viernes, 17 de octubre de 2008

El blog de Yoani. Por Miguel Iturria.

Un blog es un espacio virtual que a veces trasciende las redes de Internet. Los políticos colocan en el suyo sus discursos, las emisoras radiales le cuelgan textos informativos, los periodistas lo convierten en una columna sin editor y otros lo utilizan como bitácora personal.
Generación Y, de la célebre bloguera cubana Yoani Sánchez, es una brújula que rastrea sus pasos por las calles de La Habana, cuyo absurdo habitual la llevó al exorcismo. Ella misma definió su arte blogética como “una bitácora a saltos, intermitente y retrasada…” y calificó sus escritos como “desencantadas viñetas de la realidad”, pues “después de probar con el silencio y la evasión, no resultaron”.
Ante la pregunta “¿Por qué Generación Y?”, la ganadora del Premio Ortega y Gasset de periodismo digital, respondió: “Porque arrastro la culpa generacional del silencio, de la pasividad y del asentimiento tácito. Creo que ya va siendo hora de que mi gente se haga oír, en toda su pluralidad y desencanto”.
Esa y otras razones, quizás más íntimas, anidan en las reseñas y en las ilustraciones que complementan el posteo de sobrevida que es Generación Y. El mismo comprende el período del 2 de abril del 2007 al 29 de junio del 2008, y circula en un pequeño CD de Ciber Prensa, formato Word Pres, plantilla Mandigo.
Su alegato generacional traspasa el interés de quienes franqueamos el umbral de los treinta años. Las mini crónicas de Yoani son un diario de circunstancias que narran la incertidumbre de muchos cubanos, lo cual acentúa el interés de esos textos breves, alusivos, irónicos y bien escritos. Ella sabe que lo personal difiere pero se torna colectivo en un país con consignas anticuadas, batallas ficticias, pregones de igualdad, soberanía arrendada, diáspora desmedida y chistes que desacralizan la distorsionada visión ideológica impuesta desde el poder.
Lo sabe y lo recrea de forma desenfadada. Casi nada pasa desapercibido para esta habanera que le ha tomado el pulso a la ciudad. Sus descargas tienen valor testimonial, pero no hay frivolidad en la catarsis. Detrás de cada suceso glosado hay una dosis de análisis condimentada con sátira y humor. La bloguera tiene estilo propio y conoce las pautas del periodismo digital.
Mención especial merecen sus fotografías, los cuadros, los fotomontajes, el uso de los grafitis, las litografías de César Leal, Carlos Verdecía, Robespierre y otros amigos que colaboraron con ella en las ilustraciones. Estas calzan los textos pero valen por si mismas; sin ellas la escritura perdería parte de su magia y el mensaje sería menos convincente.
En el blog que ahora circula en CD hay reseñas culturales, comentarios de libros, sucesos urbanos, apuntes de un atraco, una redada policial y nota que apresan un instante de la vida política cubana, la cronología de una velada en el Café teatro nacional, un recorrido en bici taxi por las calles de La Habana. Yoani habla de los carteles políticos, de un ómnibus biplanta para turistas, de la escuela del hijo, el cumpleaños del marido o de alguna de las reflexiones del Comandante en Jefe.
La aparente sencillez de sus análisis colinda con la agudeza de las observaciones. La autora conectó el radar y trató de descifrar las claves de la realidad. Su peculiar sensibilidad parece una alfombra de acceso al entramado social que la inquieta.
Títulos como “Cambiar el cartel” (Junio 29 del 2008), “Votemos por el humor” (mayo 31), “Las verdades de Zanussi” (febrero 28), “Parlamento viene de parlar” (enero 22), “De tele clases y otros absurdos” (dic. 12 del 2007), “Las medias noticias” (octubre 5) o “Internet por señas” (13 de agosto), devienen retratos incisivos del entorno insular, ángulos de nuestra cultura.
En el primero advierte: “Hay definiciones, consignas y formas de llamar las cosas que siguen usándose por puro automatismo, aunque en la realidad poco quede que justifique esos apelativos…La realidad no se parece a lo que se anuncia…”
Habla de un programa humorístico y del actor “que pinta de burla nuestro absurdo cotidiano…”, al cual considera “la única figura pública en la que veo representada mis demandas”.
Reporta la intervención de un cineasta italiano en el Cine Chaplin y ubica la tesis de su filme al entorno cubano, donde “el camuflaje, la simulación y el cinismo de los viejos es más permanente de lo que pensamos”.
El uso de títulos irónicos como “En busca de la piedra Rosetta” (febrero 25 del 2008) o los citados “Parlamento viene de parlar” e “Internet por señas”, acentúan el valor de comentarios que recrean, desde el absurdo, la actualidad política del país y el escepticismo de la bloguera ante los cambios anunciados por el grupo gobernante.
Los propios avatares del blog de Yoani, los links, los comentarios y la censura de “los boicoteadores y los muchachos de la Brigada de la respuesta cibernética…” también ocupan espacios en estas páginas; en las que ella presenta a Potro salvaje y otros bloggers que oxigenan la incipiente blogósfera cubana.
Como no es posible referirnos, desde la brevedad de esta nota, a todos los duendes, fantasmas y problemas que desata la creadora de Generación Y, invito a los lectores del ciberespacio a buscarlo en Google o localizar el CD que circula de mano en mano en La Habana y otras ciudades. Tal vez Yanisleidi, Yoandri, Yusimí o Yunieski acudan a su reclamo.

Ernesto Cardenal y la revolución perdida. Por Luis Cino.

No importa lo que diga la carta de Rosario Murillo, la esposa del jefe de la mafia sandinista de Managua. En la UNEAC, precisamente por estar compuesta (aparte de algún que otro impostor) por artistas y escritores, saben bien quien es Ernesto Cardenal.

Ernesto Cardenal cumplió 83 años en enero. Es reverenciado y querido por sus compatriotas, pero no por la pandilla corrupta que gobierna Nicaragua. El 22 de agosto, un juez vendido al gobierno halló culpable al poeta y lo condenó a pagar una multa de 20 000 córdobas. Ernesto Cardenal dice que fue una venganza del presidente Daniel Ortega. Tiene razón. Cardenal conoce el pie que calza su antiguo jefe y compañero de trajines revolucionarios.

Además de poeta, Cardenal ha sido sacerdote, guerrillero y ministro de cultura. Desde hace años es un disidente de los sueños por los que luchó y sufrió. Con melena y barba blanca, boina, cotona y crucifijo, dividió su amor entre Dios y la revolución. El primero lo acompaña siempre. La segunda le falló. Sólo le quedó el amor al pueblo. Sin él, no hay revolución que tenga sentido.

Cardenal cantó a los indios y a Marilyn Monroe, a sus compañeros muertos en la guerra, a Dios y a la Nada. Alguna vez se enamoró platónicamente y escribió hermosos epigramas para una muchacha llamada Claudia. Pero ella amaba a otro. El cura-poeta se encerró en su habitación y escribió, en vez de poemas, un artículo contra la dictadura de Somoza por el que lo metieron preso. Ahora, los que lo amenazan con la cárcel, lo multan y lo difaman, son sus camaradas de antaño.

El poeta lleva años de pleito legal contra el alemán Enmanuel Zerger. Hace más de tres años, Ramón Rojas, el abogado de Daniel Ortega, asumió la acusación contra Cardenal. Zerger, además de robar tierras, se llevó pinturas y artesanías de los humildes artistas de las islas de Solentiname para venderlas en Europa. Nunca las pagó. Por defender los derechos de los pintores y escultores de Solentiname, Ernesto Cardenal ha sido multado por “injurias y calumnias”.

Cardenal cumple un deber al defender del timador teutón el arte de la comuna de campesinos e indígenas que a inicios de los 70, en medio de las aguas del Lago Nicaragua, se aglutinaron en torno a él y sus enseñanzas de profeta bíblico en tiempos de dictadura.

Los sueños de un grupo de artistas son agredidos con brutalidad por un negociante sin escrúpulos. El estafador cuenta con la complicidad de un gangster vestido de revolucionario que busca vengarse del anciano poeta que fuera su camarada. Otro sórdido escándalo, otra vileza más, a la cuenta de Daniel Ortega.

Tenía razón el Papa Juan Pablo II cuando amonestó públicamente en Managua, en marzo de 1983, al ministro-sacerdote. No se puede servir a dos amos. No es posible que un pastor sea amigo de los lobos.

En la UNEAC se cuidaron de pronunciarse contra Daniel Ortega, pero saben quienes son los verdaderos figurones y para qué sirve la carta infame de la primera dama nicaragüense. Aunque no comparta sus motivos para considerarlo “un amigo entrañable”, me alegra que la UNEAC no se sume a la campaña de odios contra Ernesto Cardenal.

Algunos reprochan la apuesta a ultranza de Ernesto Cardenal por la revolución de Fidel Castro. Prefiero pasar por alto la miopía de Cardenal. Estoy de su lado frente a la vendetta de Daniel Ortega. Puesto a elegir entre un sinvergüenza y un poeta, me quedo con el poeta.

luicino2004@yahoo.com

lunes, 6 de octubre de 2008

Mujeres apasionadas. Por Miguel Iturria Savón.

Ellas quieren ser felices y han echado a andar por sus propios pies. Andan como los demás: dos pasos al frente, uno al costado y tres atrás. Son alegres, atractivas, optimistas y desobedientes. Se llaman Ana, Aracelis, Janet, Kenia, Miladis y Niurka. No buscan a un hombre que las represente, pero si aparece un buen tipo se convierten en señoras y aprenden a portarse bien.
De ellas, solo Aracelis estuvo presa como medida cautelar. La acusan de asediar a los jovencitos. Su hermana Janet contrató a un abogado pues en el Tribunal municipal de El Cotorro le informaron que le aplicarán la Ley de peligrosidad social. Tal vez por eso Aracelis está tranquila a pesar de las miradas y propuestas de los hombres que desean subir al cielo en sus brazos.
A Kenia le va bien con su tercer esposo, aunque no tanto como a la sobrina que vive en el sur de Italia con un blanco narizón, a quien una chica envidiosa le hizo llegar los datos del amante que la mulata contrató como chofer cuando vino de vacaciones.
Ana, Miladis y Janet siguen solteras y tranquilas. Solo sus atributos físicos y la sensualidad de sus pasos delatan los sueños y las pasiones que cobijan en la piel. Ellas renuevan la esperanza de viajar al extranjero y comentan con desenfado el ejemplo de Niurka, la ex mujer de Juanito, quien llegó hace unos días de Buenos Aires, a donde viaja dos veces al año a solicitud de su nueva pareja sentimental.
A los treinta y siete años Niurka no es la mulata de ensueños que vino a conquistar La Habana desde los Mangos de Baraguá, un caserío montañoso de la zona oriental mencionado en los libros de historia. Ya no es una jovencita, pero es elegante, viste a la moda, tiene casa propia, un ex marido que le cuida al hijo mientras viaja y un amante argentino de clase media que paga sus gastos y la llama los fines de semana.
Mi vecina ha triunfado en el mercado del sexo. Es centro de los murmullos del barrio. Su casa es visitada por las amigas que esperan por otro príncipe azul. La hija de Miladis y varias chicas balbucientes le piden consejos. Ella les sugiere orientarse al turismo y estudiar inglés.
Quizás tenga razón, pues las jineteras cubanas ejercen el viejo oficio de las féminas con un fin predeterminado: marcharse del país y ayudar a la familia. ¿Por qué querrán irse de una isla tan bella?
Si la esperanza es la lluvia de las almas, les deseo suerte a mis alegres y atractivas vecinas. Me satisface saludarlas con una sonrisa cómplice, saber que se sienten libres en medio de tantas incertidumbres, desarraigos y alienación.
Ana, Aracelis, Janet, Kenia, Miladis, Niurka y otras exploradoras del horizonte insular son mujeres apasionadas, como las brasileñas de ficción de la telenovela de las nueve. Sus sueños y problemas tapizan el lienzo de nuestra realidad.

Travesías de muerte. Por Miguel Iturria Savón.

El miércoles pasado leí una nota de Roberto de Jesús Guerra sobre un grupo de cubanos que partieron hacia La Florida en una balsa y, dos semanas después, nadie sabía su paradero. El viernes, una colega me mostró la imagen de tres de los balseros desaparecidos, de los cuales ella conocía a uno que pasó un curso de periodismo y era un neófito en cuestiones marítimas.
El sábado escuché nuevos rumores sobre los posibles desaparecidos. En tales casos las variantes no son muchas. Nuestros balseros pueden ser detenidos por los guardacostas cubanos, quienes los traen de regreso, lo multan por intento de salida ilegal y lo envían a casa o a prisión, según la política penal de turno. Si lo interceptan los guardacostas de los Estados Unidos también son devueltos a la isla, salvo los perseguidos políticos. La peor alternativa es perder la vida ante el embate de las olas y la fragilidad de la embarcación.
Los balseros cubanos son personas desesperadas. Para ellos el futuro está en el norte. Saben que se juegan la vida pero no piensan en la travesía. Enfrentan la odisea para saltar las tribulaciones de un régimen que le exige sacrificios y obediencia a cambio de un futuro ambiguo. El sueño suele ser costoso.
Sobre el tema se ha escrito muchísimo en cincuenta años. Hay listado de muertos, tragedias familiares y encarcelados. Partir en una balsa equivale a quemar las naves, pero las gentes optan por el riesgo. Las causas son obvias: un grupo de hombres envejecidos en el poder insisten en construir la utopía. La quimera socialista es tan bella y agresiva que constriñe la esperanza de una vida mejor en el reino de este mundo.
El caso de los balseros es tan habitual que embota nuestra sensibilidad. Hay un itinerario del norte que busca las costas de los Estados Unidos. México es un punto en esa hoja de ruta, su territorio colinda con la nación norteña. Los balseros también parten por el sur hacia Honduras, Costa Rica o República Dominicana; luego rectifican el rumbo. Algunos evitan la travesía y se adentran por tierra en la Base naval norteamericana de Guantánamo. Esta variante no está exenta de peligros.
No hay un calendario de escape. Los fugitivos prefieren la temporada no ciclónica, pues de mayo a noviembre el Mar Caribe es asolado por huracanes que recalan en el Golfo de México y suben por el sur de los Estados Unidos, cuyo gobierno es el enemigo simbólico de las autoridades comunistas de Cuba.
Al leer la nota de Roberto de Jesús Guerra sobre los balseros cubanos perdidos en el mar recordé un reportaje del periódico español ABC. Se titula “El Atlántico cobra otras 14 vidas”, está fechado el jueves 4 de septiembre y describe la tragedia de sesenta inmigrantes africanos que llegaron a Santa Cruz de Tenerife después de doce días de travesía marítima.
El problema es parecido y enorme la coincidía. Los cubanos cruzan en balsa el Estrecho de la Florida; los subsaharianos salen de Mauritania en frágiles cayucos hacia las Islas Canarias, archipiélago español en medio del Atlántico. Son travesías de muertes. Los sobrevivientes exhiben sus quemaduras. La esperanza de cambio compensa los tatuajes del alma.

viernes, 3 de octubre de 2008

Subir la parada. Por Miguel Iturria Savón.

La soberbia de los tiranos no tiene límites, más aún si languidece cual despojo del tiempo que marcaron con sus actos y decretos. La petulancia de Fidel Castro y de los amanuenses que escriben sus “reflexiones” colma la paciencia de cualquiera. En sus últimos artículos el caudillo demuestra desde la cama que mientras tenga lucidez impondrá sus dictámenes al pueblo de Cuba, a través del equipo sucesorio que preside su hermano Raúl, segundón del déspota y pantalla del totalitario insular desde agosto del 2006.
Las últimas reflexiones de Fidel Castro son como la sombra de un fantasma que nos degrada. El alter ego del mandatario conserva intacta la capacidad para crear problemas. Ni los desastres provocados por los huracanes lo hacen bajar la parada. No mira hacia abajo sino al horizonte, donde gravita en el limbo de los Mesías y gladiadores antiimperialistas.
La diatriba del ex mandatario contra la ayuda ofrecida por la Unión Europea, el Gobierno de los Estados Unidos y los exiliados cubanos en ese país, deja a la población cubana en el desamparo y la miseria. Bloquear la entrada de alimentos, medicinas, ropas y materiales de la construcción de 25 estados del viejo continente es una desfachatez del dictador, quien solo aceptó auxilio de Rusia, España y Bélgica.
¿De qué dignidad puede hablar un tirano que dependió durante tres décadas de la Unión Soviética y hace un decenio es mantenido por el Gobierno de Venezuela? ¿Con quién consultó el Comandante Castro -y su obediente hermano- para rechazar a los especialistas americanos que evaluarían las pérdidas y enviarían los recursos a los damnificados de los ciclones Gustav e Ike? ¿Por qué impedir las donaciones de cinco millones de dólares en alimentos y medicinas despachados sin condiciones por la Agencia para el desarrollo internacional de los Estados Unidos?
Castro mete otra vez a la isla en un callejón sin salidas. Invocar el embargo de los Estados Unidos y exhibir sus resentimientos contra la Unión Europea en medio de la catástrofe cubana, es una forma de crear tensiones a su favor y un acto de insensibilidad con los millones de personas que perdieron sus casas y pertenencias.
La estrategia de subir la parada, como si estuviéramos en una guerra, refleja la incapacidad de negociación de un líder anclado en el pasado. El tirano ha perdido el sentido del juicio, si es que lo tuvo. Pasar la raya en medio de la tragedia de un país devastado por su propio gobierno antes que los huracanes, sobrepasa el simbolismo verbal de sus ataques al Gobierno de los Estados Unidos, donde radica la mayor parte de nuestro exilio.
El tirano le niega a su pueblo los recursos donados por decenas de naciones. La complicidad y el servilismo de la élite que aplica tan absurdas decisiones agravan el problema, pues Cuba tiene una deuda de 20 mil millones de dólares y los acreedores no confían en su capacidad de pago, lo cual dificulta la adquisición de alimentos, medicinas y materiales constructivos. Los damnificados tendrán que esperar por el desbloqueo interno.
Los militares y los funcionarios que sostienen al régimen pudieran crear una alternativa al desfase del líder envejecido, pero son incapaces de forjar alianzas entre sí, el temor a los cambios los paraliza. Castro se ha convertido en el Minotauro del laberinto insular. No es fácil sujetarlo ni excluirlo.
Por ahora, la contrapartida está en la indiferencia de las multitudes. Solo los locutores de la radio y la televisión leen, por obligación, las reflexiones del colérico ex mandatario que entreteje su inmortalidad a costa de su pueblo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

¿Robaron o no la guantanamera? Por Luis Cino.

¿Robaron o no la Guantanamera? / Luís Cino.

El 5 de septiembre se cumplieron 100 años del nacimiento de Joseíto Fernández. Un aniversario tan redondo es buena ocasión no sólo para recordar al cantante de figura desgarbada, sombrero alón y eterna guayabera blanca, que nació y murió en el habanero barrio de Los Sitios, sino también para volver sobre el tema de si por fin robaron o no su Guajira Guantanamera.

La versión oficial cubana es presta al patrioterismo y a culpar de conjuras y robos (de música, atletas o medallas deportivas) a todo lo que no sirva explícitamente a sus planes. Según tal versión, el cantante Pete Seger (yanqui tenía que ser, no importa si “amigo de la revolución”) robó a Joseíto Fernández la agridulce tonada que identifica a Cuba en el mundo.

Raúl Martínez, investigador del Museo Nacional de la Música, culpa al folklorista norteamericano de picardía al grabar la Guantanamera con los Versos Sencillos de José Martí en los años 60. Según él, Joseíto la grabó así “desde mucho antes, a finales de la década de los 50” (entrevista con Ada Oramas, periódico Tribuna de La Habana, agosto 31 de 2008).

Para reforzar su incriminación sobre la picardía de Pete Seeger en tiempos del apogeo de la canción protesta, Martínez señala que en los sellos de sus discos, no aparece el autor, “como si fuera una tonada anónima del folklore cubano”. Martínez infiere “que hubo malas intenciones pues ha sido uno de los cantantes que más han ganado y están ganando a costa de la Guantanamera”.

De tal aseveración, lo único exacto es lo de las ganancias económicas del cantante norteamericano con la Guantanamera. El asunto no es tan sencillo como lo ve el muy mal pensado Raúl Martínez.

Pete Seeger oyó por primera vez la Guantanamera en julio de 1961, junto a la fogata de un campamento de verano en las montañas Catskills. La canción gustaba mucho a los muchachos del campamento, que la aprendieran de su profesor Héctor Angulo, un joven oriundo de Santa Clara. Éste, a su vez, la cantaba tal como la aprendió de su maestro en Cuba, el pianista y compositor español Julián Orbón: con la melodía significativamente reelaborada y el añadido de los versos de Martí.

Cintio Vitier en su libro “Lo cubano en la poesía” acreditó también la Guantanamera cantada con los versos sencillos de Martí, a Julián Orbón. Según Vitier, a fines de los años 50, las tertulias en casa de Orbón terminaban “con un gran coro loco” que cantaba la Guantanamera.

Joseíto Fernández había cantado la Guantanamera desde hacía 4 décadas. Primero, en los años 30, en la emisora Radio Lavín; a partir de 1941 en “El suceso del día”, de la CMQ. Joseíto escribía y a veces improvisaba décimas acerca de hechos de la crónica roja que narraba el programa radial.

Joseíto cantó la Guantanamera con Paulina Fernández, La Calandria, Benny Moré, Ramón Veloz y otros. Nunca la cantó igual. En cada interpretación, cambiaba no sólo las décimas, sino también la melodía.
Pero, a diferencia de lo que afirma el investigador Raúl Martínez, Joseíto no la cantó con los versos de Martí hasta más de dos años después que las versiones de Pete Seeger y The Sandpipers la convirtieran en un éxito internacional, y por carambola, en un himno itinerante de la revolución de Fidel Castro.

Migdalia Fernández, hija de Joseíto, contradice la teoría de Raúl Martínez sobre la picardía de Pete Seeger, al reconocer que cuando el norteamericano popularizó la Guantanamera, “se la consideraba como una melodía de autor desconocido, y por tanto, de dominio público”.

Pero Joseíto Fernández, que desde 1929 poseía la propiedad autoral de la melodía (en realidad, eran sólo los 8 compases del estribillo), autorizó a la disquera estatal cubana EGREM para que lo representara en el litigio internacional por la autoría de la Guantanamera.

A resultas del litigio, en 1965, la partitura de Fall River Music, Inc. de la Guantanamera apareció bajo el extenso copyright: “Música: Joseíto Fernández. Arreglo musical: Pete Seeger. Adaptación del texto: Héctor Angulo, basado en un poema de José Martí”. Así se subsanó el extravagante e inexacto copyright “Martí-Angulo-Seeger” aparecido en el álbum Pete Seeger Greatest Hits (Columbia Records, 1963).

Para los que, a pesar de todo, aún alegan que a Joseíto Fernández le robaron la Guantanamera, debe servir de consuelo que las cosas siempre pueden ser peor. El gran ausente, tanto del copyright yanqui como de los reconocimientos oficiales en Cuba, fue Julián Orbón, el músico responsable por la elaboración melódica de la pieza y la incorporación de los versos de Martí. Orbón se había ido de Cuba y vivía exilado en Estados Unidos. Pese a lo que dijera Cintio Vitier, los comisarios culturales del régimen no podían dar el menor crédito de la emblemática canción a un enemigo.

luicino2004@yahoo.com

Ariel, Israel, un catalejo y mucha mala fe. Por Luis Cino.

Ariel, Israel, un catalejo y mucha mala fe. / Luís Cino.

Arroyo Naranjo, La Habana, septiembre 18 de 2008, (SDP) Una polémica circula por estos días en Internet entre el poco conocido cantautor Ariel Díaz e Israel Rojas, cantante del popular grupo Buena Fe. Los argumentos de ambos han vuelto a poner de manifiesto, entre otras cosas, los vicios, manías, prejuicios, poses y muletillas, de la canción inteligente en Cuba.

En el duelo entre Ariel Díaz e Israel Rojas, sobre todo por parte del primero, hubo zancadillas, golpes bajos, veladas incriminaciones ideológicas, disquisiciones filosóficas, intolerancia y amagos de chivatería. Pero sobre todo, y por parte de ambos, mucha “muela bizca” y “metatrancosa”. Esos son los principales nutrientes del entorno trovadoresco del que ambos proceden.

Israel Rojas en algún momento decidió poner los pies en la tierra. Entonces, como el teniente Mario Conde de los libros de Padura, colgó el uniforme del MININT, viajó de Guantánamo a La Habana, se buscó una banda y empezó a hacer canciones que pudieran un día, por qué no, ser populares.

Pero he aquí la maldita circunstancia de que en Cuba hay que explicarlo todo, hasta el hecho de que los discos se vendan y que las canciones que uno escribe se hagan populares. Son algunos de los extraños complejos de culpa que crearon los mandarines, también a los artistas.

No son sólo los comisarios y burócratas del Estado-patrón que subvenciona el arte los que exigen explicaciones. En algunos casos, también se creen con derecho a dar los vistos buenos, los cantores que tararean salmodias ininteligibles en las tribunas y los escritores que nunca escribieron un libro. A ellos, exponentes epónimos e incomprendidos del arte revolucionario, les repugnan y espantan, como las uvas a la zorra, el mercado, el éxito y la popularidad.

Es así que Ariel Díaz olvida olímpicamente que también es necesaria la música para bailar o romancear. Entonces se pone profundo, frunce el ceño, mira al cielo y aboga por las canciones que no venden, “las que son tan pesadas que no pueden cargar las multitudes”.

¿Qué tipo de canciones tendrían que hacer Bob Dylan, Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Joan Baez, Leonard Cohen, Chico Buarque, Milton Nascimento y hasta los mismísimos padres fundadores de la Nueva Trova, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés? ¿Acaso las multitudes no pueden con canciones como Yesterday o Garota de Ipanema?

Israel Rojas se cree obligado a perder su tiempo en explicar a Ariel Díaz y otros similares, qué tipo de arte (conceptual y a la vez vendible) hace, para qué tipo de público y cuales son sus tratos con las disqueras extranjeras. Por si fuera poco, también opina sobre la izquierda europea, las teorías de Fukuyama y ya de paso, vota por el socialismo del siglo XXI.

Las explicaciones de Israel Rojas son coherentes y hasta sinceras, pero innecesarias. ¿Qué importa al público que abarrota sus conciertos los prejuicios con el marketing y la música pop de ciertos tracatanes con pretensiones intelectuales?
A fin de cuentas, ¿qué quieren probar Ariel e Israel con sus galimatías? ¿Con quien les interesa quedar bien?

Que Ariel Díaz haga, si puede, un arte “profundo, subversivo, experimentador y valiente”. Pero sin codazos ni emboscadas contra los que hacen música más allá del Centro Pablo y otras peñas y cenáculos.

En cuanto a Israel Rojas, que olvide las etiquetas que le cuelguen y disfrute el éxito de Buena Fe. Se lo han ganado. Sólo debe ser un poco más generoso con el arte que se hace hoy en Cuba. A pesar de los pesares, no todo está hecho solo de slogans.

Pero si en definitiva, lo que quiere Israel, para no acomplejarse con el pedante de Ariel, es que no pongan sus canciones en la radio, en vez de exprimirse las neuronas hasta las 3 de la madrugada, sólo tiene que enfocar bien el catalejo. La próxima canción que escriba es posible que la censuren.

luicino2004@yahoo.com