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lunes, 12 de enero de 2009

Cartelera de fin de año. Por Miguel Iturria Savón.

En la segunda quincena de diciembre las instituciones culturales del país rediseñan sus programación en función de los rituales políticos. Realmente hacen lo mismo, pero le dan un toque de marketing simbólico al plan de actividades. Hasta la “Serenata para cuerdas”, de Harold Gramatjes, interpretada por la Camerata Romeu, es dedicada al 50 aniversario de la revolución.
La televisión anuncia los bailables de fin de año en las “Casas de la música” y en los municipios de Ciudad Habana. Todos dedicados al mismo hecho. La imagen es reforzada por las palabras de Pedrito Calvo, Fablé, Paulo FG y otros músicos “comprometidos”. No es difícil imaginar las causas de tan oportuna perorata.
Abel Prieto, Ministro de Cultura, y Julio Martínez, Secretario de la Juventud comunista, acaban de informar que el Pabellón Cuba, ubicado en La Rampa, será la sede del Festival Leer la historia, que ofrecerá filmes, libros y descargas de jazz, del 22 al 27 de diciembre. Entre los textos a presentar figuran, por supuesto, 50 canciones en años de revolución, compilación de Radamé Giro, quien empieza con “La Lupe”, de Juan Almeida, y finaliza con “Cita con ángeles”, de Silvio Rodríguez; así como La consagración de la primavera, del novelista Alejo Carpentier. Ambas obras, según el Ministro, se venderán en cada rincón del país. ¡Qué bien!
En otro lugar del Vedado, el poeta Eloy Machado, alias El ambia, dedicó su Peña mensual al 50 aniversario de la revolución. Fue en el Hurón azul de la Unión de escritores y artistas de Cuba y estuvo acompañado por el grupo Clave y guaguancó, cuyos músicos brindaron por los Orishas y por la salud de nuestros viejos gobernantes.
Por su parte, el Teatro del Museo nacional de Bellas Artes, ubicado en el Casco histórico de la capital, celebra con descargas de jazz el aniversario mencionado. Los conciertos serán hasta el 27 e incluyen las actuaciones del Trío Trisonancia, de Mauricio Gutiérrez, el viernes 19 a las 7 de la noche; el cuarteto Ébanos de La Habana, el sábado 20 a la misma hora; mientras el domingo venidero, a las 5 de la tarde, está programada la improvisación del joven trompetista Yasser Manzano.
Como los artistas plásticos también cabalgan en el potro revolucionario, la filial de la UNEAC de la provincia Villa Clara y la revista El Melaito han convocado a dibujantes del país para crear, del 18 al 20 de diciembre, un mural colectivo dedicado a los cinco espías encarcelados en los Estados Unidos. Dicho mural forma parte del Octavo salón de humorismo Santa Clara 2008.
Y en Santiago de Cuba, la Casa Heredia y la Unión de escritores, concedieron el Premio bianual que evoca a José María Heredia (1803-1839). Fueron premiados en poesía, Edel Morales, por El juego de la memoria; Damián Rabilero, con Palabra de suicida, y Ray Fasat, autor de Las dulces bestias. Amauris Gutiérrez Coto obtuvo el galardón de ensayo con Orígenes y el Paradiso de la eticidad. Cada uno de los gratificados, incluido Heredia, repitió el estribillo revolucionario. Sus obras, de próxima aparición, no cantan al suceso pero lo bendicen, según los organizadores.
La cartelera de fin de año anuncia otras actividades en La Habana, Matanzas, Pinar del Río, Trinidad, Camagüey, Las Tunas y Guantánamo. Todas dedicadas al aniversario de eso que llaman revolución, desde un bailable popular hasta un concierto de la sinfónica, una muestra fotográfica o una ópera de Verdi.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Encuentro fortuito. Por Miguel Iturria Savón.

Hace unos días, bajaba por la calle Obispo, en La Habana, y casi tropiezo con el actor Sean Penn, el pintor Kcho y el doctor Antonio Castro Soto del Valle, quienes salían de un restaurante de lujo ubicado frente al mar. El pintor y el hijo del dictador abrazaron a la estrella hollywoodense antes de que subiera a un automóvil exclusivo; luego volvieron al restaurante.
Yo seguí con hambre por otras vías de la ciudad, pero me puse a pensar en la diplomacia de la cultura, táctica usada por nuestra tiranía para acercar a su proyecto corporativo a escritores, artistas y científicos que temen a las convulsiones de la democracia y ven en los gobernantes totalitarios a salvadores de sus pueblos.
La diplomacia de la cultura se basa en la propaganda de bienestar colectivo, humanismo, equilibrio social y otras píldoras esgrimidas con éxito por Mussolini en Italia, Gerardo Machado en Cuba, Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México, Janio Quadros en Brasil y otros “hombres fuertes” de izquierda y derecha, que durante el siglo XX convirtieron al Estado en patrón corporativo de la sociedad y sumergieron a los ciudadanos en los planes y caprichos del poder.
El régimen de los hermanos Castro sabe conquistar espacios internacionales a través de sus instituciones y sus figuras culturales. Los eventos que organiza y las invitaciones a creadores de diversas latitudes están en función de la propaganda sobre la excepcionalidad de la revolución cubana.
Al ver a Kcho y al hijo de Fidel Castro abrazando a un actor de Hollywood en plena calle de La Habana, recordé a varias personalidades del patio utilizadas para atraer a celebridades de Estados Unidos, España, Inglaterra, Francia y otras naciones. El negro Kcho es un pintor talentoso, una de sus obras fue adquirida por el Museo de arte moderno de New York. La cotización de sus lienzos le abrió las puertas del Palacio, ahora es una especie de embajador cultural por encargo.
Sean Penn no le llega a los talones a su progenitor, el mítico actor y director Arthur Penn, recordado por Jauría humana, Bonnie and Cride y Pequeño gran hombre; pero vino a posar con los representantes de una autocracia legitimada por luminarias estadounidenses como el foto reportero Herbert Mathew; Harry Belafonte, rey del Calipso; Oliver Stone, quien le hizo un documental al Comandante en Jefe; Steven Spelberg –obsequiado por el orfebre Raúl Valladares-, y Michael Moore, realizador de un filme que denigra al sistema de salud de su país y exalta la medicina cubana.
En la nómina exterior de la diplomacia cultural del Castrismo figuran embajadores ilustres y controversiales, como el escritor colombiano Gabriel García Márquez, el filósofo francés Jean Paul Sartre, el narrador portugués José Saramago, el roquero inglés Sting, los cantantes hispanos Joan M. Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel y Joaquín Sabina, el vocalista argentino Fito Páez, el politólogo Noam Chomsky y otros.
Aunque algunos personajes se bajaron del tren totalitario o evadieron sus malabares políticos, creo que tales encuentros, invitaciones y agasajos no son fortuitos.

viernes, 17 de octubre de 2008

Ernesto Cardenal y la revolución perdida. Por Luis Cino.

No importa lo que diga la carta de Rosario Murillo, la esposa del jefe de la mafia sandinista de Managua. En la UNEAC, precisamente por estar compuesta (aparte de algún que otro impostor) por artistas y escritores, saben bien quien es Ernesto Cardenal.

Ernesto Cardenal cumplió 83 años en enero. Es reverenciado y querido por sus compatriotas, pero no por la pandilla corrupta que gobierna Nicaragua. El 22 de agosto, un juez vendido al gobierno halló culpable al poeta y lo condenó a pagar una multa de 20 000 córdobas. Ernesto Cardenal dice que fue una venganza del presidente Daniel Ortega. Tiene razón. Cardenal conoce el pie que calza su antiguo jefe y compañero de trajines revolucionarios.

Además de poeta, Cardenal ha sido sacerdote, guerrillero y ministro de cultura. Desde hace años es un disidente de los sueños por los que luchó y sufrió. Con melena y barba blanca, boina, cotona y crucifijo, dividió su amor entre Dios y la revolución. El primero lo acompaña siempre. La segunda le falló. Sólo le quedó el amor al pueblo. Sin él, no hay revolución que tenga sentido.

Cardenal cantó a los indios y a Marilyn Monroe, a sus compañeros muertos en la guerra, a Dios y a la Nada. Alguna vez se enamoró platónicamente y escribió hermosos epigramas para una muchacha llamada Claudia. Pero ella amaba a otro. El cura-poeta se encerró en su habitación y escribió, en vez de poemas, un artículo contra la dictadura de Somoza por el que lo metieron preso. Ahora, los que lo amenazan con la cárcel, lo multan y lo difaman, son sus camaradas de antaño.

El poeta lleva años de pleito legal contra el alemán Enmanuel Zerger. Hace más de tres años, Ramón Rojas, el abogado de Daniel Ortega, asumió la acusación contra Cardenal. Zerger, además de robar tierras, se llevó pinturas y artesanías de los humildes artistas de las islas de Solentiname para venderlas en Europa. Nunca las pagó. Por defender los derechos de los pintores y escultores de Solentiname, Ernesto Cardenal ha sido multado por “injurias y calumnias”.

Cardenal cumple un deber al defender del timador teutón el arte de la comuna de campesinos e indígenas que a inicios de los 70, en medio de las aguas del Lago Nicaragua, se aglutinaron en torno a él y sus enseñanzas de profeta bíblico en tiempos de dictadura.

Los sueños de un grupo de artistas son agredidos con brutalidad por un negociante sin escrúpulos. El estafador cuenta con la complicidad de un gangster vestido de revolucionario que busca vengarse del anciano poeta que fuera su camarada. Otro sórdido escándalo, otra vileza más, a la cuenta de Daniel Ortega.

Tenía razón el Papa Juan Pablo II cuando amonestó públicamente en Managua, en marzo de 1983, al ministro-sacerdote. No se puede servir a dos amos. No es posible que un pastor sea amigo de los lobos.

En la UNEAC se cuidaron de pronunciarse contra Daniel Ortega, pero saben quienes son los verdaderos figurones y para qué sirve la carta infame de la primera dama nicaragüense. Aunque no comparta sus motivos para considerarlo “un amigo entrañable”, me alegra que la UNEAC no se sume a la campaña de odios contra Ernesto Cardenal.

Algunos reprochan la apuesta a ultranza de Ernesto Cardenal por la revolución de Fidel Castro. Prefiero pasar por alto la miopía de Cardenal. Estoy de su lado frente a la vendetta de Daniel Ortega. Puesto a elegir entre un sinvergüenza y un poeta, me quedo con el poeta.

luicino2004@yahoo.com