Los meteorólogos no reportan los nuevos vientos que soplan en la isla, pero el Noticiero del canal seis, la Mesa redonda informativa y otros espacios siguen hablando de ciclones. Las imágenes de la devastación provocada por Gustav e Ike a fines de agosto y principios de septiembre siguen en pantallas, lo cual no está mal, pero distorsiona el nuevo acontecer; es decir, la ventolera represiva del gobierno contra la población, inmovilizada por la policía y los tribunales.
Después de los ciclones los cubanos seguimos en las mismas, pero con una sobredosis de derrumbes, carencias, colas, detenciones y “precios topes” para frenar a los especuladores. Es la hora de “pescar recursos” para quitar el lodo y restaurar las casas y los diques devastados por las aguas, pero al Estado solo le importa los eslabones de la cadena y para conservarla desatan las manadas de inspectores y policías.
Los jueces y fiscales reactivan los juicios sumarios. Cientos de detenidos y procesados están tras las rejas por unos panecitos, un cake, un paquete de galletas, un racimo de plátano, un pedazo de carne, una bolsa de leche, unas cabezas de ajos o un saco de cemento, un pedazo de cable eléctrico o unos angulares de metal. Los policías frenan así las iniciativas ciudadanas.
El martes pasado el doctor Eduardo Rodríguez González, Vicepresidente del Tribunal Supremo, informó al diario Granma sobre el aumento de las “sanciones contra los especuladores”. El magistrado detalló los delitos cometidos y las estadísticas de encierro en cárceles y granjas de trabajo forzoso, entre septiembre y octubre, cifra superior a los condenados de enero al 15 de agosto del 2008.
El miedo congela las iniciativas. Hasta los chistes escasean. Las personas se vuelven recelosas. Los informantes atisban tras las puertas. Hay que esperar a que pase la marea. La cautela es un ángel guardián.
Cientos de kioscos agropecuarios han cerrado, se esfumaron los vendedores ambulantes, nadie habla de “búsquedas e inventos”. Subió la demanda y disminuyó la oferta, los precios oscilan; la desesperanza anida en los barrios, pueblos, municipios y provincias. El alza del petróleo disminuye la frecuencia de ómnibus, camionetas, trenes y automóviles.
Pero ese es el plano menos virtual de la realidad cubana. Otro es el ángulo de la prensa oficial, triunfalista y distorsionadora, atenta a los catalejos del poder, tan frío y distante como los funcionarios que viajan al extranjero y reciben permiso del Comandante o el General Castro para hablar de temas puntuales desde México o España.
Mientras la policía reprime y los tribunales condenan a “especuladores”, nuestros burócratas juegan ajedrez con los gobiernos de España, México, Venezuela, China y Rusia. De España reciben millones de euros. Con México acaban de firmar un acuerdo migratorio para devolver a los cubanos que escapan de la isla. Venezuela concede créditos y petróleo. Rusia inaugura una catedral en La Habana y el Patriarca Gunjaev condecora a los hermanos Castro.
Después de los ciclones suceden cosas contrapuestas. El jueves pasado, mientras caminaba por la calle Obispo en busca de algo para comer, casi tropiezo con el actor Sean Penn, el pintor Kcho y el príncipe Antonio Castro Soto del Valle, médico del equipo nacional de béisbol, quienes salían de un restaurante de lujo ubicado frente al mar. El pintor y el hijo del déspota abrazaron a la estrella hollywoodense antes de que subiera a un lujoso automóvil; luego volvieron al restaurante. Yo seguí con mi hambre a cuestas por otras vías de la ciudad.
El caso es un ejemplo de los contrastes y los vientos que soplan después de los ciclones. Seguimos al ritmo de siempre.
lunes, 27 de octubre de 2008
Figuración y erotismo. Por Miguel Iturria
La fachada de una isla son sus costas, pero los pintores desafían el paisaje. Las tonalidades del azul, los matices del verde y las mixturas del rojo han nutrido el panorama pictórico cubano, recreado en lienzos, grabados y litografías desde principios del siglo XIX. El exceso de luz, el colorido tropical, la geografía, el hombre del campo y el entorno urbano son temas recurrentes en nuestra plástica, cuyo camino registra nombres como F. Mialhe, E. Chartrand, Landaluce, V. Sanz Carta, Miguel Melero, Víctor Manuel, Carlos Enríquez y otros ilustres que grafican el paso entre tradición y modernidad.
En la aparente quietud de la plástica insular son notables los dibujos y pinturas de Rubén Rodríguez Martínez (Cárdenas, Matanzas, 1959), quien conjuga su labor creativa con la docencia en el Instituto Superior de Arte, donde es profesor de Serigrafía, especialidad que marca su obra pues fue uno de los fundadores del Taller artístico experimental de serigrafía “René Portocarrero”, en el cual dio clases magistrales e impartió cursos y talleres durante dos décadas.
Rubén ha participado en medio centenar de exposiciones colectivas y en más de diez representaciones individuales, de importantes galerías de La Habana, España, Estados Unidos y Puerto Rico. Desde 1983 sus grabados, lienzos y cartulinas han recibido premios y menciones dentro y fuera de la isla. En 1987 fue distinguido en Barcelona con el Premio colectivo de la Fundación Jaume Guasch; un año después obtuvo mención especial en el Salón de Ciudad Habana y, en el 2000, en el Primer salón de arte erótico.
El erotismo es una constante en la obra del artista, cuyo lenguaje creativo ha dialogado con la crítica y con el público especializado, sin tabúes ni en sentimentalismos. Su discurso visual transita por la combinación de signos, parábolas, alusiones y mensajes gráficos. Se apropia de códigos teológicos y culturales, los mezcla en una imaginería propia. En algunos óleos y cartulinas la cruz católica es acompañada por íconos de origen africano.
Pero el sincretismo que tapiza la cultura cubana es uno de los temas de sus piezas, en las que también se aprecia un pensamiento de lo cotidiano que se nutre del folklor, los proverbios, el sexo y otras aristas de la vida. En sus telas y dibujos sobre cartulina el erotismo ronda por encima de casi todas sus propuestas.
La crítica ha reseñado el dibujo esbelto y la elegancia de la figuración de los cuadros de Rubén Rodríguez Martínez, quien reitera, en diversos soportes y formatos, la figuración antropomórfica, animada de sensualidad y fina ironía. En óleos como “Usted ama como el gallo”, “Un gran susto trae felicidad” y “El que lo tiene adentro es el que se menea”, el pintor reta la imaginación desde una poética del sexo.
Por la singularidad de su obra gráfica este artista merece mayor espacio en los medios. Es difícil encontrar un catálogo o cuadros suyos en la red de galerías y en las tiendas que comercializan el arte contemporáneo de Cuba. Óleos y serigrafías de Rubén yacen en museos y colecciones privadas de Alemania, Brasil, España, Estados Unidos, Kuwait, La Habana, Teherán, Panamá, Uruguay y Venezuela. Tal dispersión exige una nueva entrega al público insular.
En la aparente quietud de la plástica insular son notables los dibujos y pinturas de Rubén Rodríguez Martínez (Cárdenas, Matanzas, 1959), quien conjuga su labor creativa con la docencia en el Instituto Superior de Arte, donde es profesor de Serigrafía, especialidad que marca su obra pues fue uno de los fundadores del Taller artístico experimental de serigrafía “René Portocarrero”, en el cual dio clases magistrales e impartió cursos y talleres durante dos décadas.
Rubén ha participado en medio centenar de exposiciones colectivas y en más de diez representaciones individuales, de importantes galerías de La Habana, España, Estados Unidos y Puerto Rico. Desde 1983 sus grabados, lienzos y cartulinas han recibido premios y menciones dentro y fuera de la isla. En 1987 fue distinguido en Barcelona con el Premio colectivo de la Fundación Jaume Guasch; un año después obtuvo mención especial en el Salón de Ciudad Habana y, en el 2000, en el Primer salón de arte erótico.
El erotismo es una constante en la obra del artista, cuyo lenguaje creativo ha dialogado con la crítica y con el público especializado, sin tabúes ni en sentimentalismos. Su discurso visual transita por la combinación de signos, parábolas, alusiones y mensajes gráficos. Se apropia de códigos teológicos y culturales, los mezcla en una imaginería propia. En algunos óleos y cartulinas la cruz católica es acompañada por íconos de origen africano.
Pero el sincretismo que tapiza la cultura cubana es uno de los temas de sus piezas, en las que también se aprecia un pensamiento de lo cotidiano que se nutre del folklor, los proverbios, el sexo y otras aristas de la vida. En sus telas y dibujos sobre cartulina el erotismo ronda por encima de casi todas sus propuestas.
La crítica ha reseñado el dibujo esbelto y la elegancia de la figuración de los cuadros de Rubén Rodríguez Martínez, quien reitera, en diversos soportes y formatos, la figuración antropomórfica, animada de sensualidad y fina ironía. En óleos como “Usted ama como el gallo”, “Un gran susto trae felicidad” y “El que lo tiene adentro es el que se menea”, el pintor reta la imaginación desde una poética del sexo.
Por la singularidad de su obra gráfica este artista merece mayor espacio en los medios. Es difícil encontrar un catálogo o cuadros suyos en la red de galerías y en las tiendas que comercializan el arte contemporáneo de Cuba. Óleos y serigrafías de Rubén yacen en museos y colecciones privadas de Alemania, Brasil, España, Estados Unidos, Kuwait, La Habana, Teherán, Panamá, Uruguay y Venezuela. Tal dispersión exige una nueva entrega al público insular.
miércoles, 22 de octubre de 2008
Octubre en la mitología. Por Miguel Iturria Savón.
En Cuba, octubre es un mes de conmemoraciones trascendentes. El día 10 evocamos el inicio de la lucha por la independencia, desatada por Carlos Manuel de Céspedes, “Padre de la Patria”. El 12 pasamos por alto el descubrimiento de América, pues Cristóbal Colón llegó a nuestras costas con 12 jornadas de atraso, le cambió el nombre a la isla y la confundió con un continente. Recordamos el 20 como Día de la cultura nacional y dos fechas luctuosas de exaltación guerrera, el 8 y el 28, aniversarios de la muerte de los comandantes Camilo Cienfuegos Gorriarán y Ernesto Guevara de la Serna.
Como el discurso oficial enaltece la guerra y la exclusión, el 20 de octubre exaltamos la cultura pues ese día, pero en 1868, los independentistas cantaron en Bayamo un himno que devino símbolo de identidad de la nación cubana, presentada por el castrismo como un relato bélico, unilateral y simplista que desemboca en la revolución de 1959, la cual trajo consigo al líder mesiánico que impuso el socialismo, régimen que distorsiona la historia y regula el culto a la personalidad en función del poder.
La jornada Camilo-Che mitifica a dos guerreros del almanaque revolucionario. Camilo, el más popular de los héroes que bajaron de la Sierra Maestra, desapareció mientras volaba de Camagüey a La Habana, el 28 de octubre de 1959, antes de declarar en el juicio contra un comandante caído en desgracia. La muerte del aventurero argentino Ernesto Guevara, fusilado en Bolivia el 8 de octubre de 1968, marcó el fin de la guerrilla que encabezó en ese país, donde aspiraba a tomar el poder para crear un régimen similar al instaurado por Fidel Castro en Cuba.
Ha llovido mucho desde entonces. Es notable el cansancio de los cubanos que crecimos bajo la fábula mesiánica y providencialista del castrismo, pero a los escribanos de la prensa insular no parece preocuparles el agotamiento de medio siglo. Insisten en las consignas y medias verdades. La mitificación del Che y la comercialización de su imagen como ícono revolucionario exceden los límites de la razón.
El “guerrillero heroico” desmanteló la industria y la banca cubanas antes de retomar sus aventuras militares. Sus fracasos en África y Bolivia lo convirtieron en un ícono de la violencia. Sus acciones son realmente una estafa. El Che Guevara no es más que un producto de mercado, una bandera para los cazadores de mitos y certezas.
Camilo Cienfuegos, el héroe de sombrero tejano y amplia sonrisa, murió joven. Los dioses del Olimpo revolucionario se apiadaron de él. Tal vez por eso es una figura creíble, ajena al maquiavelismo de los líderes que sobrevivieron y crearon una verdad ficticia, favorable a un “estado benefactor” que aún persigue las ideas democráticas y envía a la cárcel o al exilio a quienes contradicen sus dogmas.
Octubre es un mes de conmemoraciones históricas, pero hay mucha hojarasca en la historiografía oficial. Para reescribir la historia habrá que sacudir el árbol de los mitos.
Como el discurso oficial enaltece la guerra y la exclusión, el 20 de octubre exaltamos la cultura pues ese día, pero en 1868, los independentistas cantaron en Bayamo un himno que devino símbolo de identidad de la nación cubana, presentada por el castrismo como un relato bélico, unilateral y simplista que desemboca en la revolución de 1959, la cual trajo consigo al líder mesiánico que impuso el socialismo, régimen que distorsiona la historia y regula el culto a la personalidad en función del poder.
La jornada Camilo-Che mitifica a dos guerreros del almanaque revolucionario. Camilo, el más popular de los héroes que bajaron de la Sierra Maestra, desapareció mientras volaba de Camagüey a La Habana, el 28 de octubre de 1959, antes de declarar en el juicio contra un comandante caído en desgracia. La muerte del aventurero argentino Ernesto Guevara, fusilado en Bolivia el 8 de octubre de 1968, marcó el fin de la guerrilla que encabezó en ese país, donde aspiraba a tomar el poder para crear un régimen similar al instaurado por Fidel Castro en Cuba.
Ha llovido mucho desde entonces. Es notable el cansancio de los cubanos que crecimos bajo la fábula mesiánica y providencialista del castrismo, pero a los escribanos de la prensa insular no parece preocuparles el agotamiento de medio siglo. Insisten en las consignas y medias verdades. La mitificación del Che y la comercialización de su imagen como ícono revolucionario exceden los límites de la razón.
El “guerrillero heroico” desmanteló la industria y la banca cubanas antes de retomar sus aventuras militares. Sus fracasos en África y Bolivia lo convirtieron en un ícono de la violencia. Sus acciones son realmente una estafa. El Che Guevara no es más que un producto de mercado, una bandera para los cazadores de mitos y certezas.
Camilo Cienfuegos, el héroe de sombrero tejano y amplia sonrisa, murió joven. Los dioses del Olimpo revolucionario se apiadaron de él. Tal vez por eso es una figura creíble, ajena al maquiavelismo de los líderes que sobrevivieron y crearon una verdad ficticia, favorable a un “estado benefactor” que aún persigue las ideas democráticas y envía a la cárcel o al exilio a quienes contradicen sus dogmas.
Octubre es un mes de conmemoraciones históricas, pero hay mucha hojarasca en la historiografía oficial. Para reescribir la historia habrá que sacudir el árbol de los mitos.
Otra vuelta de tuerca. Por Miguel Iturria Savón.
Emilia salió al mercado y regresó decepcionada. Mi vecina recorrió los kioscos de la calle ocho, bajó después por 71 y, finalmente, en el mercado de Cruz Verde, compró seis libras de papas, a razón de dos por persona, pues en su casa son tres y la libreta de abastecimiento establece ciertas normas. Volvió a salir antes de ponerse a lavar y retornó con un pan suave y sin grasa, dos paquetes de croquetas y un hueso de puerco para cocinar un caldo.
Algo similar les ha sucedido en estos días a Migdalia, Martica, Edilia y a muchas vecinas de Boyeros, El Cotorro, Guanabacoa, San Miguel y otros pueblos del sudeste de La Habana, donde apenas abren los puestos agropecuarios. La ausencia de productos las altera pues se esfuerzan en vano. Con las jabas vacías aumentan los problemas y las preocupaciones. Los nietos devoran lo poco que encuentran sin pensar en el posible infarto de las abuelas.
En el cierre del mercado agropecuario no solo inciden los desastres provocados por el paso de los ciclones Gustav e Ike. En medio de la crisis alimentaria el Gobierno retoma los controles extremos. Ciudad Habana es una ciudad sitiada, sin toque de queda ni declaraciones previas. Los accesos a la capital están controlados por la policía. Los conductores de vehículos tienen que mostrar sus documentos y soportar registros, decomisos, multas y amenazas.
¿Qué sentido tienen tales restricciones? ¿Para qué impedir la natural circulación de mercancías? Si faltan productos y suben los precios los funcionarios pudieran dictar ciertas normas para proteger al consumidor, sin asfixiar al campesino que produce, al intermediario que compra y transporta y a los vendedores que reciben y atienden al consumidor en los kioscos urbanos. ¿A caso no pagan impuestos al Estado?
Al parecer, se trata de otra “ofensiva revolucionaria”, otra vuelta de tuerca contra los pequeños comerciantes, parceleros y camioneros privados, a quienes se denigra a priori en los medios informativos. La consigna es obvia: “que nadie toque nada, yo solo puedo tocar”.
Hablar de acaparadores, rodear la ciudad de policías, decomisar productos y vehículos y centralizar las ventas en mercados estatales es otra manera de crear problemas. Así se administra la tensión sin solucionar el flujo de mercancías. Lo importante no es detener y juzgar al que transita con una jaba, sino liberar las iniciativas individuales para que cada cual encare sus problemas y aspiraciones.
El Estado patrón quiere inventariar cada planta, contabilizar los frutos y fijar los precios desde oficinas, pero los empleados de sus tiendas y almacenes no pagan impuestos, alteran las pesas a su favor, cobran salarios y maltratan al público.
Emilia, Migdalia y otras vecinas enfrentan por estos días a tales gladiadores. Quizás por eso regresan a casa con las jabas vacías, mientras el huevo sube a cinco pesos y el hambre pone a pruebas la paciencia de estas damas, casi al bode de la histeria.
Algo similar les ha sucedido en estos días a Migdalia, Martica, Edilia y a muchas vecinas de Boyeros, El Cotorro, Guanabacoa, San Miguel y otros pueblos del sudeste de La Habana, donde apenas abren los puestos agropecuarios. La ausencia de productos las altera pues se esfuerzan en vano. Con las jabas vacías aumentan los problemas y las preocupaciones. Los nietos devoran lo poco que encuentran sin pensar en el posible infarto de las abuelas.
En el cierre del mercado agropecuario no solo inciden los desastres provocados por el paso de los ciclones Gustav e Ike. En medio de la crisis alimentaria el Gobierno retoma los controles extremos. Ciudad Habana es una ciudad sitiada, sin toque de queda ni declaraciones previas. Los accesos a la capital están controlados por la policía. Los conductores de vehículos tienen que mostrar sus documentos y soportar registros, decomisos, multas y amenazas.
¿Qué sentido tienen tales restricciones? ¿Para qué impedir la natural circulación de mercancías? Si faltan productos y suben los precios los funcionarios pudieran dictar ciertas normas para proteger al consumidor, sin asfixiar al campesino que produce, al intermediario que compra y transporta y a los vendedores que reciben y atienden al consumidor en los kioscos urbanos. ¿A caso no pagan impuestos al Estado?
Al parecer, se trata de otra “ofensiva revolucionaria”, otra vuelta de tuerca contra los pequeños comerciantes, parceleros y camioneros privados, a quienes se denigra a priori en los medios informativos. La consigna es obvia: “que nadie toque nada, yo solo puedo tocar”.
Hablar de acaparadores, rodear la ciudad de policías, decomisar productos y vehículos y centralizar las ventas en mercados estatales es otra manera de crear problemas. Así se administra la tensión sin solucionar el flujo de mercancías. Lo importante no es detener y juzgar al que transita con una jaba, sino liberar las iniciativas individuales para que cada cual encare sus problemas y aspiraciones.
El Estado patrón quiere inventariar cada planta, contabilizar los frutos y fijar los precios desde oficinas, pero los empleados de sus tiendas y almacenes no pagan impuestos, alteran las pesas a su favor, cobran salarios y maltratan al público.
Emilia, Migdalia y otras vecinas enfrentan por estos días a tales gladiadores. Quizás por eso regresan a casa con las jabas vacías, mientras el huevo sube a cinco pesos y el hambre pone a pruebas la paciencia de estas damas, casi al bode de la histeria.
Tropicana Tamaulipas. Por Miguel Iturria Savón.
Los músicos, bailarines, coreógrafos y asistentes estaban listos para el viaje. Disponían del pasaporte visado por el Consulado de México en La Habana, del permiso de salida del Gobierno cubano y del boleto de avión. Hasta las maletas y los familiares de los 54 artistas del Cabaret Tropicana esperaban el vuelo. Debían actuar en Tamaulipas, donde la promoción del espectáculo marchaba sobre ruedas, pero horas antes de salir los agentes de la Seguridad del Estado echaron a rodar el fantasma de la sospecha.
No había peligros de explosión aérea ni terroristas a la vista, más la gerencia de Turarte convocó a una reunión urgente. Cinco de los artistas no eran confiables, aprovecharían la gira internacional para emigrar, no volverían a la isla. Los celulares de otros 25, monitoreados por los controladores de la telefonía cubana, delataban a sus poseedores como sospechosos de viajar para quedarse. ¿Cómo quedaría el honor de la Patria si 30 de los integrantes de la Delegación la abandonaban en tierra azteca y cruzaban las fronteras con los Estados Unidos? Hasta los candidatos presidenciales Obama y McCain se enterarían de las debilidades ideológicas de los músicos y bailarines cubanos.
Puestos a escoger entre cumplir el contrato de intercambio artístico y correr el riesgo de perder parte del rebaño, los funcionarios de Turarte no vacilaron en quedar mal con los patrocinadores mexicanos. Si desafiaban a los guardianes de la ideología no serían congratulados por el nuevo éxito de Tropicana en Tamaulipas, sino expulsados de sus lucrativos empleos por la deserción de músicos y bailarines. ¿Para qué arriesgarse por unos maricones indiscretos? El que quiera escapar que se tire al mar como los balseros. A fin de cuentas, el Ministerio de turismo tiene abogados para enfrentar el litigio con los empresarios aztecas.
Al conversar con la novia de uno de los músicos que debía viajar supe detalles de la insólita reunión de los gerentes de Turarte con los artistas de Tropicana. Un joven bailarín que integraba la delegación a Tamaulipas precisó: “los novatos no sabíamos que cuando te dan la visa los agentes de la Seguridad graban y estudian tus llamadas para saber si intentarás quedarte”. Un cantante con muchas horas de vuelo me dijo: “los teléfonos están pinchados, los móviles son fuente de espionaje, por cualquier desliz te excluyen de la gira”.
Si bien es innegable que cientos de artistas cubanos aprovechan sus actuaciones en otros países para escapar de la isla, donde el tiempo parece detenido y viajar equivale a una carta de libertad, creo que la suspensión de una delegación completa por sospechas policiales no confirmadas raya en el absurdo. Si algunos creadores deciden no regresar a casa están en su derecho. Benny Moré se quedó en México, allí triunfó, pasó a New York y retornó a La Habana. Otros ejemplos confirman la regla. Los artistas viven donde mejor les va. ¿Por qué no dejarlos entrar y salir libremente? ¿Qué sentido tiene hablar de la imagen cultural de la revolución y politizar hasta la música?
El renombrado Cabaret Tropicana posee un elenco de más de cuatrocientos artistas. Allí triunfaron desde la década del cincuenta las principales figuras de la música y la danza de Cuba y otras naciones. Hace años es un centro exclusivo para el turismo internacional, pero la recaudación de divisas no favorece a quienes derrochan su talento en cada espectáculo. La miseria de sus artífices estimula los viajes sin regreso.
Emigrar no es un placer, es un derecho y, a veces, una necesidad. Los artistas de Tropicana que ahora deshacen las maletas tendrán que esperan otra oportunidad. Ya saben que la gerencia cumple los mandamientos de los agentes de la Seguridad del Estado.
No había peligros de explosión aérea ni terroristas a la vista, más la gerencia de Turarte convocó a una reunión urgente. Cinco de los artistas no eran confiables, aprovecharían la gira internacional para emigrar, no volverían a la isla. Los celulares de otros 25, monitoreados por los controladores de la telefonía cubana, delataban a sus poseedores como sospechosos de viajar para quedarse. ¿Cómo quedaría el honor de la Patria si 30 de los integrantes de la Delegación la abandonaban en tierra azteca y cruzaban las fronteras con los Estados Unidos? Hasta los candidatos presidenciales Obama y McCain se enterarían de las debilidades ideológicas de los músicos y bailarines cubanos.
Puestos a escoger entre cumplir el contrato de intercambio artístico y correr el riesgo de perder parte del rebaño, los funcionarios de Turarte no vacilaron en quedar mal con los patrocinadores mexicanos. Si desafiaban a los guardianes de la ideología no serían congratulados por el nuevo éxito de Tropicana en Tamaulipas, sino expulsados de sus lucrativos empleos por la deserción de músicos y bailarines. ¿Para qué arriesgarse por unos maricones indiscretos? El que quiera escapar que se tire al mar como los balseros. A fin de cuentas, el Ministerio de turismo tiene abogados para enfrentar el litigio con los empresarios aztecas.
Al conversar con la novia de uno de los músicos que debía viajar supe detalles de la insólita reunión de los gerentes de Turarte con los artistas de Tropicana. Un joven bailarín que integraba la delegación a Tamaulipas precisó: “los novatos no sabíamos que cuando te dan la visa los agentes de la Seguridad graban y estudian tus llamadas para saber si intentarás quedarte”. Un cantante con muchas horas de vuelo me dijo: “los teléfonos están pinchados, los móviles son fuente de espionaje, por cualquier desliz te excluyen de la gira”.
Si bien es innegable que cientos de artistas cubanos aprovechan sus actuaciones en otros países para escapar de la isla, donde el tiempo parece detenido y viajar equivale a una carta de libertad, creo que la suspensión de una delegación completa por sospechas policiales no confirmadas raya en el absurdo. Si algunos creadores deciden no regresar a casa están en su derecho. Benny Moré se quedó en México, allí triunfó, pasó a New York y retornó a La Habana. Otros ejemplos confirman la regla. Los artistas viven donde mejor les va. ¿Por qué no dejarlos entrar y salir libremente? ¿Qué sentido tiene hablar de la imagen cultural de la revolución y politizar hasta la música?
El renombrado Cabaret Tropicana posee un elenco de más de cuatrocientos artistas. Allí triunfaron desde la década del cincuenta las principales figuras de la música y la danza de Cuba y otras naciones. Hace años es un centro exclusivo para el turismo internacional, pero la recaudación de divisas no favorece a quienes derrochan su talento en cada espectáculo. La miseria de sus artífices estimula los viajes sin regreso.
Emigrar no es un placer, es un derecho y, a veces, una necesidad. Los artistas de Tropicana que ahora deshacen las maletas tendrán que esperan otra oportunidad. Ya saben que la gerencia cumple los mandamientos de los agentes de la Seguridad del Estado.
viernes, 17 de octubre de 2008
Telegrama. Por Miguel Iturria Savón.
Telegrama. / Miguel Iturria Savón.
El cartero tocó a la puerta y antes de entregarme el telegrama me felicitó y pidió que le firmara el recibo. Me extendió entonces un pedazo de papel estrujado con mi dirección y un mensaje breve. Al preguntarle por el sobre me dijo sin inmutarse que no había en el correo. Fue una doble sorpresa, una sobrina me felicitaba por mi cumpleaños desde Matanzas, y el emisario local traía el texto abierto y con tres días de atraso.
No era un mensaje en clave, una cita de amor, una invitación ni un aviso de urgencia, pero la falta del sobre me dejó perplejo. ¿Cuántos empleados leyeron el telegrama? ¿Qué hubiera pasado si fuera algo secreto? ¿Conocerán los funcionarios de comunicaciones que la Constitución de Cuba refrenda, en su artículo 57, que “la correspondencia es inviolable”, aunque “puede ser ocupada, abierta y examinada en los casos previstos por la ley”? ¿Sabrán que “el mismo principio se observará con respecto a las comunicaciones cablegráficas, telegráficas y telefónicas”?
No conozco la ley complementaria al precepto constitucional invocado, la cual debe enumerar los casos necesarios e imprescindibles para quebrantar el derecho de “inviolabilidad de la correspondencia”; pero razonablemente estimo que sea por motivos que afecten la seguridad del estado, la nación, la economía o por “razones de utilidad pública o interés social”.
Pienso que mi cumpleaños no clasifique en los motivos que supongo, sino que es habitual el quebrantamiento o la ignorancia -en el mejor de los casos- del mencionado derecho por parte del personal de correos.
Para no ponerme paranoico recordé que años atrás yo recibía libros, casetes y cartas del psicoanalista mexicano Fredo Arias de la Canal, y siempre llegaban con el sobre abierto y meses de atraso.
Me acordé, además, de los amigos que se enteran de las cartas que le enviaron desde el extranjero cuando viene el familiar que les escribió. ¿Qué podemos hacer si las epístolas no llegan y los telegramas vienen sin sobre? ¿Será obra y gracia de los carteros o “casos previstos por la ley”?
El empleado que tocó a mi puerta es respetuosamente informal. Quizás sea la imagen del quebrantamiento de nuestro derecho a la inviolabilidad de la correspondencia. Tal vez no sepa que el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada por Cuba en 1948 y ratificada recientemente por el gobierno insular, nos concede ese y otros preceptos para evitar la injerencia en la vida privada y familiar, incluidos el domicilio y la correspondencia.
En mi caso, como era un simple telegrama de felicitación, no fui al correo a dar las quejas por el sobre ausente. Me alegra que mi cumpleaños sea conocido por los empleados de comunicaciones, pero le pediré a mi sobrina que el próximo año me envíe saludos a través de una paloma mensajera.
El cartero tocó a la puerta y antes de entregarme el telegrama me felicitó y pidió que le firmara el recibo. Me extendió entonces un pedazo de papel estrujado con mi dirección y un mensaje breve. Al preguntarle por el sobre me dijo sin inmutarse que no había en el correo. Fue una doble sorpresa, una sobrina me felicitaba por mi cumpleaños desde Matanzas, y el emisario local traía el texto abierto y con tres días de atraso.
No era un mensaje en clave, una cita de amor, una invitación ni un aviso de urgencia, pero la falta del sobre me dejó perplejo. ¿Cuántos empleados leyeron el telegrama? ¿Qué hubiera pasado si fuera algo secreto? ¿Conocerán los funcionarios de comunicaciones que la Constitución de Cuba refrenda, en su artículo 57, que “la correspondencia es inviolable”, aunque “puede ser ocupada, abierta y examinada en los casos previstos por la ley”? ¿Sabrán que “el mismo principio se observará con respecto a las comunicaciones cablegráficas, telegráficas y telefónicas”?
No conozco la ley complementaria al precepto constitucional invocado, la cual debe enumerar los casos necesarios e imprescindibles para quebrantar el derecho de “inviolabilidad de la correspondencia”; pero razonablemente estimo que sea por motivos que afecten la seguridad del estado, la nación, la economía o por “razones de utilidad pública o interés social”.
Pienso que mi cumpleaños no clasifique en los motivos que supongo, sino que es habitual el quebrantamiento o la ignorancia -en el mejor de los casos- del mencionado derecho por parte del personal de correos.
Para no ponerme paranoico recordé que años atrás yo recibía libros, casetes y cartas del psicoanalista mexicano Fredo Arias de la Canal, y siempre llegaban con el sobre abierto y meses de atraso.
Me acordé, además, de los amigos que se enteran de las cartas que le enviaron desde el extranjero cuando viene el familiar que les escribió. ¿Qué podemos hacer si las epístolas no llegan y los telegramas vienen sin sobre? ¿Será obra y gracia de los carteros o “casos previstos por la ley”?
El empleado que tocó a mi puerta es respetuosamente informal. Quizás sea la imagen del quebrantamiento de nuestro derecho a la inviolabilidad de la correspondencia. Tal vez no sepa que el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada por Cuba en 1948 y ratificada recientemente por el gobierno insular, nos concede ese y otros preceptos para evitar la injerencia en la vida privada y familiar, incluidos el domicilio y la correspondencia.
En mi caso, como era un simple telegrama de felicitación, no fui al correo a dar las quejas por el sobre ausente. Me alegra que mi cumpleaños sea conocido por los empleados de comunicaciones, pero le pediré a mi sobrina que el próximo año me envíe saludos a través de una paloma mensajera.
El blog de Yoani. Por Miguel Iturria.
Un blog es un espacio virtual que a veces trasciende las redes de Internet. Los políticos colocan en el suyo sus discursos, las emisoras radiales le cuelgan textos informativos, los periodistas lo convierten en una columna sin editor y otros lo utilizan como bitácora personal.
Generación Y, de la célebre bloguera cubana Yoani Sánchez, es una brújula que rastrea sus pasos por las calles de La Habana, cuyo absurdo habitual la llevó al exorcismo. Ella misma definió su arte blogética como “una bitácora a saltos, intermitente y retrasada…” y calificó sus escritos como “desencantadas viñetas de la realidad”, pues “después de probar con el silencio y la evasión, no resultaron”.
Ante la pregunta “¿Por qué Generación Y?”, la ganadora del Premio Ortega y Gasset de periodismo digital, respondió: “Porque arrastro la culpa generacional del silencio, de la pasividad y del asentimiento tácito. Creo que ya va siendo hora de que mi gente se haga oír, en toda su pluralidad y desencanto”.
Esa y otras razones, quizás más íntimas, anidan en las reseñas y en las ilustraciones que complementan el posteo de sobrevida que es Generación Y. El mismo comprende el período del 2 de abril del 2007 al 29 de junio del 2008, y circula en un pequeño CD de Ciber Prensa, formato Word Pres, plantilla Mandigo.
Su alegato generacional traspasa el interés de quienes franqueamos el umbral de los treinta años. Las mini crónicas de Yoani son un diario de circunstancias que narran la incertidumbre de muchos cubanos, lo cual acentúa el interés de esos textos breves, alusivos, irónicos y bien escritos. Ella sabe que lo personal difiere pero se torna colectivo en un país con consignas anticuadas, batallas ficticias, pregones de igualdad, soberanía arrendada, diáspora desmedida y chistes que desacralizan la distorsionada visión ideológica impuesta desde el poder.
Lo sabe y lo recrea de forma desenfadada. Casi nada pasa desapercibido para esta habanera que le ha tomado el pulso a la ciudad. Sus descargas tienen valor testimonial, pero no hay frivolidad en la catarsis. Detrás de cada suceso glosado hay una dosis de análisis condimentada con sátira y humor. La bloguera tiene estilo propio y conoce las pautas del periodismo digital.
Mención especial merecen sus fotografías, los cuadros, los fotomontajes, el uso de los grafitis, las litografías de César Leal, Carlos Verdecía, Robespierre y otros amigos que colaboraron con ella en las ilustraciones. Estas calzan los textos pero valen por si mismas; sin ellas la escritura perdería parte de su magia y el mensaje sería menos convincente.
En el blog que ahora circula en CD hay reseñas culturales, comentarios de libros, sucesos urbanos, apuntes de un atraco, una redada policial y nota que apresan un instante de la vida política cubana, la cronología de una velada en el Café teatro nacional, un recorrido en bici taxi por las calles de La Habana. Yoani habla de los carteles políticos, de un ómnibus biplanta para turistas, de la escuela del hijo, el cumpleaños del marido o de alguna de las reflexiones del Comandante en Jefe.
La aparente sencillez de sus análisis colinda con la agudeza de las observaciones. La autora conectó el radar y trató de descifrar las claves de la realidad. Su peculiar sensibilidad parece una alfombra de acceso al entramado social que la inquieta.
Títulos como “Cambiar el cartel” (Junio 29 del 2008), “Votemos por el humor” (mayo 31), “Las verdades de Zanussi” (febrero 28), “Parlamento viene de parlar” (enero 22), “De tele clases y otros absurdos” (dic. 12 del 2007), “Las medias noticias” (octubre 5) o “Internet por señas” (13 de agosto), devienen retratos incisivos del entorno insular, ángulos de nuestra cultura.
En el primero advierte: “Hay definiciones, consignas y formas de llamar las cosas que siguen usándose por puro automatismo, aunque en la realidad poco quede que justifique esos apelativos…La realidad no se parece a lo que se anuncia…”
Habla de un programa humorístico y del actor “que pinta de burla nuestro absurdo cotidiano…”, al cual considera “la única figura pública en la que veo representada mis demandas”.
Reporta la intervención de un cineasta italiano en el Cine Chaplin y ubica la tesis de su filme al entorno cubano, donde “el camuflaje, la simulación y el cinismo de los viejos es más permanente de lo que pensamos”.
El uso de títulos irónicos como “En busca de la piedra Rosetta” (febrero 25 del 2008) o los citados “Parlamento viene de parlar” e “Internet por señas”, acentúan el valor de comentarios que recrean, desde el absurdo, la actualidad política del país y el escepticismo de la bloguera ante los cambios anunciados por el grupo gobernante.
Los propios avatares del blog de Yoani, los links, los comentarios y la censura de “los boicoteadores y los muchachos de la Brigada de la respuesta cibernética…” también ocupan espacios en estas páginas; en las que ella presenta a Potro salvaje y otros bloggers que oxigenan la incipiente blogósfera cubana.
Como no es posible referirnos, desde la brevedad de esta nota, a todos los duendes, fantasmas y problemas que desata la creadora de Generación Y, invito a los lectores del ciberespacio a buscarlo en Google o localizar el CD que circula de mano en mano en La Habana y otras ciudades. Tal vez Yanisleidi, Yoandri, Yusimí o Yunieski acudan a su reclamo.
Generación Y, de la célebre bloguera cubana Yoani Sánchez, es una brújula que rastrea sus pasos por las calles de La Habana, cuyo absurdo habitual la llevó al exorcismo. Ella misma definió su arte blogética como “una bitácora a saltos, intermitente y retrasada…” y calificó sus escritos como “desencantadas viñetas de la realidad”, pues “después de probar con el silencio y la evasión, no resultaron”.
Ante la pregunta “¿Por qué Generación Y?”, la ganadora del Premio Ortega y Gasset de periodismo digital, respondió: “Porque arrastro la culpa generacional del silencio, de la pasividad y del asentimiento tácito. Creo que ya va siendo hora de que mi gente se haga oír, en toda su pluralidad y desencanto”.
Esa y otras razones, quizás más íntimas, anidan en las reseñas y en las ilustraciones que complementan el posteo de sobrevida que es Generación Y. El mismo comprende el período del 2 de abril del 2007 al 29 de junio del 2008, y circula en un pequeño CD de Ciber Prensa, formato Word Pres, plantilla Mandigo.
Su alegato generacional traspasa el interés de quienes franqueamos el umbral de los treinta años. Las mini crónicas de Yoani son un diario de circunstancias que narran la incertidumbre de muchos cubanos, lo cual acentúa el interés de esos textos breves, alusivos, irónicos y bien escritos. Ella sabe que lo personal difiere pero se torna colectivo en un país con consignas anticuadas, batallas ficticias, pregones de igualdad, soberanía arrendada, diáspora desmedida y chistes que desacralizan la distorsionada visión ideológica impuesta desde el poder.
Lo sabe y lo recrea de forma desenfadada. Casi nada pasa desapercibido para esta habanera que le ha tomado el pulso a la ciudad. Sus descargas tienen valor testimonial, pero no hay frivolidad en la catarsis. Detrás de cada suceso glosado hay una dosis de análisis condimentada con sátira y humor. La bloguera tiene estilo propio y conoce las pautas del periodismo digital.
Mención especial merecen sus fotografías, los cuadros, los fotomontajes, el uso de los grafitis, las litografías de César Leal, Carlos Verdecía, Robespierre y otros amigos que colaboraron con ella en las ilustraciones. Estas calzan los textos pero valen por si mismas; sin ellas la escritura perdería parte de su magia y el mensaje sería menos convincente.
En el blog que ahora circula en CD hay reseñas culturales, comentarios de libros, sucesos urbanos, apuntes de un atraco, una redada policial y nota que apresan un instante de la vida política cubana, la cronología de una velada en el Café teatro nacional, un recorrido en bici taxi por las calles de La Habana. Yoani habla de los carteles políticos, de un ómnibus biplanta para turistas, de la escuela del hijo, el cumpleaños del marido o de alguna de las reflexiones del Comandante en Jefe.
La aparente sencillez de sus análisis colinda con la agudeza de las observaciones. La autora conectó el radar y trató de descifrar las claves de la realidad. Su peculiar sensibilidad parece una alfombra de acceso al entramado social que la inquieta.
Títulos como “Cambiar el cartel” (Junio 29 del 2008), “Votemos por el humor” (mayo 31), “Las verdades de Zanussi” (febrero 28), “Parlamento viene de parlar” (enero 22), “De tele clases y otros absurdos” (dic. 12 del 2007), “Las medias noticias” (octubre 5) o “Internet por señas” (13 de agosto), devienen retratos incisivos del entorno insular, ángulos de nuestra cultura.
En el primero advierte: “Hay definiciones, consignas y formas de llamar las cosas que siguen usándose por puro automatismo, aunque en la realidad poco quede que justifique esos apelativos…La realidad no se parece a lo que se anuncia…”
Habla de un programa humorístico y del actor “que pinta de burla nuestro absurdo cotidiano…”, al cual considera “la única figura pública en la que veo representada mis demandas”.
Reporta la intervención de un cineasta italiano en el Cine Chaplin y ubica la tesis de su filme al entorno cubano, donde “el camuflaje, la simulación y el cinismo de los viejos es más permanente de lo que pensamos”.
El uso de títulos irónicos como “En busca de la piedra Rosetta” (febrero 25 del 2008) o los citados “Parlamento viene de parlar” e “Internet por señas”, acentúan el valor de comentarios que recrean, desde el absurdo, la actualidad política del país y el escepticismo de la bloguera ante los cambios anunciados por el grupo gobernante.
Los propios avatares del blog de Yoani, los links, los comentarios y la censura de “los boicoteadores y los muchachos de la Brigada de la respuesta cibernética…” también ocupan espacios en estas páginas; en las que ella presenta a Potro salvaje y otros bloggers que oxigenan la incipiente blogósfera cubana.
Como no es posible referirnos, desde la brevedad de esta nota, a todos los duendes, fantasmas y problemas que desata la creadora de Generación Y, invito a los lectores del ciberespacio a buscarlo en Google o localizar el CD que circula de mano en mano en La Habana y otras ciudades. Tal vez Yanisleidi, Yoandri, Yusimí o Yunieski acudan a su reclamo.
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