viernes, 3 de abril de 2009

Cuentos del gurú. Por Miguel Iturria Savón.

Como Fidel Castro se empeña en posponer la muerte y nos entretiene con sus delirantes reflexiones, en las calles y oficinas las gentes se burlan de sus excesos. Los empleados recrean las anécdotas y cuentos atribuidos al “Caballo”, “El dueño”, “El señor”, “El gurú”, “La bestia”, “El monstruo” o “La momia”, términos que avalan el descrédito del líder enfermo.
Los relatos sobrepasan el repertorio de Pepito, el chiquillo díscolo de nuestro folklor oral, evocado por los cuenteros que compiten los domingos en un programa televisivo que premia a los ganadores, algunos de los cuales ya figuran en grupos profesionales y actúan en clubes y teatros.
Las glosas sobre Fidel Castro no son llevadas aún al cine o la televisión, salvo las contadas por la prensa oficial para magnificarlo o la escrita por sus albaceas históricos y literarios. Hasta ahora, las de mayor sabor y “credibilidad” circulan en las calles y oficinas. Evocamos algunas.
Me contaba un amigo escultor que un pintor que visita su taller tuvo el privilegio de acompañar a Fidel Castro a uno de los cayos atribuidos al déspota en el centro sur de Cuba. Allí pescaron y cazaron con el séquito real. Supo el pintor que el lugar es preservado desde entonces, “tal y como lo dejó el Comandante”, por un grupo de guardianes que lo esperan noche y día, por si llega con otros huéspedes, previo aterrizaje de la Seguridad personal.
El relato coincide con la red de casas exclusivas en cada provincia del país, donde el Partido Comunista posee un hotel para los funcionarios del Comité central que llegan en funciones de descanso o trabajo. Dentro de cada instalación hay cuatro o cinco residencias para los miembros del Buró políticos y ministros autorizados por Machado Ventura; una de ellas es “propiedad” del Comandante y está conectada por túneles al aeropuerto local y por refugios que desembocan en una pista para helicópteros.
Un investigador de la Academia de ciencias es vecino de un alto funcionario que despachaba con el “Máximo Jefe”. Según este, en una ocasión el gobernante lo dejó solo unos minutos. Al regresar le preguntó si había cogido caramelos de su buró; la respuesta fue negativa pero al mes siguiente sucedió algo parecido. El empleado cogió tres caramelos mientras esperaba. Esa fue su desgracia pues Fidel contaba los caramelos y le dijo horrores en el otro encuentro. El ladronzuelo destituido rebotó en una embajada de Cuba en Europa.
La fijación con las estadísticas me recuerda a un ingeniero del Ministerio de la agricultura que le refería a un empresario extranjero radicado en Cuba, que su departamento colaboró con la iniciativa del “Gran líder” de contar las palmas existentes en la isla. En la provincia más occidental, el funcionario que resumió la cifra fue tan preciso que hizo sospechar al Comandante que le pasaban gato por liebre. “Después de algunas preguntas comprobatorias se olvidó de las palmas y nos ordenó contabilizar y desmontar el marabú que prolifera en nuestros montes”.
Son tantas anécdotas y cuentos delirantes que pudieran conformar una Antología de disparates. Algunas son de interés militar, económico, político o psicológico. Generalmente reflejan la soberbia, la arrogancia, la vanidad y el desprecio por los subordinados. Casi todas pintan el egocentrismo y otras manías del ex mandatario que, desde la cama, mantiene en tensión al país. Ninguna exalta la grandeza y la genialidad que le atribuyen sus edecanes y escribanos.

¿Legalizarán las drogas? Por Miguel Iturria Savón.

En Cuba, el problema de las drogas ya no es un secreto de Estado, aunque las estadísticas y los detalles del asunto son manipulados por funcionarios gubernamentales. Los anuncios televisivos al respecto son recientes y de carácter didáctico. Las autoridades sanitarias, los medios de comunicación y los órganos policiales barajan el tema con cautela.
Pero nuestra posición geográfica, la miseria generalizada, las tensiones humanas y la desesperanza que corroe a amplios sectores de la población nos colocan en circunstancias similares a los consumidores de del continente americano. Nos ayuda la insularidad, el rígido control estatal sobre puertos y aeropuertos y el alto costo de las drogas.
Más la corrupción ablanda los controles y puede convertir a las costas cubanas en punto de enlaces, descarga y refugio de los narcotraficantes. El propio gobierno, a través del Ministerio del interior, creó centros de recepción, producción y exportación de drogas hacia los Estados Unidos, el enemigo a minar por cualquier vía, mientras obtenían divisas para exportar la revolución. El juicio de 1988 contra altos oficiales de las Fuerzas armadas y el Ministerio del interior revelaron la complicidad del castrismo con el Cartel de Medellín y otros capos de la región.
Tal vez esto sea un capítulo del pasado, pero el problema de la droga es recurrente. Quizás el interés de las autoridades por enfrentarlo en los medios de comunicación y en los centros de salud mental sea un botón de pruebas de lo que hay debajo del iceberg. Un colega de la prensa independiente describió hace poco la ruta del sur. Existe también una ruta del norte y los turistas que introducen los estupefacientes por nuestros aeropuertos.
No se habla, sin embargo, de la droga interior, más los cigarrillos de mariguana, las infusiones a base de campana y otros arbustos de fácil localización no vienen de México, Colombia, Venezuela ni Bolivia, donde el personal cubano entra en contacto con plantas como la coca, incorporadas a las culturas tradicionales antes del descubrimiento de América en 1492.
La ingestión de pastillas es la tercera cara del asunto. Muchos jóvenes diluyen el parkisonil con bebida y suben al celaje de las alucinaciones. Algunos son adictos de sustancias múltiples, consumidores de efedrina, diazepán, benadrilina, fenitoina, fenobarbital, meprobamato y otros medicamentos que crean adicciones y afectan al organismo.
Hace casi dos años conocí en la terapia de la psicóloga María Esther Ortiz a un grupo de personas que aprenden a vivir con la adicción o transitan al estado de abstinencia. Un amigo fue paciente del doctor Ricardo González Menéndez, quien dirige la Sala de alcohólicos y toxicómanos del Hospital psiquiátrico de La Habana, donde son desintoxicados. Allí estuvo Diego Armando Maradona, el Pibe de oro del futbol argentino, junto a escritores, pintores, músicos, médicos, pilotos y deportistas que enfrentaron el estrés y la tensión con las drogas y el alcohol.
Conozco a un cirujano que se inyecta la fenitoina, a una doctora adicta al fenobarbital, una enfermera que consume benadrilina, a un clínico que se administra diazepán en ámpula por vía oral y a una psiquiatra que se automedica “para no enloquecer”. Existen, por supuesto, muchas personas que consumen crac y otras drogas introducidas o fabricadas clandestinamente en la isla.
Son casos de un problema actual que hunde sus raíces en el pasado. Los consumidores de narcóticos pierden el control y crean problemas, pero no son delincuentes sino enfermos y deben ser tratados como tal ¿Quién no fumó mariguana durante el Servicio militar obligatorio?
En Cuba, la profilaxis alterna con la represión de las drogas. La Operación coraza del 2003 no dejó títeres con cabeza en el país. Hay quienes sospechan de las Líneas confidenciales. Los más sensatos apuestan por enfrentar las causas del consumo y la comercialización de las sustancias nocivas. Consideran que no hay peor droga que la ideología y el fundamentalismo político o religioso.
Aunque Cuba es un país fallido y flagelado por la miseria, el problema de las drogas no es tan dramático como en México o los Estados Unidos, donde la DEA gasta millones de dólares para combatirla. Tal vez por eso algunos académicos piensan en programas pedagógicos que antecedan a la futura legalización de los estupefacientes. La propuesta es audaz y controversial, pero vale la pena analizarla.

viernes, 27 de marzo de 2009

El fonógrafo M.H. Por Luis Cino.

El fonógrafo MH. Luís Cino.

No salgo del asombro luego de leer el ataque contra los periodistas independientes (sin derecho a réplica) que apareció el 18 de marzo en el oficialista y oficioso órgano digital de la Unión de Periodistas de Cuba. La estupefacción no es por los insultos, que en definitiva son los viejos epítetos gastados por el abuso y las sandeces de siempre, sino por quien firma: Lagarde.

Tanto disparate da pena. No puedo creer que este M. H sea el mismo Lagarde que hace muchos años escribía artículos costumbristas. No tanto por la avanzada edad que debe tener ahora, sino porque aquel era un periodista serio. Este de ahora (debe ser el hijo) parece un fonógrafo RCA Víctor. O mejor aún: el perrito que escucha la voz de su amo.

No calculaba cuan tenebrosos son los súper periodistas que prepara y adoctrina la CIA en la Sección de Intereses Norteamericana en La Habana. Tal vez sepa poco del tema porque sólo frecuento la SINA, con escalofríos de aprensión en el espinazo, cada una o dos semanas para poder enviar mis trabajos al exterior. No tengo otra forma de acceder a Internet. Tampoco de publicar en la prensa escrita de mi país.

Distraído que soy, nunca se me había ocurrido averiguar por el funcionario yanqui que da las órdenes, tampoco por quien lleva la nómina y reparte los cientos de dólares que corresponden a cada “mercenario”. Averiguaré con alguno de los que asistieron a las letales video-conferencias con que pretendieron entrenarlos.

A propósito, Oscar Mario González es uno de ellos. Como Lagarde, suele escribir artículos de costumbrismo. El diploma de la Universidad de la Florida que calza como testimonio gráfico el artículo de la UPEC, lo robaron un par de segurosos la última vez que detuvieron a Oscar Mario. Al utilizarlo, Lagarde se hace cómplice de los ladrones. El robo de un título universitario, ni mejor ni peor que otros, sólo prueba que el régimen odia la inteligencia. Que a M. H Lagarde le preocupe ese diploma me hace sospechar que teme la competencia.

A los periodistas independientes (por las condenas desmesuradas que desafiamos por escribir con libertad, creemos firmemente que somos independientes) nos gustaría que aquellos que nos acusan de calumniadores nos demostraran la viabilidad del comunismo verde olivo.

La mayoría (que por cierto, estamos contra el embargo norteamericano y cualquier otra forma de injerencia extranjera y a favor de la justicia social, aunque Lagarde y sus jefes prefieran pensar que son tácticas camaleónicas), nos conformaríamos siquiera con “el socialismo democrático y participativo” de que hablan Félix Sautié y otros en kaosenlared. El capitalismo salvaje nos asusta. Al fin y al cabo, sólo hemos vivido el socialismo, aunque sea en la peor de sus variantes.

El artículo firmado por M. H Lagarde fue el modo de la UPEC de conmemorar el encarcelamiento de más de una veintena de periodistas independientes hace exactamente seis años, durante la ola represiva de la primavera de 2003. Las cosas no han cambiado demasiado. Es palpable el tonillo amenazante, ahora también contra los blogueros. A estos, en futuras razzias no los podrán acusar de ser empleados de la SINA. O vaya usted a saber, que por Villa Maristas tienen más imaginación que Julio Verne.

Claro, la represión no va por Lagarde. Escapa de las telarañas de su catacumba. M.H se limita a repetir las pendejadas que le soplan y encargan amplificar desde el Comité Central del Partido Único, la oficina de Tubal Páez en la UPEC y el Departamento de Seguridad del Estado. ¡Infeliz!
Arroyo Naranjo, 2009-03-19
luicino2004@yahoo.com

miércoles, 25 de marzo de 2009

Paranoia popular. Por Miguel Iturria Savón.

Un amigo que finaliza los estudios de inglés en una escuela de nivel medio de Ciudad Habana, me decía que su profesor orientó como tarea de fin de semana una composición sobre una personalidad de las ciencias, las letras o la vida política de notable influencia social. Hubo quien escogió a Newton, Einstein, Shakespeare, Hemingway, Gandhi, Gorbachov.
Alguien mencionó a Fidel Castro. Al profesor le pareció bien, pero se puso en guardia. “Cuidado con lo que dicen de Fidel. Ya no es el Jefe de Estado, pero sigue al frente del Partido y es la máxima figura de Cuba. Recuerden que esta escuela es una institución del gobierno, al cual yo represento ante ustedes”.
Me dice el amigo que “la temperatura del miedo no subió entre los alumnos; sentimos pena por el profesor, un hombre apagado de casi sesenta años, que lleva treinta en la docencia, en el mismo lugar. Pensó que una simple composición sobre un líder mutilado le crearía problemas. Imaginó fantasmas entre nosotros…”
El tema es recurrente. Hay ejemplos puntuales en otros centros de enseñanza. Los maestros, como los funcionarios, tienen miedo. El miedo paraliza la expresión de los alumnos y profesores. Imaginan que detrás de cada pupitre hay un delator encubierto, capaz de denunciar las opiniones divergentes. El adoctrinamiento ideológico desata suspicacias. La represión del pensamiento comienza en las escuelas primarias y llega a las universidades.
Recuerdo a un amigo de El Vedado que habló con la maestra y con el director de la escuela cuando su hijo comenzó la primaria. “Ustedes obligan a los niños a gritar consignas y decir mentiras; en casa le vamos a explicar las verdades al ayudarlos en las tareas. No quiero que mi hijo sea como el Che, el Che fue un guerrillero con mentalidad de asesino, un ministro incompetente e irresponsable; igual que Fidel Castro, el gran dictador de Cuba…”
-“Papá, por favor, no nos cree problemas; su propio hijo lo va a enfrentar; no podemos navegar contra la corriente. Si les dijéramos esas cosas nos botarían de la escuela”-
Mi amigo se mantiene en sus trece. El director y la maestra lo tratan con respeto y recelo. Ellos saben que él tiene razón, pero están paralizados por la paranoia colectiva. No piensan, repiten las mentiras de los programas escolares; más no se sienten cómplices de la dictadura comunista. Prefieren hablar de la tiranía de Batista. Creen que los problemas del presente serán analizados en el futuro.
Es evidente la mentalidad codificada. Predominan los conceptos preestablecidos, como en la escolástica medieval. La gente ajusta sus opiniones a la moral media. Saben que hay figuras intocables y temas tabúes. Hacerse el sueco es una forma de sobrevivir. Poner la luz verde evita los enfrentamientos.
Tales actitudes son lamentables. La obligación de expresar lo que sentimos, sin miedo ni recelos, es un derecho y un deber de las personas. Los maestros y profesores deberían saberlo.

Jonroneros cubanos. Por Miguel Iturria Savón.

El Clásico mundial de béisbol que concluyó el 23 de marzo en San Diego, Estados Unidos, mantiene en vilo a la afición cubana aunque nuestro equipo llegó cabizbajo a La Habana al caer por segunda vez con Japón. Cuba es uno de los grandes pero gana y pierde como cualquiera.
A los atletas les queda otras oportunidades dentro y fuera de la isla; a los aficionados la especulación, las estadísticas y la evocación de las hazañas del pasado. En la “Esquina caliente” del Parque Central un ex jugador mencionaba ayer a los grandes lanzadores y jonroneros de Cuba. Alguien lo interrumpió para decir que Frederick Cepeda bateó tres jonrones y promedió 600 en el Clásico. Otros exaltaron a Ichiro Suzuki, “el samurái”; a los puertorriqueños Iván Rodríguez y Carlos Delgado, al yanqui Kevin Youkilis y el japonés Ahoki, quien bateó 7 hits contra Cuba en 10 veces al bate.
Para contribuir con la euforia colectiva evocaré a los magos del bateo, pues los jonroneros crean un instante de gloria que hace delirar o enmudecer a los fanáticos. El japonés Sadaharu Oh, retirado en 1980, disparó 868 vuela cerca en 22 temporadas. Le siguen tres estadounidenses de Grandes Ligas: Babe Ruth, que conectó 714 entre 1914 y 1935; Hank Aaron, jubilado en 1975 con 755 cuadrangulares en 23 años y Barry Bonds, máximo bateador profesional con récord de 73 imparables en el 2007.
En Cuba, tan cercana a los Estados Unidos, tenemos figuras estelares desde el siglo XIX, como Antonio M. García, Francisco Delabats, Valentín González, Rafael Hernández, Ricardo Cabaleiro, Alfredo Arcaño y otros bateadores. En la primera mitad del XX las estadísticas señalan a celebridades como Luis Padrón, Cristóbal Torriente, Julián Castillo, Roberto Ortiz, Pedro Formental, Roberto Estalella, Silvio García, Orestes Miñoso, Rafael Noble, Claro Duany, Panchón Herrera, Julio Bécquer y peloteros de fuerza que no llegaban a 100 jonrones. Entre los más renombrados están Cristóbal Torriente por sus tres cañonazos contra los Gigantes de New York, el 6 de noviembre de 1920 en el Almendares Park; Richard Dick Sisler, del Club Habana, por sus 4 jonrones en los juegos del 23 y el 24 de enero de 1946, y Orestes Miñoso con 5 los día 9, 11, 14 y 15 de noviembre de 1952.
La tradición beisbolera continuó con las Series nacionales a partir de 1962. Entre los hombres de poder se impusieron Miguel Cuevas, Raúl Reyes, Pedro Chávez y Felipe Sarduy. Cuevas con 83 pelotas desaparecidas en 13 temporadas y Sarduy con 97 en 21 campañas devinieron íconos de los años sesenta. Brillaron después Agustín Marquetti (19 jonrones en 1969), Armando Capiró (22 en 1973), Pedro José Rodríguez (28 en 1978 y 286 en 15 años), Antonio Muñoz (370 en 24 series) y otros beneficiados por la caída del pitcheo durante el uso de las bolas vivas y los bates de aluminio, entre 1977 y 1999.
Entre los vuelacercas de entonces aparecen, con más de 200 jonrones, los matanceros Lázaro Junco, Juan L. Baró y Julio G. Fernández; el capitalino Pedro Medina; los habanistas Juan C. Millán y Romelio Martínez; los villareños Víctor Mesa, Oscar Machado y Alejo O Relly; el espirituano Lourdes Gourriel, el más oportuno en los encuentros internacionales; los camagüeyanos Leonel Moa y Reinaldo Fernández, y los pinareños Luis G. Casanova, Fernando Hernández y Lázaro Madera. La superestrella de la fiebre jonronera fue el santiaguero Orestes Kindelán con 487 en las series nacionales (30 en la Selectiva de 1986) y 102 en otros torneos. Seguido por Lázaro Junco (405) y Omar Linares (404).
La mística de los dioses del bateo continúa en el béisbol cubano de principios del siglo XXI. Ahora desaparecen la bola con frecuencia los espirituanos Yulieski Gourriel, Eriel Sánchez y Frederick Cepeda; los santiagueros Alexei Bell, Rolando Meriño y José J. Ruiz; el industrialista Alexander Mayeta; el pinareño Yosvani Peraza; el cienfueguero Osvaldo Arias y el tunero Joan C. Pedroso. Tal vez les falte la arrogancia y la fama de algunas figuras del pasado, pero sus batazos conmueven a los aficionados.
Más no basta con los grandes batazos, nuestro béisbol debe revisar sus patrones de juego, conceder libertad de contratos a los atletas, trabajar más el pitcheo, el toque de bola, el robo de bases y otras técnicas que inciden en las victorias y conmueven a las graderías.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Mente codificada. Por Miguel Iturria Savón.

Un abogado de Mayarí que ejerce en un bufete municipal de La Habana, me contó que antes de establecerse en la capital asumió la defensa de un joven del pueblito de Levisa que un día festivo vociferó algunas palabrotas en plena calle contra Fidel, por lo cual fue detenido por un policía que lo acusó de denigrar al Comandante en Jefe.
Meses después, en el juicio, el abogado asumió como tesis de defensa que el joven no se refería a Fidel Castro Ruz, sino al mecánico de igual nombre, un tipo de su barrio con fama de borracho y mentiroso. El juez pospuso la sentencia para verificar la versión del letrado pues en la acusación no aparecía el apellido del ofendido.
En la otra sesión del tribunal el juez, que “en los pueblos de oriente se comporta como un alcalde de barrio”, escuchó a los testigos, al detenido y al letrado de la defensa antes de dictar sentencia. El magistrado dijo:
-“Hemos comprobado que existe en el pueblo un vecino del acusado que se llama Fidel, el cual es mecánico de televisión y actúa con deshonestidad; pero estamos seguros que usted es responsable porque en Cuba hay un solo hijo de puta con ese nombre. Eso se penaliza con privación de libertad de uno a tres años por la figura agravada de desacato, prevista en el artículo 144 (incisos 1 y 2) del Código penal”-
La anécdota del abogado y el juez vienen a cuento porque días atrás asistí a un juicio similar en un tribunal de Ciudad Habana, que juzgó a dos jóvenes que llevaban seis meses de prisión preventiva por el delito de desacato a las figuras del Comandante Fidel y su hermano Raúl Castro, actual Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de Cuba.
Supe en el juicio que los acusados bailaron en las aceras de su barrio, mientras cantaban “Abajo Fidel, abajo Raúl, nos vamos pá la Yuma”. La fiscal presentó como testigo a la presidenta del CDR de la cuadra, quien bailó y canturreó la misma estrofa para ilustrar la denuncia. Según la abogada, los jóvenes solo demostraron su alegría por la partida y su descontento con el gobierno de los Castro. “La euforia de estos muchachos no constituye amenaza, calumnia, difamación, injuria ni ofensa a los mandatarios. Las palabras abajo… es, en todo caso, expresión de desacuerdo; no implican incitación a nada”.
Pero la fiscal se mantuvo en sus trece, no pensó en los argumentos de la defensa, en los meses cumplidos en prisión por los jóvenes acusados, ni en la alegría desatada por la partida. Para ella, lo expresado fue una herejía prevista y sancionada en el artículo 144, incisos 1 y 2, de la Ley 62 del Código penal.
El juicio reciente y la anécdota del viejo abogado oriental integran nuestro folklor jurídico, pero demuestran la mentalidad codificada de muchos jueces y fiscales de Cuba, donde hay nombres y cargos que limitan hasta el pensamiento.

Canarios en Cuba. Por Miguel Iturria Savón.

Por prejuicios más que por motivos étnicos, culturales y económicos, casi nadie habla de su origen africano en Cuba, aunque la emigración forzosa desde ese continente trajo a nuestras costas a millares de esclavos que trabajaron durísimo y se mesclaron con los aborígenes, los europeos y los asiáticos contratados en Manila y Cantón a partir de 1840.
De África llegaron también los canarios, pero los pobladores de las antiguas islas de los guanches son blancos y pertenecían al Reino de Castilla, cuyas tropas colonizó al archipiélago del Atlántico en los años previos al descubrimiento de América.
Ahora que los hijos y los nietos de “los isleños” nacidos en Cuba pueden convertirse en ciudadanos españoles sin hacer los trámites en La Palma, Tenerife, Lanzarote, La Gomera, Fuerteventura, Hierro o Gran Canaria, encontramos a miles de paisanos que remueven su origen trasatlántico y piden por Internet el Certificado de nacimiento o la Fe de bautismo a los archivos de esa Autonomía de España.
Los canarios fueron tan numerosos en Cuba como los gallegos. Vinieron a trabajar en los cultivos del tabaco y marcaron la vida rural y urbana del país. A ellos se debe la proliferación del bohío y el vestuario que tipifica al campesino criollo. Nuestro primer poema (Espejo de paciencia) fue escrito por Silvestre de Balboa y Troya, quien viajó de Las Palmas a Camagüey antes de pasar a Bayamo, donde participó en el comercio de contrabando y en la captura del pirata francés que secuestró al Obispo Cabeza Altamirano en 1608.
Otros poetas, pintores, músicos, abogados, médicos y periodistas del mismo origen influyeron en la cultura cubana. El escritor jocoso Miguel J. Orihuela procedía de Gran Canaria. De allí vino también el famoso repentista Manuel “Cuquillo”, establecido en Cabaiguán. El pintor Valentín Sanz Carta, natural de Santa Cruz de Tenerife, dirigió la Cátedra de Paisaje de la Academia de San Alejandro de 1886 a 1898. El abogado y periodista José Morales Lemus llegó a La Habana desde Lanzarote. El célebre pianista y compositor Ernesto Lecuona era hijo del periodista canario que tuteló en Matanzas La Aurora del Yurumí en 1878.
Entre los canarios ilustres figuraron Francisco Cabrera Saavedra, precursor de la cirugía abdominal en Cuba; Leonor Pérez Cabrera, madre del líder independentista José Martí; Domingo Fernández Cubas, catedrático de medicina de la Universidad de La Habana y defensor de los estudiantes fusilados en 1871; los generales del Ejército Libertador Manuel Suárez Delgado, Matías Vega Alemán, Julián Santana y Jacinto Hernández Vargas. En el bando contrario estuvo Valeriano Weyler, Capitán general de la isla entre 1895 y 1897.
Hubo “isleños de España” que se destacaron en los periódicos y revistas y en las asociaciones de beneficencia, instrucción y recreo desde Pinar del Río hasta Baracoa. De 1864 a 1932 editaron en La Habana 17 publicaciones, entre estas El Mencey (1864), El Correo de Canarias (1882), La Colonia Canaria (1891), Heraldo de Canarias (1897), la Revista Islas Canarias (1911), El Guanche (1924), Patria Isleña (1926) y Tierra Canaria (1932).
En el mapa etnográfico confeccionado por la Fundación “Fernando Ortiz”, en el 2004, aparecen las asociaciones, los asentamientos, los flujos migratorios y las estadísticas de los canarios en Cuba, donde permanecían 1,142 naturales ese año, principalmente en Ciudad de La Habana, Sancti Spíritus, Villa Clara, Ciego de Ávila, Matanzas, Camagüey y Santiago de Cuba. Desde junio de 1992 se agrupan en la Asociación “Leonor Pérez Cabrera”, que registra entre sus afiliados a 36,276 hijos y 74,758 nietos de isleños.
Si la mayoría de tales descendientes se acogieran a la ciudadanía española estaríamos ante un éxodo a la inversa. De ese grupo étnico quedaría el Panteón canario del Cementerio Colón y el recuerdo de sus contribuciones a la cultura material y espiritual de la nación cubana.