veces en el Vivac de Santiago de Cuba y de mi padre, un lector de Carta Semanal, el periódico interno de los comunistas originarios, me hacían cercana la historia.
Además, la lectura obligada por el plan de estudio de mi adolescencia de Bertillón 166, la única gran obra de Soler Puig, apuraron mis pasos hasta la sala oscura, donde descubrí un filme violento, aburrido, retórico y en blanco y negro. Referencia a la forma de escribir la historia, de Xenia Riverí y de ponerla en pantalla por Rebeca.
Salvan los largos minutos de la duración, de una película corta en el tiempo pero larga y aburrida en su visionaje, las actuaciones, la fotografía y Santiago de Cuba. La ciudad fue captada por la cámara de Jorge Alderete en toda su exuberancia tropical, sus luces y sus silencios. Sin embargo, su constante movimiento y el abuso de ángulos cooperan en el desequilibrado maniqueísmo de una película que narra la historia de manera monocromática.
Mario Guerra (el sastre Quico), Eman Xor Oña (un miembro del Partido socialista popular encargado de contactar con los terroristas) y Patricio Wood (capitán del ejercito nacional, esbirro desalmado), son los baluartes actorales de la obra.
El carisma y la versatilidad de Mario Guerra, puesto a prueba en el musical Benny, roba aquí el alma del espectador con la gracia propia de los santiagueros y su tendencia al choteo como conducta. Otro es el tema con Oman, el actor negro por excelencia del cine cubano de estos tiempos (Los dioses rotos, Frutas en el café), quien aporta la madurez y sobriedad propia al personaje. Por ultimo, el caricaturizado personaje del jefe del ejército, en las manos de Patricio, le suma complejidad y sorpresa a la obra en la tesitura que quiso ser contada.
El trabajo de arte, dirigido por Lesbia ven Dumois, se reciente por dejadez. La década del 50 del siglo XX no solo se refleja en nuestros “dignos y aguerridos” almendrones (popular taxi cubano), o por ser el último momento de la arquitectura moderna en la isla, hoy destruida por el paso del tiempo. Es mucho más que eso y a la película le falta precisamente “eso”, para reflejar la época.
Además, el incomprensible epílogo, con el video clip de X Alfonso, deja boquiabierto a los espectadores, que si bien asimilan la violencia propuesta, sujeta a acciones súbitas y no preparadas, como la incompresible muerte de Quico y su esposa (que deja vacio el filme), se convierte en el sumun de la incoherencia narrativa.
Rebeca Chávez no se metió en camisa de once varas al hacer una película ficción sobre héroes y villanos. Fue victima de su labor como documentalista de la dictadura, cuyos arquetipos se dan sin matices. Su obra sirve para amplificar el mito de la violencia de una época y la necesidad de la revolución, en momentos en que su ocaso es cierto.
Por suerte, al estreno de Ciudad en Rojo le antecedieron El cuerno de la abundancia y Los dioses rotos. aleagapensant@yahoo.es

miércoles, 29 de abril de 2009

El menú del desbloqueo. Por Miguel Iturria.

Si en la Cumbre del Alba celebrada en Cumaná, Venezuela, Raúl Castro Ruz recitó las cuentas pendientes contra los Estados Unidos y esgrimió el embargo como telón de fondo de los enfrentamientos con el enemigo para justificar a la dictadura más vieja del continente; en la recién finalizada Cumbre de las Américas, efectuada en Puerto España, capital de Trinidad-Tobago, el presidente norteamericano Barack Obama ofreció el menú del desbloqueo con propuestas que descontaminan las tensiones y favorecen la normalización de las relaciones.
“Estados Unidos busca un nuevo comienzo con Cuba. Ya he cambiado una política hacia Cuba que no ha logrado impulsar la libertad y las oportunidades para el pueblo cubano”, dijo Obama, quien agregó: “No vine aquí a debatir el pasado, sino a hacer frente al futuro…tenemos que aprender de la historia…hay un largo camino que podemos viajar para sobrepasar décadas de desconfianza. Mi administración está comprometida en una gran variedad de asuntos –drogas, migración, derechos humanos, libertad de expresión y reforma democrática…”
El líder norteamericano declaró: “El pueblo cubano no es libre. Esa es nuestra guía y rumbo en la política hacia Cuba”. Advirtió: “Ahora es el turno de Cuba. Castro debe empezar por reducir los altos impuestos que el gobierno cobra sobre el dinero que se envía desde el extranjero… podrían liberar prisioneros políticos…”
Las propuestas del mandatario coinciden con la solicitud de Raúl Castro de negociar sin condiciones previas y desde el respeto mutuo, lo cual puede ser engañoso pues décadas atrás el régimen insular liberó a miles de prisioneros, pero continuó con el enfrentamiento y acentuó la represión. Ahora Raúl Castro pretende intercambiar a los espías encarcelados en los Estados Unidos por decenas de presos políticos, lo que deja intacta la dictadura comunista, que cuenta con el apoyo de los presidentes de Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Venezuela, Paraguay, etc., quienes conciben a una Cuba unánime y paralizada, sin libertades ni derechos para su pueblo.
Las condiciones vuelven a ser propicias para la liberalización de la política norteamericana hacia Cuba, pero está por ver si el gobierno insular jugará con las fichas marcadas como hizo durante las administraciones de Carter y Clinton. Si busca pretextos para dinamitar las relaciones, como el éxodo masivo del Mariel en 1980, el hundimiento del remolcador “13 de marzo” y la apertura de las costas en 1994, o el derribo de las avionetas de los Hermanos al rescate en febrero de 1996.
Para moverse hacia el futuro y relegar los viejos debates como pide Obama, el castrismo tendrá que evolucionar hacia la apertura y dejar de culpar a los Estados Unidos por los problemas creados en medio siglo de centralismo estatal. La nación no es coto cerrado de ningún grupo.
Si nuestro gobierno se sujeta a sus leyes draconianas y olvida que la mesa del desbloqueo está servida, si prefiere usar lo que queda del embargo comercial como escudo de combate, entonces la esperanza y los sueños de cambio volverán a ser quimeras.

Los mitos de abril. Por Miguel Iturria Savón.

Como enero, julio, octubre y diciembre, abril es un mes cargado de fechas y consignas en la mitología bélica del castrismo, cuyos medios de comunicación nos bombardean con sucesos del pasado que secuestran el presente y entorpecen las autopistas del futuro.
Las contorsiones retóricas sobre ataques, desembarcos, batallas y victorias acaecidas entre 1961 y 1968 reiteran el discurso histórico del grupo gobernante, como si no bastara con la distorsión de los hechos, el comercio de los desafíos simbólicos contra los Estados Unidos, el tópico de la soberanía humillada y las leyes draconianas del régimen contra la población insular.
Si bien es cierto que el bombardeo del 16 de abril de 1961 a los aeropuertos de Columbia, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba fue el preludio de la invasión del día siguiente por Bahía de Cochinos, también es innegable que los pilotos y los expedicionarios eran tan cubanos como los hermanos Castro, a quienes enfrentaron por discrepancias ideológicas con la ayuda del gobierno de los Estados Unidos, cuyo presidente aceptó la intromisión sin permitir el desembarco de las tropas de su país, lo que hubiera dado al traste con la dictadura comunista que desde entonces cercena la libertad y los derechos de nuestro pueblo.
La denominada Victoria de Girón –Bahía de Cochinos es un nombre inapropiado- no fue un combate entre las tropas de los Estados Unidos y las fuerzas del gobierno revolucionario, el cual enfrentó otros desembarcos y alzamientos de compatriotas durante la Guerra civil contra el castrismo. Los invasores no fueron mercenarios al servicio de una potencia extranjera. Ellos, como los independentistas del siglo XIX y los luchadores contra Machado y Batista, utilizaron el escenario y los recursos del vecino contra una revolución que ya devoraba a sus propios protagonistas y se aliaba a la antigua Unión Soviética y al Bloque socialista.
Girón no es la primera derrota del imperialismo en América Latina. Ni entonces ni ahora el gobierno de los hermanos Castro hubiera resistido la invasión de los Estados Unidos. El fracaso de los cubanos que desembarcaron por la Bahía de Cochinos fue, cuando más, un error de la política norteamericana hacia la isla. El suceso ha sido sobredimensionado por la historiografía y la propaganda del castrismo.
Entonces como ahora teníamos excelentes propagandistas, capaces de convertir el forcejeo nacional en un hecho de trascendencia mundial, involucrar a terceros en nuestros asuntos, presentar a los opositores como agentes del enemigo y hasta justificar las intromisiones del gobierno cubano en Argelia, Angola, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, El Congo, Etiopia, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Panamá, Venezuela o los Estados Unidos, donde los agentes de Castro realizan espionaje y penetran a las organizaciones del exilio.
Nuestros propagandistas entretejieron el mito de un pueblo iletrado y alfabetizado durante Campaña de 1961, obviando que antes de 1958 más del 70 % de los cubanos sabían leer y escribir. Algo similar sucede con el embargo comercial aplicado en 1962 por el gobierno de los Estados Unidos. En vez de resolver el diferendo bilateral encubren los problemas del totalitario con las cortinas del embargo.
Mitificar la historia desde una visión unilateral y simplista es un método manido. Ya es hora de reescribir la cronología de abril y otros meses. El almanaque de la violencia y el mesianismo es una etapa fallida.

miércoles, 22 de abril de 2009

Poder real. Por Miguel Iturria.

En términos jurídicos el ius puniendi es la facultad real del Estado para ejercer el poder sobre el ciudadano ante el incumplimiento de la legalidad. Esa potestad descansa en los órganos coercitivos o instrumentos estales que hacen efectivas las leyes. Como contrapartida, el Estado debe asegurar los derechos y garantías de las personas y evitar excesos y arbitrariedades.
Los órganos coercitivos están formados por las fuerzas armadas, los cuerpos del Ministerio del interior, la Fiscalía y los Tribunales. Al parecer, en Cuba el poder real no está en el conjunto sino en una de sus partes: el Ministerio del interior. No debería ser así pues el MININT fue creado para velar por la tranquilidad ciudadana, restablecer el orden, auxiliar al resto de los órganos represivos en la lucha contra el delito y realizar las investigaciones correspondientes.
El Estado no es solo hegemonía. Es, como decía Rousseau, parte de un contrato social. El ciudadano delega su libertad para que el gobierno vele por sus intereses a través de la fuerza pública, la cual domina y hace efectivos sus derechos y garantías, tanto de la violación por terceros como de las presuntas arbitrariedades de los funcionarios que equilibran los intereses estatales y los derechos de las personas.
Esto no es posible si los órganos represivos se ponen por encima de las leyes y actúan con impunidad. Si convierten sus actos en secreto de Estado y en enemigos a quienes cuestionan sus excesos.
Si las Fuerzas armadas son un monstruo dormido con soldados sin vocación y oficiales que afilan las armas en espera de un desastre o una agresión, los órganos del Ministerio del interior cuentan con todos los medios para cumplir sus propósitos sin intervención real de terceros.
Ni la policía ni otras fuerzas del MININT dan publicidad a sus actos. El Laboratorio de criminalística, por ejemplo, es único y carece de contrapartida, lo cual impide cuestionar sus dictámenes. ¿Por qué hay que creer en los peritos que actúan sin la presencia de jueces ni abogados?
Con los detenidos tampoco se regula la presencia del defensor en el interrogatorio. Nadie controla los métodos utilizados por los oficiales. Hay presos con fines inquisitivos en las unidades de instrucción policial y en las cárceles del país, lo cual viola los derechos de esas personas.
Se dice que no hay manera de fiscalizar la actividad de un instructor policial ni de los oficiales de la Seguridad del Estado, quienes solo responden ante sus jefes y gozan de impunidad mientras respondan al mando supremo y al Partido comunista.
Las quejas de los operadores del derecho confirman que a los límites de las leyes se unen las prerrogativas de los instructores de la policía, quienes a veces impugnan las decisiones de los jueces o presionan a los fiscales para que modifiquen sus conclusiones provisionales.
Pero no solo en el procesamiento penal se aprecia el poder efectivo de ciertos órganos del Ministerio del interior. Los cuerpos de seguridad y protección de las empresas y centros de trabajo también actúan desde el secreto y la impunidad. La prepotencia encubre la ineficacia ante el robo y el desvío de recursos.
Sabemos que no es posible actuar lícitamente contra las arbitrariedades cometidas por los guardianes en las cárceles y otros centros de reclusión; Cuba no es un Estado de derecho pero sus agentes deberían respetar las leyes del régimen que representan. Al menos en las calles de la isla los policías y su red de informantes pudieran ser cuidadosos. Mientras menos piensa un policía mejor cumple las órdenes, más no todos son emigrantes con uniformes ni estúpidos en busca de ascensos.
Cuba es un circuito cerrado donde los derechos y garantías del ciudadano vuelan sobre el mar, la burocracia, las órdenes absurdas y la impunidad de los cuerpos represivos. Los órganos del Ministerio del interior ejercen el poder real.

lunes, 20 de abril de 2009

Forcejeo. Por Miguel Iturria Savón.

Mabel está desesperada, su esposo está preso desde hace tres meses y ella no sabe qué hacer. El abogado le pidió calma pues Manolo no ha sido juzgado, sigue bajo investigación policial pero no tiene antecedentes penales y las verificaciones complementarias son buenas. Todos dicen que es laborioso, servicial y que no se reúne con delincuentes ni opositores al gobierno. Tal vez salga del calabozo con una multa, previa firma del Acta de advertencia y la incorporación al trabajo en un centro del Estado.
Mabel y Manolo viven cerca de mi casa. Él pasó el Servicio militar con mi hijo y hacían pesas en el mismo gimnasio. El problema de este joven radica en su intento de sobrevivir al margen del Estado. Fue jardinero en la residencia de una cubana matrimoniada con un italiano. Ejerció después como albañil por cuenta propia, custodio de una discoteca y soldador de un taller que fabricaba lavaderos de metal.
Por eso lo detuvieron. Transportaba unas piezas reciclables que sirven de base para elaborar productos que por su precio y calidad competían con las shopping del gobierno. Su caso es, en principio, un problema de desvío de recursos estatales con fines privados. Robarle al estado es un delito, aunque se trate de objetos no inventariados en ningún almacén.
Conozco a personas en situaciones similares a la de mi vecino. Gentes laboriosas que forcejean por su independencia económica, pero no reciben licencia para montar su carpintería, taller de mecánica, soldadura o una mini empresa constructora. Hasta los permisos para taxistas, barberos, costureras o chapistas están “congelados” por las direcciones municipales de trabajo y por los órganos locales del gobierno.
El regreso al centralismo gubernamental en nuestra isla pone a millares de personas con un pie la cárcel. Los que insisten en sobrevivir sin marcarle la tarjeta al Estado arriesgan su libertad.
Las dependencias gubernamentales actúan como pulpos, pero sus brazos son insuficientes para controlar sus enormes recursos. Dentro de las fábricas, talleres, almacenes, comercios y otros centros laborales funcionan redes que “desvían” desde un martillo hasta un contenedor. El personal administrativo y los custodios a veces son cómplices del robo y la “venta por la izquierda”.
Cuando la policía detiene a un ciudadano con objetos de procedencia estatal, las preguntas apuntan hacia el suministrador. La sospecha recae en las entidades portadoras de tales productos o mercancías. Cuando el detenido revela las fuentes los funcionarios del centro señalado niegan su versión ante la visita del inspector policial, lo cual enreda las pesquisas o encubre el desvío.
Tales prácticas son habituales. La prensa oficialista las clasifica como la forma más generalizada de la corrupción en Cuba, donde el estado es dueño desde una bodega hasta las fábricas y los hospitales. La monopolización de los recursos, la devaluación del salario y el desinterés por la propiedad estatal crea un forcejeo constante entre las personas que tratan de sobrevivir por cuenta propia y el aparato burocrático que las encadena a sus leyes.

miércoles, 15 de abril de 2009

Filmes de abril. Por Miguel Iturria Savón.

Como la Cinemateca celebra el 50 aniversario de la fundación del Instituto cubano del arte y la industria cinematográfica, la cartelera de cine y video del mes de abril transcurre entre reposiciones, estrenos, homenajes y la Séptima edición del Festival de Cine Pobre de Humberto Solás en Gibara, que exhibirá 250 obras de producción reciente del 13 al 19.
Quemar después de leer y El extraño caso de Benjamín Button son los platos fuertes de la cinematografía internacional, que trae a las salas de estreno de La Habana el suspenso Vida de casados, de la realizadora norteamericana Ira Sachs; el filme mexicano Arráncame la vida, de Roberto Sneider sobre la novela homónima de Ángeles Mastretta; La duquesa, coproducción de Gran Bretaña, Francia e Italia inspirada en una historia de amor del siglo XVIII bajo la batuta de Saul Dibb; Mongol, de Sergei Bodrov acerca del legendario y temible Genghis Khan; el policíaco de Gavin O´Conor Código de familia y los dramas Una sombra al frente y Jugando sucio, de Perú y Estados Unidos; así como ciclos del cine español y coreano, la retrospectiva por el centenario de Joseph L. Mankiewicz en la Sala Charlott y la Semana de cine chino en el Riviera.
Coinciden en nuestros cines de estreno la comedia satírica Quemar luego de leer, de Joel y Ethan Coen, y el drama retro El extraño caso de Benjamín Button, de David Fincher con las actuaciones de Brad Pitt, Cate Blanchett y Julia Ormond, basada en un cuento de Scott Fitzgerald, autor de El gran Catsby y El último magnate. Estas producciones llegaron precedidas por los elogios de la prensa especializada, los galardones de festivales y academias durante el 2008 y la fama de sus actores, en especial el célebre Brad Pitt, quien hace un enorme esfuerzo actoral en el filme -largo y lacrimógeno-, que revela su inteligencia y sensibilidad para escoger personajes y directores.
La cinematografía cubana estrena el thriller político Ciudad en rojo, de Rebeca Chávez, y el documental Una historia en blanco y negro, dirigida por Gloria Arguelles y dedicado al laboratorito Restituto Fernández Lasa, cuyo trabajo es comentado por los cineastas que laboraron con él.
Ciudad en rojo es una reescritura fílmica de la novela Bertillón 166, de José Soler Puig, quien se inspiró en la lucha insurreccional de Santiago de Cuba durante la dictadura de Batista. Rebeca Chávez y Xenia Rivery seleccionaron algunos conflictos y personajes corales de la novela, la cual reflexiona sobre la violencia y sus consecuencias en jóvenes arrastrados por pasiones y circunstancias extremas a mediados del siglo XX. La historia y la política gravitan en la ficción, aunque no se cuenta la historia de nadie en particular, sino el clima de enfrentamiento que sacudió al pueblo oriental, cuya geografía se reconstruye en la película.
La realizadora retoma la épica que caracterizó a la filmografía insular en décadas atrás. Hay imágenes de archivo y un tono documental que contamina la ficción, lo que es lógico en una cineasta que procede del documental. Las actuaciones de Rafael E. Hernández, Eman-xor Oña, Yori Gómez, Carlos E. Almirante y Mario Guerra inclinan la balanza a favor de la ficción, que mitifica la violencia y exagera la represión en Santiago de Cuba.
En la cartelera de cine y video de abril hay propuestas para niños por la semana de receso escolar; se repondrá La primera carga al machete por su 40 aniversario y filmes del panorama internacional como la checa Mandrágora (1997), la española Una palabra tuya y la inolvidable Gánster contra charros.

lunes, 13 de abril de 2009

Con las barbas en remojo. Por Miguel Iturria Savón.

Supe por El Nuevo Herald que Alberto Fujimori no se inmutó cuando la Corte suprema de justicia lo condenó en Lima a 25 años de cárcel el martes pasado. El ex presidente de origen japonés condujo con firmeza al Perú de 1990 al 2000; etapa en la cual redujo la inflación y el narcotráfico, derrotó a las guerrillas marxistas y dejó un saldo económico favorable, pero salpicado por la corrupción y la violación de los derechos humanos.
La condena divide a los peruanos. Los seguidores de Fujimori la califican de excesiva y antidemocrática, mientras las víctimas y los defensores de los derechos humanos piensan lo contrario. Para el representante de Amnistía internacional el juicio fue un proceso ejemplar con implicaciones para el mundo y el continente.
El caso recuerda la detención de Augusto Pinochet en una clínica de Londres, donde el ex dictador chileno fue sorprendido por una orden del juez español Garzón, quien ganó celebridad por sus litigios contra personajes encumbrados dentro y fuera de su país. Evoca también la reciente sentencia contra el presidente Al Bashir por la Corte Internacional, cuyos jueces demandan al mandatario de Sudán por sus crímenes contra la población civil.
Aunque es casi imposible juzgar a los gobernantes que ejercen el poder, el susto que le dieron al general Pinochet, quien ya estaba retirado del mando; la orden de arresto contra el déspota africano y la condena de Fujimori en Perú revelan el reclamo de justicia de las víctimas de los caudillos que violan los derechos de los ciudadanos.
El caso de Cuba es representativo. Desde hace medio siglo los hermanos Castro se adueñaron del poder e impusieron un régimen que excluye, expropia, encarcela y censura con impunidad a la mayor parte de la población, de la cual se creen representantes perpetuos. Al generalizar la represión, ideologizar la enseñanza y convertir a los ciudadanos en clientes del Estado, estos hombres pasaron por las armas a miles de opositores, multiplicaron el exilio y el éxodo de los jóvenes, endeudaron al país y aún prohíben los más elementales derechos humanos.
Los crímenes de Pinochet son mínimos en comparación con los desmanes de la dictadura cubana, la cual ejerce el monopolio sobre los medios de comunicación y recibe el apoyo de la izquierda internacional y de los gobiernos que encubren su cooperación con el régimen.
Si Fujimori fue hallado culpable de impunidad y violación de los derechos humanos por ordenar el secuestro de un periodista y un empresario, o el asalto de dos barrios de Lima con el saldo de 25 muertos en 1991 y 1992; ¿por cuántos cargos pudiéramos encausar a Fidel y Raúl Castro, actual presidente de Cuba?
El Mesías y su profeta pudieran ser juzgados por miles de fusilamientos sumarios, secuestros y asesinatos, encarcelamientos a granel, traslado forzoso de habitantes de pueblos y caseríos, destrucción de industrias, expropiaciones de todo tipo e injerencias en otras naciones hacia donde exportaron la violencia revolucionaria.
Hasta el momento, el líder mutilado y su sucesor gozan de inmunidad gubernamental, pero deben estar inquietos por la sentencia dictada contra el ex presidente Fujimori. La impunidad tiene sus límites.

El son del embargo. Por Miguel Iturria Savón.

A los niños de mi generación no les tocaban el son del embargo comercial. La ruptura de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados era un tema abstracto para nosotros. Crecimos con la sinfonía de los “vínculos indestructibles con la Unión Soviética”. El embargo era un rumor de violín desde la tribuna del poder. Algo sin ton ni son para quienes amábamos a los Beatles a pesar de los Papines y Pello el Afrokan.
Ni en la Universidad hablábamos del embargo o “bloqueo” aplicado por los Estados Unidos en 1962, cuando el gobierno revolucionario nacionalizó las empresas y propiedades de la nación norteña y convirtió al gran vecino en el gran enemigo. Ya entonces dependíamos de la Unión Soviética y del Bloque socialista europeo que, como sabemos, desapareció con la perestroika de Mijaíl Gorbachov entre 1986 y 1991.
Nuestras autoridades retoman entonces el tema del embargo, lo imponen como un son popular desde los medios de comunicación y los programas escolares. Lo venden fuera de la isla como un producto político; logran una atmósfera favorable al ritmo oficial. El embargo o “bloqueo”, a pesar de sus boquetes, es la principal bandera contra el enemigo. Bailamos al son que nos tocan, sin ton ni son, sin motivos.
El son del bloqueo es una campaña mediática demencial, un baúl para las ropas sucias del castrismo; sin embargo, no es un sonido agradable entre nosotros. El monopolio discográfico del Departamento de propaganda del Partido Comunista debería ser más original, todo es negociable en la era moderna. Pudieran cambiar el ritmo, estamos en tiempos de reggaetón no de guaracha o guaguancó. Basta con algunas propuestas sensatas en la mesa de las negociaciones. Los aires de Washington son favorables.
El bloqueo ya no sirve para justificar a la dictadura insular. Tanto el Presidente Obama como los congresistas y senadores de los Estados Unidos quieren modificar las relaciones entre ambos gobiernos. La guerra fría ha quedado atrás. A los hermanos Castro les toca ahora bajar la parada, dar pasos concretos para normalizar la situación diplomática con el gran vecino.
La mayoría de los cubanos no saben que desde el 2001 el Presidente Bush accedió a vender alimentos y medicinas a nuestro país. Estados Unidos es el cuarto socio comercial de la isla. Ahora se flexibilizan los viajes de los cubanos que viven allá. Se habla de intercambios como paso previo al cese total de las regulaciones que sobreviven. ¿Qué esperan los hermanos Castro para tender el puente y dejar la soberbia?
Muchos cubanos tampoco saben que el antecesor de Bus (Clinton) fue forzado por el castrismo a firmar la Ley Torricelli ante el derribo de las avionetas de los Hermanos al Rescate y otras acciones hostiles ordenadas por el comandante en Jefe. Ojalá no suceda algo así en estos días.
La política de la victima asediada toca fondo. Al “desbloqueo” externo debe sucederle el desbloqueo interno, es decir, la transición a la democracia, las elecciones libres, la liberalización de las fuerzas productivas y el reconocimiento de los derechos de los cubanos a vivir y pensar sin las reprimendas del Estado.
Los cubanos de a pie aborrecemos los tambores de la guerra. La vida no es una parranda política. Es más agradable el violín de la normalidad.

La constitución de Guáimaro. Por Miguel Iturria Savón.

Cuando el primero de julio de 1940 los delegados de la Constitución se reunieron para firmar la nueva Ley de leyes de la República no lo hicieron en el Capitolio de La Habana, sede del poder legislativo, sino en Guáimaro, un pueblecito de la provincia de Camagüey donde el 10 de abril de 1869 los independentistas que desafiaban al colonialismo español rubricaron el primer texto constitucional de la República en armas.
Esa primera Carta constitucional fue una quimera; el sueño republicano de nuestros independentistas reflejaba la influencia de la Revolución francesa y de la Unión Americana. La República mambisa estuvo en las acciones y en el amor por la libertad; los “territorios liberados” volvían a caer en manos enemigas. Hubo otras constituciones de 1868 a 1878 y en la Guerra de 1895 a 1898, cuando cesó el dominio de España.
En aquella ocasión histórica del 10 de abril de 1869, solo 15 delegados presididos por Carlos Manuel de Céspedes dieron a la nación emergente sus normas jurídicas. La ponencia fue encomendada a Ignacio Agramonte y Arturo Zambrana, abogados al igual que Céspedes, quien inició la lucha armada en la zona oriental sin contar con el resto de los conspiradores.
La Constitución de Guáimaro fue un consenso, un acto de unión de las huestes independentistas, divididas entre Oriente, Camagüey y Las Villas, que recibían apoyo desde La Habana y de los patriotas exiliados en los Estados Unidos, principal centro de expediciones. La fecha, el lugar, los acuerdos adoptados y los 29 artículos rebasaron las expectativas de los delegados. Céspedes, Agramonte, Honorato del Castillo, Cisneros Betancourt, M. G. Gutiérrez, E. Machado, J. M. Izaguirre, Antonio Zambrana y otros legisladores iniciaron una tradición jurídica que trasciende las circunstancias.
En abril de 1869 la revolución estaba en sus inicios, era una guerra precaria y casi sin organización, predominaban el caudillismo y los antagonismos entre los departamentos, pero los líderes de cada región comprendieron la necesidad de unir los fines y los mandos. En Guáimaro designaron a un Presidente de la República en armas y a una Cámara de Representantes en la que radicaban los Poderes del Estado, por encima del Presidente y del General en Jefe; como si la República fuera una realidad y no el espejismo de sus lecturas y convicciones previas. No comprendieron que lo primero era la guerra, lo segundo la victoria y después la República.
La impaciencia de los delegados de Guáimaro reencarnó en la prisa y en la incertidumbre de otras constituciones mambisas y republicanas. Todas estuvieron signadas por las pasiones de sus artífices y los retos de la época. Ninguna fue obra de un partido o de una tendencia ideológica contra el resto de la sociedad, como la Constitución socialista de 1976, modificada en 1992, la cual refrenda los supuestos intereses de la clase obrera y su partido pero excluye a los demás grupos y sectores sociales.
Si la Constitución de Guáimaro de abril de 1869 plasmó el ideal romántico de nuestros libertadores, la que rige en Cuba desde 1976 niega el sueño de los héroes independentistas y pone a la Patria de rodillas ante una élite burocrática que suplanta los derechos de la nación.

viernes, 10 de abril de 2009

Los perritos de la Bienal. Por Miguel Iturria Sav'on.

El viernes pasado caminaba con Juan Antonio Madrazo hacia el Centro de Arte Wilfredo Lam, cuando en la esquina de O’ Relly y Tacón nos interceptó un suboficial de la policía que conocía a mi acompañante. El agente nos pidió el carnet de identidad e intentó registrarnos en plena calle. Como no accedimos a sus estupideces pidió orientaciones a la Unidad por el walking – talking. Le ordenaron que nos dejara tranquilos pues se disculpó entre dientes.
-“Es un perro bien entrenado, me detuvo meses atrás y quiso repetir el atropello. Además de policía fue impuesto como Delegado del Poder Popular en Cambute, donde se ensaña con los opositores”-, dijo Madrazo, quien es vicepresidente del Comité de integración racial.
Ese día, mientras recorríamos las exposiciones del “Wilfredo Lam”, el Castillo de la Fuerza, la Fototeca de Cuba, el Convento de San Francisco de Asís, el Palacio de Bellas Artes y la galería del antiguo Centro gallego de La Habana, fuimos testigos de varias detenciones en el casco histórico. Jóvenes con mochila, hombres con portafolios, muchachas con extranjeros y hasta los mendigos que merodeaban por las plazas y las instalaciones de la Bienal eran acosados por policías que ven fantasmas entre los transeúntes.
Hay una atmósfera de tensión y represión en medio de un evento artístico internacional. Debe haber 100 policías por cada uno de los 300 artistas que vinieron de medio centenar de naciones. Los agentes de la Seguridad del Estado patrullan las calles en sus motos japonesas. Son menos visibles en las 16 instalaciones que atesoran las obras, donde predominan los vigilantes de sala y los cansados especialistas de museología.
La X Bienal de arte de la Habana, como las Feria del libro, forma parte de las maniobras de distracción de la cultura oficial, marcada por la censura y la vigilancia. Pero algunas obras y performances crearon expectativas que asustaron al Comité organizador y a los militares que controlan el evento, aunque la prensa acreditada difundió por igual a las Cucarachas de Favelo, quien puso su rostro en la cabeza de cada bicho para evitar suspicacias; el espectáculo de Mendive, cuyos lienzos surrealistas dulcifican el dualismo y las leyendas de origen africana; las muestras del japonés Shigeo Fukuda, el uruguayo Luis Camnitzer y la cubana Tania Bruguera, que expuso “Estado de Excepción” con creaciones de los alumnos de la Cátedra arte de conducta, la cual estimula espacios de discusión sobre temas de la realidad insular.
Parece que los guardianes de la estética castrense se irritaron con las alegorías políticas, el humor y la imaginación de los jóvenes del Taller de conducta, creadores de una Máquina de feria para extraer muñecos de Fidel Castro, una urna de cristal con titulares del diario Granma y otras metáforas de la situación cubana que desataron el miedo de los comisarios de la Bienal, quienes escribieron párrafos de insultos contra las personas que gritaron libertad cuando Tania Bruguera concluyó su performance en el Centro Wilfredo Lam.
Pero no hay que temerle al arte. Los organizadores de la Bienal debieran explicarles algunas cosas a los jerarcas del Ministerio del interior, cuyos policías patrullan las calles de La Habana como si los artistas amenazaran con sus pinceles al gobierno más viejo e intolerante de América.
Los gobiernos pasan, el arte perdura.

lunes, 6 de abril de 2009

La copia y el original. Por Miguel Iturria Savón.

En La Habana, las personas comienzan a expresar sus opiniones en público. Hace poco, en el Parque central, dos hombres hablaban con desdén sobre Fidel Castro Ruz, calificándolo como “mono de feria”. Días después, unos jóvenes que tomaban cervezas en la Taberna de la Villa Panamericana, decían horrores del ex gobernante. Ayer, en plena calle Obispo, fui testigo del diálogo de tres amigas otoñales empeñadas en distinguir la “copia del original”.
Supuse que la “copia” es Raúl, sucesor del “original” Fidel, el gobernante más locuaz y de mayor permanencia en el poder durante la historia de Cuba. En julio del 2006 le entregó la nave insular a su hermano Raúl, quien ejercía como vicejefe desde 1959. Como la “copia” sigue fiel al “original” existe una dualidad de poder que frena al gobierno, genera problemas y estimula las burlas de los ciudadanos.
Como Fidel está enfermo pero “reflexiona” sobre los asuntos de Estado y Raúl acentúa el conteo regresivo de la dictadura, las señoras que charlaban a mi lado en la calle Obispo satirizaban los delirios del “original” y el enfoque militarista de la “copia” para enfrentar la corrupción, el robo y abastecer los mercados. Discrepaban sobre las diferencias de mando de los hermanos Castro:
-¿”Cómo tu puedes estar de acuerdo con Raúl, si él apenas habla, es pedante y lo prohíbe casi todo?”-, preguntó la rubia que caminaba delante cuando entramos en la Dulcería de Obispo.
-“No estoy de acuerdo con el cierre del mercado libre y con la persecución de quienes sobreviven del trabajo por cuenta propia. Lo bueno del gobierno de Raúl es que despide y condena a los ministros y empresarios que roban. Fidel los cambiaba de puesto si les eran fieles-“, respondió la mulata cuarentona que iba a su lado.
- “Si, pero Raúl es su copia, es un Fidel sin barba ni discursos. Él también es corrupto. Dicen que el nuevo ministro de las Fuerzas armadas le lleva la chequera de los dólares-“, intervino la trigueña.
- “Tal vea sea cierto, pero Fidel dejaba vivir, había productos fuera de las shopping. En un par de años Raúl acabó con casi todo. El cuentecito de la eficiencia no se lo cree ni él mismo-,” dijo la mulata y bajó la voz al percatarse que las vendedoras y yo escuchábamos en silencio, mientras ellas escogían unos dulces finos y un pan de piquitos, como si estuvieran en su casa.
Al salir de la Panadería pensé aclararles algunas cosas a las amigas que paseaban por la calle Obispo, pero el lugar no es bueno para levantar banderas. Yo iba para el Centro de arte “Wilfredo Lam” y no quería contaminarme con la política del país, a veces me asquea.
Por muy simple que parezcan las opiniones de las personas sin agenda, creo que es una mirada interesante. La libertad comienza con la necesidad de expresarse. Si es en público y sobre un tema tabú, pues mejor.

viernes, 3 de abril de 2009

Cuentos del gurú. Por Miguel Iturria Savón.

Como Fidel Castro se empeña en posponer la muerte y nos entretiene con sus delirantes reflexiones, en las calles y oficinas las gentes se burlan de sus excesos. Los empleados recrean las anécdotas y cuentos atribuidos al “Caballo”, “El dueño”, “El señor”, “El gurú”, “La bestia”, “El monstruo” o “La momia”, términos que avalan el descrédito del líder enfermo.
Los relatos sobrepasan el repertorio de Pepito, el chiquillo díscolo de nuestro folklor oral, evocado por los cuenteros que compiten los domingos en un programa televisivo que premia a los ganadores, algunos de los cuales ya figuran en grupos profesionales y actúan en clubes y teatros.
Las glosas sobre Fidel Castro no son llevadas aún al cine o la televisión, salvo las contadas por la prensa oficial para magnificarlo o la escrita por sus albaceas históricos y literarios. Hasta ahora, las de mayor sabor y “credibilidad” circulan en las calles y oficinas. Evocamos algunas.
Me contaba un amigo escultor que un pintor que visita su taller tuvo el privilegio de acompañar a Fidel Castro a uno de los cayos atribuidos al déspota en el centro sur de Cuba. Allí pescaron y cazaron con el séquito real. Supo el pintor que el lugar es preservado desde entonces, “tal y como lo dejó el Comandante”, por un grupo de guardianes que lo esperan noche y día, por si llega con otros huéspedes, previo aterrizaje de la Seguridad personal.
El relato coincide con la red de casas exclusivas en cada provincia del país, donde el Partido Comunista posee un hotel para los funcionarios del Comité central que llegan en funciones de descanso o trabajo. Dentro de cada instalación hay cuatro o cinco residencias para los miembros del Buró políticos y ministros autorizados por Machado Ventura; una de ellas es “propiedad” del Comandante y está conectada por túneles al aeropuerto local y por refugios que desembocan en una pista para helicópteros.
Un investigador de la Academia de ciencias es vecino de un alto funcionario que despachaba con el “Máximo Jefe”. Según este, en una ocasión el gobernante lo dejó solo unos minutos. Al regresar le preguntó si había cogido caramelos de su buró; la respuesta fue negativa pero al mes siguiente sucedió algo parecido. El empleado cogió tres caramelos mientras esperaba. Esa fue su desgracia pues Fidel contaba los caramelos y le dijo horrores en el otro encuentro. El ladronzuelo destituido rebotó en una embajada de Cuba en Europa.
La fijación con las estadísticas me recuerda a un ingeniero del Ministerio de la agricultura que le refería a un empresario extranjero radicado en Cuba, que su departamento colaboró con la iniciativa del “Gran líder” de contar las palmas existentes en la isla. En la provincia más occidental, el funcionario que resumió la cifra fue tan preciso que hizo sospechar al Comandante que le pasaban gato por liebre. “Después de algunas preguntas comprobatorias se olvidó de las palmas y nos ordenó contabilizar y desmontar el marabú que prolifera en nuestros montes”.
Son tantas anécdotas y cuentos delirantes que pudieran conformar una Antología de disparates. Algunas son de interés militar, económico, político o psicológico. Generalmente reflejan la soberbia, la arrogancia, la vanidad y el desprecio por los subordinados. Casi todas pintan el egocentrismo y otras manías del ex mandatario que, desde la cama, mantiene en tensión al país. Ninguna exalta la grandeza y la genialidad que le atribuyen sus edecanes y escribanos.

¿Legalizarán las drogas? Por Miguel Iturria Savón.

En Cuba, el problema de las drogas ya no es un secreto de Estado, aunque las estadísticas y los detalles del asunto son manipulados por funcionarios gubernamentales. Los anuncios televisivos al respecto son recientes y de carácter didáctico. Las autoridades sanitarias, los medios de comunicación y los órganos policiales barajan el tema con cautela.
Pero nuestra posición geográfica, la miseria generalizada, las tensiones humanas y la desesperanza que corroe a amplios sectores de la población nos colocan en circunstancias similares a los consumidores de del continente americano. Nos ayuda la insularidad, el rígido control estatal sobre puertos y aeropuertos y el alto costo de las drogas.
Más la corrupción ablanda los controles y puede convertir a las costas cubanas en punto de enlaces, descarga y refugio de los narcotraficantes. El propio gobierno, a través del Ministerio del interior, creó centros de recepción, producción y exportación de drogas hacia los Estados Unidos, el enemigo a minar por cualquier vía, mientras obtenían divisas para exportar la revolución. El juicio de 1988 contra altos oficiales de las Fuerzas armadas y el Ministerio del interior revelaron la complicidad del castrismo con el Cartel de Medellín y otros capos de la región.
Tal vez esto sea un capítulo del pasado, pero el problema de la droga es recurrente. Quizás el interés de las autoridades por enfrentarlo en los medios de comunicación y en los centros de salud mental sea un botón de pruebas de lo que hay debajo del iceberg. Un colega de la prensa independiente describió hace poco la ruta del sur. Existe también una ruta del norte y los turistas que introducen los estupefacientes por nuestros aeropuertos.
No se habla, sin embargo, de la droga interior, más los cigarrillos de mariguana, las infusiones a base de campana y otros arbustos de fácil localización no vienen de México, Colombia, Venezuela ni Bolivia, donde el personal cubano entra en contacto con plantas como la coca, incorporadas a las culturas tradicionales antes del descubrimiento de América en 1492.
La ingestión de pastillas es la tercera cara del asunto. Muchos jóvenes diluyen el parkisonil con bebida y suben al celaje de las alucinaciones. Algunos son adictos de sustancias múltiples, consumidores de efedrina, diazepán, benadrilina, fenitoina, fenobarbital, meprobamato y otros medicamentos que crean adicciones y afectan al organismo.
Hace casi dos años conocí en la terapia de la psicóloga María Esther Ortiz a un grupo de personas que aprenden a vivir con la adicción o transitan al estado de abstinencia. Un amigo fue paciente del doctor Ricardo González Menéndez, quien dirige la Sala de alcohólicos y toxicómanos del Hospital psiquiátrico de La Habana, donde son desintoxicados. Allí estuvo Diego Armando Maradona, el Pibe de oro del futbol argentino, junto a escritores, pintores, músicos, médicos, pilotos y deportistas que enfrentaron el estrés y la tensión con las drogas y el alcohol.
Conozco a un cirujano que se inyecta la fenitoina, a una doctora adicta al fenobarbital, una enfermera que consume benadrilina, a un clínico que se administra diazepán en ámpula por vía oral y a una psiquiatra que se automedica “para no enloquecer”. Existen, por supuesto, muchas personas que consumen crac y otras drogas introducidas o fabricadas clandestinamente en la isla.
Son casos de un problema actual que hunde sus raíces en el pasado. Los consumidores de narcóticos pierden el control y crean problemas, pero no son delincuentes sino enfermos y deben ser tratados como tal ¿Quién no fumó mariguana durante el Servicio militar obligatorio?
En Cuba, la profilaxis alterna con la represión de las drogas. La Operación coraza del 2003 no dejó títeres con cabeza en el país. Hay quienes sospechan de las Líneas confidenciales. Los más sensatos apuestan por enfrentar las causas del consumo y la comercialización de las sustancias nocivas. Consideran que no hay peor droga que la ideología y el fundamentalismo político o religioso.
Aunque Cuba es un país fallido y flagelado por la miseria, el problema de las drogas no es tan dramático como en México o los Estados Unidos, donde la DEA gasta millones de dólares para combatirla. Tal vez por eso algunos académicos piensan en programas pedagógicos que antecedan a la futura legalización de los estupefacientes. La propuesta es audaz y controversial, pero vale la pena analizarla.

viernes, 27 de marzo de 2009

El fonógrafo M.H. Por Luis Cino.

El fonógrafo MH. Luís Cino.

No salgo del asombro luego de leer el ataque contra los periodistas independientes (sin derecho a réplica) que apareció el 18 de marzo en el oficialista y oficioso órgano digital de la Unión de Periodistas de Cuba. La estupefacción no es por los insultos, que en definitiva son los viejos epítetos gastados por el abuso y las sandeces de siempre, sino por quien firma: Lagarde.

Tanto disparate da pena. No puedo creer que este M. H sea el mismo Lagarde que hace muchos años escribía artículos costumbristas. No tanto por la avanzada edad que debe tener ahora, sino porque aquel era un periodista serio. Este de ahora (debe ser el hijo) parece un fonógrafo RCA Víctor. O mejor aún: el perrito que escucha la voz de su amo.

No calculaba cuan tenebrosos son los súper periodistas que prepara y adoctrina la CIA en la Sección de Intereses Norteamericana en La Habana. Tal vez sepa poco del tema porque sólo frecuento la SINA, con escalofríos de aprensión en el espinazo, cada una o dos semanas para poder enviar mis trabajos al exterior. No tengo otra forma de acceder a Internet. Tampoco de publicar en la prensa escrita de mi país.

Distraído que soy, nunca se me había ocurrido averiguar por el funcionario yanqui que da las órdenes, tampoco por quien lleva la nómina y reparte los cientos de dólares que corresponden a cada “mercenario”. Averiguaré con alguno de los que asistieron a las letales video-conferencias con que pretendieron entrenarlos.

A propósito, Oscar Mario González es uno de ellos. Como Lagarde, suele escribir artículos de costumbrismo. El diploma de la Universidad de la Florida que calza como testimonio gráfico el artículo de la UPEC, lo robaron un par de segurosos la última vez que detuvieron a Oscar Mario. Al utilizarlo, Lagarde se hace cómplice de los ladrones. El robo de un título universitario, ni mejor ni peor que otros, sólo prueba que el régimen odia la inteligencia. Que a M. H Lagarde le preocupe ese diploma me hace sospechar que teme la competencia.

A los periodistas independientes (por las condenas desmesuradas que desafiamos por escribir con libertad, creemos firmemente que somos independientes) nos gustaría que aquellos que nos acusan de calumniadores nos demostraran la viabilidad del comunismo verde olivo.

La mayoría (que por cierto, estamos contra el embargo norteamericano y cualquier otra forma de injerencia extranjera y a favor de la justicia social, aunque Lagarde y sus jefes prefieran pensar que son tácticas camaleónicas), nos conformaríamos siquiera con “el socialismo democrático y participativo” de que hablan Félix Sautié y otros en kaosenlared. El capitalismo salvaje nos asusta. Al fin y al cabo, sólo hemos vivido el socialismo, aunque sea en la peor de sus variantes.

El artículo firmado por M. H Lagarde fue el modo de la UPEC de conmemorar el encarcelamiento de más de una veintena de periodistas independientes hace exactamente seis años, durante la ola represiva de la primavera de 2003. Las cosas no han cambiado demasiado. Es palpable el tonillo amenazante, ahora también contra los blogueros. A estos, en futuras razzias no los podrán acusar de ser empleados de la SINA. O vaya usted a saber, que por Villa Maristas tienen más imaginación que Julio Verne.

Claro, la represión no va por Lagarde. Escapa de las telarañas de su catacumba. M.H se limita a repetir las pendejadas que le soplan y encargan amplificar desde el Comité Central del Partido Único, la oficina de Tubal Páez en la UPEC y el Departamento de Seguridad del Estado. ¡Infeliz!
Arroyo Naranjo, 2009-03-19
luicino2004@yahoo.com

miércoles, 25 de marzo de 2009

Paranoia popular. Por Miguel Iturria Savón.

Un amigo que finaliza los estudios de inglés en una escuela de nivel medio de Ciudad Habana, me decía que su profesor orientó como tarea de fin de semana una composición sobre una personalidad de las ciencias, las letras o la vida política de notable influencia social. Hubo quien escogió a Newton, Einstein, Shakespeare, Hemingway, Gandhi, Gorbachov.
Alguien mencionó a Fidel Castro. Al profesor le pareció bien, pero se puso en guardia. “Cuidado con lo que dicen de Fidel. Ya no es el Jefe de Estado, pero sigue al frente del Partido y es la máxima figura de Cuba. Recuerden que esta escuela es una institución del gobierno, al cual yo represento ante ustedes”.
Me dice el amigo que “la temperatura del miedo no subió entre los alumnos; sentimos pena por el profesor, un hombre apagado de casi sesenta años, que lleva treinta en la docencia, en el mismo lugar. Pensó que una simple composición sobre un líder mutilado le crearía problemas. Imaginó fantasmas entre nosotros…”
El tema es recurrente. Hay ejemplos puntuales en otros centros de enseñanza. Los maestros, como los funcionarios, tienen miedo. El miedo paraliza la expresión de los alumnos y profesores. Imaginan que detrás de cada pupitre hay un delator encubierto, capaz de denunciar las opiniones divergentes. El adoctrinamiento ideológico desata suspicacias. La represión del pensamiento comienza en las escuelas primarias y llega a las universidades.
Recuerdo a un amigo de El Vedado que habló con la maestra y con el director de la escuela cuando su hijo comenzó la primaria. “Ustedes obligan a los niños a gritar consignas y decir mentiras; en casa le vamos a explicar las verdades al ayudarlos en las tareas. No quiero que mi hijo sea como el Che, el Che fue un guerrillero con mentalidad de asesino, un ministro incompetente e irresponsable; igual que Fidel Castro, el gran dictador de Cuba…”
-“Papá, por favor, no nos cree problemas; su propio hijo lo va a enfrentar; no podemos navegar contra la corriente. Si les dijéramos esas cosas nos botarían de la escuela”-
Mi amigo se mantiene en sus trece. El director y la maestra lo tratan con respeto y recelo. Ellos saben que él tiene razón, pero están paralizados por la paranoia colectiva. No piensan, repiten las mentiras de los programas escolares; más no se sienten cómplices de la dictadura comunista. Prefieren hablar de la tiranía de Batista. Creen que los problemas del presente serán analizados en el futuro.
Es evidente la mentalidad codificada. Predominan los conceptos preestablecidos, como en la escolástica medieval. La gente ajusta sus opiniones a la moral media. Saben que hay figuras intocables y temas tabúes. Hacerse el sueco es una forma de sobrevivir. Poner la luz verde evita los enfrentamientos.
Tales actitudes son lamentables. La obligación de expresar lo que sentimos, sin miedo ni recelos, es un derecho y un deber de las personas. Los maestros y profesores deberían saberlo.

Jonroneros cubanos. Por Miguel Iturria Savón.

El Clásico mundial de béisbol que concluyó el 23 de marzo en San Diego, Estados Unidos, mantiene en vilo a la afición cubana aunque nuestro equipo llegó cabizbajo a La Habana al caer por segunda vez con Japón. Cuba es uno de los grandes pero gana y pierde como cualquiera.
A los atletas les queda otras oportunidades dentro y fuera de la isla; a los aficionados la especulación, las estadísticas y la evocación de las hazañas del pasado. En la “Esquina caliente” del Parque Central un ex jugador mencionaba ayer a los grandes lanzadores y jonroneros de Cuba. Alguien lo interrumpió para decir que Frederick Cepeda bateó tres jonrones y promedió 600 en el Clásico. Otros exaltaron a Ichiro Suzuki, “el samurái”; a los puertorriqueños Iván Rodríguez y Carlos Delgado, al yanqui Kevin Youkilis y el japonés Ahoki, quien bateó 7 hits contra Cuba en 10 veces al bate.
Para contribuir con la euforia colectiva evocaré a los magos del bateo, pues los jonroneros crean un instante de gloria que hace delirar o enmudecer a los fanáticos. El japonés Sadaharu Oh, retirado en 1980, disparó 868 vuela cerca en 22 temporadas. Le siguen tres estadounidenses de Grandes Ligas: Babe Ruth, que conectó 714 entre 1914 y 1935; Hank Aaron, jubilado en 1975 con 755 cuadrangulares en 23 años y Barry Bonds, máximo bateador profesional con récord de 73 imparables en el 2007.
En Cuba, tan cercana a los Estados Unidos, tenemos figuras estelares desde el siglo XIX, como Antonio M. García, Francisco Delabats, Valentín González, Rafael Hernández, Ricardo Cabaleiro, Alfredo Arcaño y otros bateadores. En la primera mitad del XX las estadísticas señalan a celebridades como Luis Padrón, Cristóbal Torriente, Julián Castillo, Roberto Ortiz, Pedro Formental, Roberto Estalella, Silvio García, Orestes Miñoso, Rafael Noble, Claro Duany, Panchón Herrera, Julio Bécquer y peloteros de fuerza que no llegaban a 100 jonrones. Entre los más renombrados están Cristóbal Torriente por sus tres cañonazos contra los Gigantes de New York, el 6 de noviembre de 1920 en el Almendares Park; Richard Dick Sisler, del Club Habana, por sus 4 jonrones en los juegos del 23 y el 24 de enero de 1946, y Orestes Miñoso con 5 los día 9, 11, 14 y 15 de noviembre de 1952.
La tradición beisbolera continuó con las Series nacionales a partir de 1962. Entre los hombres de poder se impusieron Miguel Cuevas, Raúl Reyes, Pedro Chávez y Felipe Sarduy. Cuevas con 83 pelotas desaparecidas en 13 temporadas y Sarduy con 97 en 21 campañas devinieron íconos de los años sesenta. Brillaron después Agustín Marquetti (19 jonrones en 1969), Armando Capiró (22 en 1973), Pedro José Rodríguez (28 en 1978 y 286 en 15 años), Antonio Muñoz (370 en 24 series) y otros beneficiados por la caída del pitcheo durante el uso de las bolas vivas y los bates de aluminio, entre 1977 y 1999.
Entre los vuelacercas de entonces aparecen, con más de 200 jonrones, los matanceros Lázaro Junco, Juan L. Baró y Julio G. Fernández; el capitalino Pedro Medina; los habanistas Juan C. Millán y Romelio Martínez; los villareños Víctor Mesa, Oscar Machado y Alejo O Relly; el espirituano Lourdes Gourriel, el más oportuno en los encuentros internacionales; los camagüeyanos Leonel Moa y Reinaldo Fernández, y los pinareños Luis G. Casanova, Fernando Hernández y Lázaro Madera. La superestrella de la fiebre jonronera fue el santiaguero Orestes Kindelán con 487 en las series nacionales (30 en la Selectiva de 1986) y 102 en otros torneos. Seguido por Lázaro Junco (405) y Omar Linares (404).
La mística de los dioses del bateo continúa en el béisbol cubano de principios del siglo XXI. Ahora desaparecen la bola con frecuencia los espirituanos Yulieski Gourriel, Eriel Sánchez y Frederick Cepeda; los santiagueros Alexei Bell, Rolando Meriño y José J. Ruiz; el industrialista Alexander Mayeta; el pinareño Yosvani Peraza; el cienfueguero Osvaldo Arias y el tunero Joan C. Pedroso. Tal vez les falte la arrogancia y la fama de algunas figuras del pasado, pero sus batazos conmueven a los aficionados.
Más no basta con los grandes batazos, nuestro béisbol debe revisar sus patrones de juego, conceder libertad de contratos a los atletas, trabajar más el pitcheo, el toque de bola, el robo de bases y otras técnicas que inciden en las victorias y conmueven a las graderías.