lunes, 22 de diciembre de 2008

Oxígeno contaminado. Por Miguel Iturria Savón.

La primera quincena de diciembre tuvo en La Habana aires de invierno, muchas colas y cierta atmósfera festiva. Millares de personas acudieron a las salas oscuras para disfrutar las propuestas del Festival del Nuevo cine latinoamericano. También hubo béisbol en el estadio del Cerro y en otros coliseos del país; algunas óperas en el “García Lorca”; las telenovelas brasileñas en la tele y celebraciones simbólicas como el surgimiento del Ejército rebelde, el día 2; la caída en combate del general Antonio Maceo, el 7, y la marcha del 10 por el sesenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tema tabú para el gobierno y de denuncia para los opositores que llegaron al Parque Villalón del Vedado, donde fueron golpeados u apresados, mientras en el Palacio de las Convenciones las figuras del régimen teorizaban sobre el asunto ante la prensa internacional.
La cartelera mediática puso en primer plano, además, los reportes sobre las maravillas del socialismo criollo, la Cumbre del CARICOM celebrada en Santiago de Cuba, el viajecito de Raúl Castro a Caracas y a Brasil y hasta el “oxígeno que representa para los cubanos” la disminución del precio de la gasolina y de los teléfono celulares en divisa, ofrecidos por las empresas estatales que controlan el petróleo y las telecomunicaciones.
La mayoría de los cubanos no poseemos automóviles ni teléfonos portátiles, pero hay que reconocer que el 10% de la población que recibe divisas podrá adquirir los celulares por el “módico precio” de 111 pesos convertibles, más de cinco veces el salario mensual de un profesor universitario.
La medida, por tanto, es recibida con beneplácito por la minoría de automovilistas que contaminan la atmósfera con sus autos viejos y ruidosos, por las chicas que tienen novios extranjeros, los trabajadores de turismo u otros centros de moneda dura y quienes reciben remesas desde el exterior y puedan darse el lujo de comprar un celular, y pagar entre 20 y 50 pesos convertibles al mes para estar en línea con algunos amigos y familiares.
Creo que lo demás es cuento de camino pues los cubanos estamos muy angustiada con la sobrevida para pensar en el precio de la gasolina y de los celulares que la mayoría no puede adquirir.
La colega Milagro L. Guereño, corresponsal de COLPISA, dijo, sin embargo, que “Con la adopción de estas medidas, la isla abre un poco más su modelo económico…” Al referirse a la visita de Raúl Castro a Venezuela, la ve como “Otro gesto de apertura paulatina”. ¡Qué imaginación!
Otro ángulo visual lo aporta un periodista independiente que no posee automóvil ni celular, pero aprecia “la rebaja sustancial en los precios de la telefonía móvil”, como una victoria de los reformistas que forcejean dentro del gobierno para modernizar el país.
Hay interpretaciones contrapuestas sobre las cosas que sucedan en esta isla, donde no pasa casi nada. Al menos en el tema de la apertura y los cambios democráticos, más virtuales que reales. Tal vez el frío de diciembre, las películas del festival y las colas del fin de año oxigenen nuestra atmósfera y bajen las tensiones, el simbolismo ritual y las pasiones.

La ciudadana y la princesa. Por Aleaga Pesant.

Estaba previsto el encuentro,era un asunto de tiempo y de género. Las espadas más afiladas del espectro político tenían que cruzarse. Lo hicieron. ¡Y de que manera!La atmósfera del fortuito y accidental encuentro, no pudo ser máselevada. El hemiciclo del museo de Bellas Artes. El escenario, unaconferencia sobre el tema de la tolerancia sexual. La bloguera y la sexóloga se enfrentaban al fin, aunque nunca habían sido presentadas.Por una parte, la glamorosa princesa: culta, fina, elegante, discreta.Heredera del gran latifundio de los hermanos Castro. Educada en lasmejores escuelas de la nación. Arropada y mimada por las tres personas más visibles del poder político en el último medio siglo. Acostumbradahacer sugerencias travestidas en órdenes y al servilismo de sus lacayos. Conocedora del mapamundi por la suela de sus zapatos. Por la otra parte, la nacida en Cayo Hueso, popular y populoso barriohabanero del municipio Centro Habana; zona de chulos y proletarios,jineteras y doctoras, de solares en ruinas y parques con olor a mariguana. Hija de un ferroviario. Vivió en Suiza y regresó porque no quería otropaís, sino otra Cuba. Lo comprendió leyendo a Cervantes, Cortázar y Borges. El cruce fue directo a los ojos, breve, un haz de luz. La pregunta: – ¿Cuando habrá tolerancia con las opiniones políticas diferentes? La respuesta de las más sobrias, digna del escalón: – Ese, no es mi tema.Todo pasó en la centésima de segundo en que ambas se midieron. No hubo réplica. Sólo las miradas sostenidas y un mensaje claro. ¡Aquí estoy! Luego todo se perdió en el humo. Los guardaespaldas, aun somnolientos alzaron los walkie-talkies. Se confesaron en susurro público la presencia de la adelantada. Era ella, la retadora, y ante la disyuntiva, la dejaron salir dejándoselo saber.¡Que garbo, precisión, distinción! Era un final de manual de protocolos políticos. ¡Cuantos esfuerzos para educar y convertir a una princesa, en el rostro amable de la dictadura! ¡Cuanto talento y valor para enfrentar a uno de los epítomes del establishment, asumiendo las consecuencias! Los noticiarios internacionales se hicieron eco del suceso y todo comenzó a otra vez, pero trastocado. Papeles invertidos. La residente en la mansión reservada para la nomenclatura, se elevó al ciberespacio y con la chancleta en el dedo gordo del pie izquierdo, recurrió al epíteto y a la descalificación. ¿Fue su decisión? o la orden de no dejar sin cobrar el desafío. El texto maligno, lleno de intolerancia, lo colgó en su portal particular, el del Centro Nacional de Educación Sexual(CENESEX).Pero… la estaban esperando. Un paso al lado y en dos párrafos le devolvieron el golpe a la princesa convertida de pronto en ciudadana. Emplazada por un punto en la muchedumbre llamado Yoani Sánchez.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Europa en el Festival de La Habana. Por Miguel Iturria Savón.

El Festival del Nuevo cine latinoamericano de La Habana, incluye en su programación del 2 al 12 de diciembre, la pluralidad temática y estilística del cine europeo, representadas por 6 filmes alemanes, 10 de España, 8 de Francia, 6 de Italia, 9 de los países nórdicos (Dinamarca, Noruega y Suiza), 4 de Rusia y una vasta retrospectiva de animados polacos, nación que exhibió un ciclo de Andrzej Wajda en noviembre pasado.
Cada muestra constituye en si misma una opción diferente para los cinéfilos cubanos, ávidos de cintas que reflejen las inquietudes de otro contexto social y creativo. En su conjunto, acreditan el espectro de identidades y generaciones que expresan la riqueza artística del viejo continente.
Los realizadores alemanes exhiben Am ende komen touristen, de Robert Thalheim, sobre un joven que descubre el Auschwitz promovido por el turismo; Un amigo mío, de Sebastián Schipper; Flores de cereza, melodrama de Doris Dörrie; Warchild - Stille Sehnsucht, acerca de una mujer de Bosnia que busca a su hija después de la Guerra de los Balcanes; Nube 9, de Andreas Dresen, y el documental Piscina de princesas, de Bettina Blümner.
España, presente en coproducciones de Cuba y otros países latinoamericanos que compiten en nuestras salas, está representada por Amanecer de un sueño, de Freddy Mas Franqueza; Camino, de Javier Fesser; El silencio antes de Bach, de Pere Portabella; Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda; Sexy killer, de Miguel Martí; Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Alarcón; Una palabra tuya, de Ángeles González-Sinde; Los crímenes de Oxford, de Alex de la Iglesia con Gran Bretaña y Francia; Elegía, de Isabel Coixet, y el documental Historia de un grupo de rock, de Juanma Bajo Ulloa.
La cinta de Gutiérrez Aragón genera expectativas, pues aborda el dilema de Josu, joven etarra herido antes de ser apresado, quien pierde la memoria en el hospital de la cárcel, donde las monjas lo convierten al cristianismo; mientras Xabier, profesor universitario que coquetea con la psicóloga del penal, es amenazado por los compañeros de Josu.
El cine francés, muy apreciado en nuestra isla, trae obras de Jean Becker (Deur jours á tuer), Laurent Cantet (La clase), Serge Bozon (La france), Robert Guédiguian (Lady Jane), Christophe Honoré (Canciones de amor), Laurent Tirard (Las aventuras amorosas del joven Moliére), Céline Sciamma (El nacimiento de los pulpos) y Mia Hansen-Love (Todo está perdonado).
Convergen en La Habana cineastas italianos de varias generaciones y propuestas, como los veteranos Giuliano Montaldo, con Los demonios de San Petersburgo, y Ermanno Olmi (Cien clavos); el napolitano Pappi Corsicato (1960), realizador de La semilla de la discordia; el turco nacionalizado Ferzan Ozpetek (1959), autor de Un día perfecto; el romano Mateo Garrone (1968), quien trae Gomorra, sobre seis historias enlazadas por el crimen y la violencia organizada, y el célebre Antonello Grimaldi (Caos tranquilo).
La cinemateca nórdica trae, de Dinamarca, a Kristian Levring (Fear me not), Ole Christian Madsen (Flame and citrón), y Peter Schonau Fog (El arte de llorar). De Noruega, los filmes Mirush, de Marius Holst; Gone with the woman (Petter Naess), y Reprise, de Joachim Trier en coproducción con Suecia; nación representada por Darling, de Johan Kling; Heaven’s heart, del realizador Simon Staho, y Tu que estás vivo, del célebre Roy Andersson, con el apoyo de Francia, Alemania, Dinamarca y Noruega.
Mosfilm, una cierta mirada rusa, retoma dos clásicos del cine soviético: El tío Vania (1970) y Espartaco (1975), y dos obras recientes: Estrella (2002) y La desaparición del imperio (2007); todas de ficción.
De Europa se exhibe, además, una excelente retrospectiva de animación polaca. Se trata de un puñado de obras maestras del período moderno, entre estas El cambio de guardia (1958), de Holina Bieliñska; Laberinto (1961), de Jan Lenika, maestro de la metáfora; Escalera (1968), de Stefan Schbenbeck, artífice del chiste filosófico; Sopa (1974), de Zbigniew Rybeyñski; Banquete (1976), de Zofia Oraczewska; Reflejos (1979), de Jerz Kucia; El viaje, de D. Szcechura y otros creadores de fina ironía, agudeza y gran elaboración plástica.

Lectura colectiva. Por Miguel Iturria Savón.

El viernes 5 de diciembre leía El Nuevo Herald mientras esperaba el P 2, en G y 3ra, a cien metros del Malecón y del Ministerio de relaciones exteriores, en El Vedado. Como el ómnibus se demoraba algunas personas conversaban entre si. Tres hombres maduros susurraban a mi lado sobre la situación del país. Uno de ellos me pidió permiso para “echarle un vistazo al periódico”. Sus colegas lo imitaron; el segundo buscó las páginas deportivas; el otro las noticias sobre Cuba.
Cuando subimos al P 2, el primero de los hombres se sentó a mi lado, sus acompañantes ocuparon los asientos del frente. Compartí la lectura del diario miamense con los tres viajeros y con los jóvenes que curioseaban desde el pasillo. El que iba a mi lado leyó fragmentos del artículo de Andrés Reynaldo, pasó después a un texto de Rivero Caro sobre Lenin y Chávez. “Chávez es el mejor discípulo de nuestro señor”, dijo el más viejo, quien se conectó al tema político como si estuviera en la sala de su casa, donde ya no está su hijo mayor, “detenido por obra y gracia de una reflexión del Comandante…”
El más joven de los tres le siguió la rima: “Fidel es un cadáver político, ya no manda ni en su casa, quienes escriben por él lo reinventan para que todo siga igual. Mientras Chávez y los chinos apoyen a Cuba, Raúl seguirá con el cuento del Comandante y el socialismo. Vamos a ver qué inventa cuando Obama le retire el embargo y Chávez le quite la chequera de los dólares…”
En ese tono siguieron vaticinando el destino de la isla y el protagonismo de los Castro, mientras el ómnibus transitaba por la extensa Lacret. Yo me bajé en la parada del Diezmero con El Nuevo Herald bajo el brazo. Ellos continuaron hacia San Francisco o El Cotorro en medio de la indiferencia del resto de los pasajeros.
Aunque no suelo pensar en las ordenanzas del Comandante ni del General Castro, creo que mis acompañantes del P 2 no andan muy errados. Los tres hablaron con desdén de los hermanos que agobian al país. El que tiene al hijo preso cree que el Comandante está enfermo pero sigue al frente de todo, pues “sus reflexiones son órdenes para el gobierno, el partido y los tribunales…”
La gente tiene derecho a decir lo que piensa, pero hablar de un Castro contraponiéndolo al otro me parece un chiste metafísico. Ambos encarnan el estatismo, la represión, el control burocrático y la falta de libertades ciudadanas.
Nuestra población vibra y sucumbe ante el desasosiego, la incertidumbre y las frustraciones cotidianas, mientras el caudillo y su sucesor deforman los ángulos de la realidad insular. La mentalidad de trinchera de estos hombres les impide ver los cambios que el país necesita.
De todas formas, en un país como el nuestro, leer y pensar en público contra la contracorriente es un acto de libertad. Gracias viajeros por su compañía.

Dependencia judicial. Por Miguel Iturria Savón.

Uno de los presupuestos del estado de derecho es la existencia de un sistema de tribunales fuertes e independientes, con poder, autoridad, recursos y el prestigio necesarios para exigir a los funcionarios gubernamentales de todos los niveles que rindan cuentas de sus actos, conforme a las leyes de la nación.
Se supone que los jueces sean libres de presiones políticas, lo cual garantiza la imparcialidad ante los hechos y la transparencia del proceso judicial.
Esto viene a cuento pues en Cuba sucede todo lo contrario, lo que es evidente en los artículos antinómicos que hallamos en la Constitución del país. Veamos, por ejemplo, el 75, inciso g, cuya lectura demuestra que el Tribunal Supremo le rinde cuentas a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la cual sesiona oficialmente dos veces al año.
Como si fuera poco, el artículo 90 expone, entre las atribuciones del Consejo de Estado, las de “impartir instrucciones de carácter general a los tribunales a través del Consejo de gobierno del Tribunal Supremo Popular…”, convirtiéndolo así en un instrumento directo de su política, lo cual se materializa en el tercer párrafo del artículo 121, donde indica que “el Tribunal Supremo toma decisiones, dicta normas… e imparte instrucciones de carácter obligatorio al sistema judicial…”
El 121 obliga a los tribunales a aplicar las órdenes recibidas, pues expone que “el sistema de tribunales se subordina jerárquicamente a la Asamblea Nacional y al Consejo de Estado”, restándole su libertad e independencia.
Finalmente, en antinomia con lo expuesto y en franca ironía con tales preceptos, el artículo 122 de la Constitución precisa: “los jueces son independientes y no deben obediencia más que a la ley”. ¿Será un chiste o una ambigüedad para confundir a quienes investiguen la legislación cubana en un futuro?
Obvia decir que en Cuba, bajo el castrismo, los tribunales no exigen cuentas, sino que las rinden a la Asamblea Nacional y son utilizados como instrumento del Consejo de Estado, a través de las instrucciones obligatorias del Tribunal Supremo.
Se deduce pues, el limitado papel de los jueces, fiscales y abogados. Si los jueces que deciden no son libres, ¿qué queda para el resto de los operadores del derecho?
Para ilustrar lo expresado bastan dos instrumentos legislativos, la Instrucción 175 del 2004 y la 188 del 2008, ambas emitidas por el Tribunal Supremo. La primera sugiere la imposición de multas, la prisión en última instancia, la consideración hacia los delitos cometidos por los jóvenes, atenuar las sanciones siempre que sea posible y no apreciar los antecedentes penales que debieron ser cancelados y no lo fueron. La segunda sugiere agravar el marco sancionador ante determinadas circunstancias, como la del artículo 53 e.
La Instrucción 188 del 2008 surgió, “casualmente”, después de una reflexión del ex gobernante Fidel Castro Ruz, quien exigió mano contra determinados infractores de la ley después del paso de los huracanes “Gustav” e “Ike”, en septiembre pasado. Para complacer al Comandante las autoridades desencadenaron la llamada “Operación Victoria”, oleada represiva que le arruinó el vestido a la justicia al vincular a sus órganos, variar y alterar el arbitrio judicial en función de una orden política.

lunes, 8 de diciembre de 2008

La paz en Colombia. Por Aleaga Pessant.

LA PAZ EN COLOMBIA. / Aleaga Pesant.
En su constante afán de conocimiento político el Presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez, me llamó por teléfono para saber como adquirir el último libro acreditado al ex presidente Fidel Castro, La paz en Colombia.
Luego de largas pesquisas, solo pude avisarle que el titulo no se encontraba en la isla. Toda la producción fue enviada a la novel Feria del Libro de Caracas. Una forma de levantar las expectativas comerciales del texto. Quienes deseen leerlo en la isla deberán esperar a finales de enero.
Según los comentaristas oficiales, sobre todo el periodista Pedro de la Hoz, el texto goza de la referencia histórica. En ella se realza una supuesta posición del gobierno militar a promover la paz en el país suramericano.
Para lograr el objetivo citado, el libro, del que muchos discrepan fuera escrito por el ex presidente cubano, debe pasar por alto la larga historia de apoyo a los rebeldes armados contra el gobierno democrático, desde sus orígenes en la década del 60, su conversión en un santuario para los rebeldes años mas tarde, muchos de los cuales reciben tratamiento medico, a través del Departamento América del Comité Central comunista, que dirigían Piñeiro, Arbezú y Abreu. También debe obviar las relaciones con las organizaciones delictivas dedicadas al narcotráfico en la década del 80. Donde el General Ochoa y otros tres altos oficiales fusilados en 1989, solo fueron los chivos expiatorios
Se sabe que los grupos insurgentes colombianos, se destacaron como los favoritos entre los movimientos guerrilleros del exterior junto a la insurgencia que en Bolivia dirigió Ernesto Guevara hasta su muerte en 1967.
En los 70, el gobierno militar siguió soñando con desestabilizar a Colombia y le permitió a la guerrilla usar la isla como puesto de escucha. Años acá, la isla asumió un papel de apoyo diferente, a medida que las batallas entre las guerrillas izquierdistas, contra los paramilitares de derecha y la Doctrina de Seguridad Democrática, del Presidente Uribe socavara la estabilidad estratégica de esos grupos armados.
Colombia, que rompió relaciones diplomáticas con Cuba a principios de los 80, decidió cambiar la estrategia para involucrarla en los procesos de paz. De esa manera la convirtió en un presionador de la guerrilla.
La Habana, respondió a esa estrategia convirtiéndose en anfitrión de las negociaciones inacabables de paz entre el gobierno y la guerrilla del Ejercito de liberación nacional (ELN), suministrando a los terroristas la exclusiva área El Laguito, vedado a la población cubana y conservada meticulosamente para ser usada por dignatarios extranjeros; o limitándose a condenar verbalmente la muerte de los lideres de las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia a manos del ejercito colombiano o a llorar la muerte del asesino Marulanda.
Las relaciones entre Bogotá y La Habana están mejorando de manera indudable en los últimos tiempos, sobre todo en el terreno económico. Pero de ahí a que el gobierno comunista trabaje por la paz en Colombia hay un tramo. Aunque los soportes de la dictadura traten de hacernos creer lo contrario.

Streetlight. Por Aleaga Pesant.

Aprovechando el adelanto del suave invierno habanero llegó a la ciudad, Streetlight, el espectáculo de la solidaridad creativa, presente en el Teatro Mella durante el último fin de semana de noviembre.
Abarrotado el teatro, apenas encontré donde sentarme para ser iluminado por un musical pop-rock al estilo de los sesenta, con danza, música, canciones, cuadros vivientes, montaje de video, juegos de luz y de sombras de gran belleza. Un espectáculo total, lleno de extraordinaria alegría.
La historia repetida de las tribus urbanas y su historial de violencia, representada como nadie en el extraordinario film West Side History, toma aquí cariz argumental e hilo conductor no bien amarrado. La narración, deja en segundo plano, la historia de un grupo de jóvenes músicos que organizan su primer concierto en una plaza publica.
West Side History, casualmente proyectada la noche del jueves en la televisión cubana, permitió crear paralelos, a los que tuvieron la oportunidad de ver las dos representaciones y notar las carencias de una respecto a la otra.
En beneficio de Streetlight, la trama argumental sirve para dar la línea de un espectáculo donde sobresale el talento de las escuelas de baile, música y coro de la ciudad y de los talleres organizados a raíz de esta presentación por la matriz del proyecto. El Gen Rosso, International Performing Arts Group.
La espectacularidad de la compañía de baile de Tony Menéndez, su vocación a la proyección escénica y su indudable peso creativo y coherencia imaginativa, marcan sin lugar el show, de hora y media de duración. Con altos y bajos, combinados con momentos de buena música, sencilla, canciones suaves y sin complejidades.
Según los organizadores, Gen Rosso es el resultado del pensamiento humanista del siglo XX, nacido en 1966, con la intención de reunir a jóvenes creadores de todo el mundo. El centro de ese proyecto internacional, se estableció de manera permanente en la región al norte de Italia en las cercanías de Florencia. Desde su nacimiento, el grupo realizó presentaciones en más de cuarenta países de los cinco continentes, cautivando a más de cinco millones de espectadores.
La evolución de Gen Rosso, recorre el largo camino que va de la etno-música, acompañada de coreografías de danza moderna que se cultivaron en la década del sesenta del siglo pasado, llegando hasta la opera rock de los años ochenta. En el 2000, se produce el debut de Streetligh - The Musical, la mayor producción concebida por el proyecto, con más de 450 presentaciones internacionales.
De regreso a casa y caminando por la calle Línea, los habaneros se ebrigaban del fresco mientras agradecían en sus comentarios la presentación “light”, del musical, perdido desde hace varios años de la escena nacional.